A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Nos enteramos del debate continuo luego de que Frédéric Mitterrand admitió haber pagado por sexo con trabajadores sexuales varones en Tailandia. Hemos visto cómo lo han atacado tanto la izquierda como la derecha —ataques que consideramos tanto homofóbicos como antitrabajador sexual. Peor, presenciamos las ópticas racistas de las elites que construyen la imagen de los trabajadores sexuales tailandeses como si fuéramos unos “retrasados” e incapaces de escoger lo que hacemos. En Tailandia, a todos los trabajadores sexuales se les llama con el término nong, que significa “muchacho”. No somos unos muchachos mensos menores de edad forzados a la “esclavitud sexual”. Somos gente en un país pobre que escoge ganar dinero para sostenernos a nosotros mismos, a nuestras familias y a nuestro país.

El dinero que enviamos a casa, a las áreas rurales de Tailandia, es mucho más que el que provee cualquier programa de desarrollo internacional y sostiene a mucha más gente. El turismo es la segunda más grande industria de nuestro país, y la gente tiene sexo en vacaciones. ¿Se supone que deben ser célibes? Si a los políticos franceses les preocupa el modo en que somos explotados, harían mejor en apoyar leyes laborales para trabajadores sexuales y pugnar para que la OIT reconozca al trabajo sexual como trabajo. Hasta que la izquierda y la derecha concuerden en un aumento sustancial de ayuda de desarrollo para redistribuir la riqueza que Francia y otros antaño países coloniales robaron a los países en desarrollo, apreciaríamos que nos siguieran enviando a sus turistas de modo que podamos mostrarles cómo pasarla bien y obtener algo del dinero que ustedes tan duramente ganan.

Fuente: Carta de la Cadena de Trabajadores Sexuales del Pacífico Asiático,
con sede en Bangkok, octubre 27, 2009. Harper’s, febrero 2010.