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Carlos Monsiváis,                             
Apocalipstick,
Random House Mondadori,
2009, 417 pp.

El título advierte de la catástrofe (ecológica, poblacional, política, criminal, social, epidemiológica, telúrica) inminente por nuestra falta de cálculo, pero antes Apocalipstick compila una treintena de ensayos en el estilo inconfundible de su autor: Monsiváis escribe en Monsiváis (estampas y viñetas ilustrativas, testimonios de cuerpo presente, vívidos retratos, paráfrasis, crónicas interpretativas, parábolas (des)moralizadoras, fábulas (anti)ejemplarizantes, percepciones originales, visiones enriquecedoras, revisiones nostálgicas, descripciones del “relajo” y el “desmadre”). Esta narrativa indaga en el reordenamiento de las mentalidades y los cuerpos de los habitantes de la ciudad de México alentado por las industrias culturales durante el siglo viejo y el cambio de milenio (música, radio, cine, centros nocturnos, sexualidad, televisión, tecnología, comunicaciones, internet).

Monsiváis ubica la ciudad en el centro del relato ensayístico y la asedia por los cuatro costados, sus 16 delegaciones y su inevitable y simbólico Zócalo: su proceso arquitectónico y habitacional, el crecimiento demográfico y sus asentamientos precaristas, sus masas populares y sus ricos y famosos, su vida nocturna y la noche popular, sus deficientes servicios y sus millones de manifestantes, sus bailes y músicas variadísimas, su transporte masivo, sus espectáculos, sus disidentes políticos o de conducta, sus minorías orgullosas y sus emigrados del campo, sus atracos, su violencia y su infinidad de lugares comunes.

El recorrido aborda temas usuales de su autor desde perspectivas nuevas: el melodrama del bolero, la canción ranchera, la liberación del mambo; las historietas de Gabriel Vargas, la vecindad como atmósfera concentracionaria y génesis de conductas populares; la pulquería, el cabaret, el dancing, la cantina, teatros y carpas, salones, burdeles y antros; la revisión por décadas de las mentalidades y los cuerpos. Sin embargo, entre los asuntos abordados y las atmósferas descritas, sobresalen por su vigencia tres ejes temáticos.

El primero referido al boom tecnológico y de los medios de comunicación: del reality show y YouTube a las cámaras vigilantes en el Metro y las calles de la urbe, y de allí al celular-fotográfico, el e-mail y las redes sociales Facebook o twitter, más la ambición de fama y la compulsiva necesidad de salir en la tele. “[…] donde dejamos al Pueblo se encuentra hoy el panel de expertos […] nos hemos convertido en un país de comunicólogos, de expertos distribuidos en mesas redondas en pos de las cámaras de televisión […] en el futuro todo mundo tendrá derecho a sus 15 minutos de anonimato”.

El segundo eje es la cartografía de las disidencias en la ciudad de México, de la oposición política colectiva a la de la conducta individual. La lista se extiende de las 100 marchas realizadas en un solo día de 1993 a las 5.4 movilizaciones diarias ocurridas en la capital de 2001 a 2006. Y ante lo ocurrido con los altermundistas en Guadalajara o los ejidatarios de Atenco (golpiza salvaje, violación de derechos, prisión, abuso sobre las detenidas), se imponen las marchas gay y su carnaval contra la homofobia; los manifestantes ambientalistas contra los centros turísticos depredadores de manglares y playas y bosques; los evangélicos o protestantes contra el “catolicismo único”; las feministas marchando por sus derechos y contra la inacción gubernamental ante los feminicidios de Juárez; las multitudinarias marchas contra la violencia y por la paz, y las numerosas de las izquierdas: del EZLN a las manifestaciones contra el desafuero de López Obrador o las concentraciones de millones de sus seguidores en el Zócalo.

El tercer eje representa una modificación significativa en las mentalidades y los cuerpos contemporáneos: de las “Variedades del México Freudiano” y su divulgación paulatina del conocimiento del inconsciente, el subconsciente y de términos como neurosis, patología y ansiedad, hasta la liberación sexual, la aceptación de la existencia de géneros y de las preferencias diversas (lésbico-gay-trans-travesti-bi-swinger-poli-inter et al.) y la aclimatación de términos como homofobia, misoginia, preferencia sexual, disforia de género, interrupción voluntaria del embarazo, matrimonio y adopción de infantes por parejas homosexuales y lesbianas. El “conservadurismo Ripalda”, a pesar de su pataleo y del Arzobispado y sus “príncipes”, va perdiendo la batalla por los cuerpos, como lo mostró el performance de Spencer Tunick y sus 20 mil desnudeces a las puertas de Catedral. Otros ensayos nutren el volumen de interpretaciones originales (sobre el Metro, las prácticas de autoayuda, el reality Big Brother, el desempleo, el chateo), pero acaso esta batalla por los cuerpos sea la única en la cual Monsiváis luce medianamente optimista, lo demás es asistir a la fase terminal de la humanidad y al fin de la especie equipado con este (Apoca)lipstick de labios flamígeros.

Alejandro de la Garza. Periodista cultural. Publica ensayo, crítica literaria y crónica en diversas revistas y suplementos.