Contar con un buen diagnóstico es un requisito indispensable para diseñar cualquier política pública. Todo buen diagnóstico, además, distingue con precisión las causas de los efectos. Estas premisas tan elementales no se cumplen cuando hablamos de las políticas en materia de seguridad en México. El espléndido ensayo de Fernando Escalante “La muerte tiene permiso” (nexos, enero 2011) lo plantea con claridad: no hay un diagnóstico sobre las causas que han detonado la ola de violencia que vive el país y, frente a los datos duros, la explicación oficial —“se están matando entre sí”— resulta simplista, insuficiente e incompleta.
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