Nos enteramos del debate continuo luego de que Frédéric Mitterrand admitió haber pagado por sexo con trabajadores sexuales varones en Tailandia. Hemos visto cómo lo han atacado tanto la izquierda como la derecha —ataques que consideramos tanto homofóbicos como antitrabajador sexual. Peor, presenciamos las ópticas racistas de las elites que construyen la imagen de los trabajadores sexuales tailandeses como si fuéramos unos “retrasados” e incapaces de escoger lo que hacemos. En Tailandia, a todos los trabajadores sexuales se les llama con el término nong, que significa “muchacho”. No somos unos muchachos mensos menores de edad forzados a la “esclavitud sexual”. Somos gente en un país pobre que escoge ganar dinero para sostenernos a nosotros mismos, a nuestras familias y a nuestro país.
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