Tzvetan Todorov,
¡El arte o la vida! El caso Rembrandt,
Vaso Roto Ediciones,
Barcelona-México, 2010, 103 pp.

El ensayo sobre artes plásticas exige una prosa racional pero no rígida, poderosa pero flexible, imaginativa y de aliento lírico. El crítico literario vuelve aquí a sus ensayos anteriores sobre pintura holandesa y flamenca, y lo hace mediante uno de sus exponentes mayores. La necesidad de total entrega vital es para Todorov (1939) requisito para alcanzar el arte (a pesar del aislamiento y la soledad). Como ejemplo traza la vida de Rembrandt y su abandono del retrato excepcional a cambio del retrato de lo cotidiano, es decir, la mayor humanización de la representación artística. Entre el arte o la vida, el holandés escogió retratar con arte la vida. (Alejandro de la Garza)

Jillian Becker,
Los últimos días de Sylvia Plath
,
Circe Ediciones,
Barcelona, 2007, 78 pp.

En la casa londinense de esta escritora sudafricana pasó sus últimos días la poeta norteamericana Sylvia Plath. En febrero de 1963 llegó con sus dos hijos —Nick, de dos años, y Frieda de tres—, en medio de una crisis y del abandono de su marido, el poeta Ted Hughes. Estuvo allí una semana y regresó a su casa para suicidarse al día siguiente, el 11 de ese mes. Sus conversaciones, la incomprensión de Hughes, la angustia existencial, su funeral y la mitificación de su figura son recuperadas por Becker, quien reclama al feminismo la apropiación de Sylvia, cuando ello sólo necesitaba alguien “que me quiera como yo lo quiero”. (A. de la G.)

Henning Mankell,
El hombre inquieto
(trad. de Carmen Montes),
Tusquets,
México, 2009, 453 pp.

Sobre el fondo de un drama familiar, Kurt Wallander enfrenta la hazaña de un espía inalcanzable en la Suecia neutral vecina del imperio soviético en plena Guerra Fría —días fuertes de la socialdemocracia, inevitable Olof Palme con todo y asesinato irresoluble—, más la hegemonía yanqui en clave negativa. A la insatisfactoria resolución del affaire lo entorpece aún más la letanía de los achaques de una vejez que suena prematura en un país del primer mundo, que deja de ser así el país de Bergman para convertirse en campo de los sueños del investigador gerontológico. ¿Será Henning Mankell para la novela policial lo que Epigmenio Aparicio para nuestra irresistible telenovela? (Alberto Román)

Asa Larsson,
Aurora boreal
,
Seix Barral,
España, 2009, 300 pp.

Con el mismo apellido del infausto responsable de la trilogía Millenium, esta otra autora de thrillers exitosos cuenta la historia de un pueblito aún más cerca de los hielos polares, con sol de medianoche y medio año de sombras, un predicador descuartizado, la hermana como sospechosa y su amiga profesionista que vuelve al infierno chico para salvarla —la policía embarazada parece cortesía de los hermanos Cohen (Fargo, 1996)—. Se deja leer, y a los admiradores de Mankell no les ha parecido demasiado reiterativa. Al parecer, los editores de la nueva novela policial siguen al pie de la letra aquello del “rastro de tu sangre en la nieve”. (A. R.)

Julio Ramón Ribeyro,
La tentación del fracaso. Diario personal (1950-1978),
prólogos de Ramón Chao y Santiago Gamboa,
Seix Barral,
Barcelona, 2003, 680 pp.

Las virtudes de un diarista saltan a la vista cuando, además de confesar la trivilidad de la vida diaria —visitar una librería, la lectura de un periódico, acariciar un gato ajeno—, se utiliza este acto circunstancial para consignar una intuición nacida en el estallido mismo de aquel instante perdido. Místico de una mirada atenta y grafómano secreto, elusivo y no pocas veces erudito, en las obras de Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) destaca la visión intimista que de una manera hedónica se complace con la propia compañía. Si bien carecen de notas al pie que relacionen vida y obra, estos diarios —amenos a ratos e igualmente desaliñados y hasta confusos—, amplían el entendimiento de una pluma esencial de las letras peruanas. (Luis Bugarini)

Richard Ford (selección y prólogo),
Antología del cuento norteamericano
,
Presentación de Carlos Fuentes, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores,
Barcelona, 2002, 1265 pp.

Con 65 relatos, escritos entre 1820 y 1999, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1994) hace un balance de la narrativa corta de su país. El resultado es una tarjeta de presentación que se aleja de ciertos nombres que parecían inapelables en cualquier antología del género, y apuesta por autores que a decir del editor no se habían vertido a la lengua española. Por supuesto figuran Poe, London y Faulkner, pero también novísimos como Moore, Kincaid o Ann Beattie. Un mosaico para contrastar la espesura de la narrativa corta norteamericana. La reunión se lee como la confesión de una poética personal respecto de su propia obra, en particular de Rock Springs (1987), primera reunión de sus relatos cortos y volumen que le valió el reconocimiento mundial. (L. B.)