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El 22 de agosto de 1418, el verdugo Capeluche tuvo mucho quehacer. Y durante la ejecución de un grupo de personas cometió un error increíble. Esto es, decapitó a una espectadora que se hallaba demasiado cerca del cadalso y que, seguramente embelesada por la habilidad del verdugo, no se dio cuenta ella misma de lo que estaba sucediendo.

verdugo

La justicia es finalmente justa aunque ciega: Capeluche y sus dos ayudantes fueron condenados a muerte inmediatamente después de un juicio sumarísimo. Lo notable del caso es que el verdugo se condujo a la hora de la hora como un verdadero maestro. Y ante una numerosa concurrencia dio al que iba a sucederlo en sus funciones una verdadera cátedra de decapitación. Una vez libre de ataduras, asentó cuidadosamente el filo del hacha. Dirigió la ejecución de los que fueron sus auxiliares y luego puso a su vez el cuello sobre el tajo, no sin tocarse antes con su roja caperuza. El pueblo, divertido, no escatimó sus aplausos.

Fuente: Juan José Arreola, Inventario,
Diana/Conaculta, 2002.