Los mexicanos se enorgullecen de su cultura y tradiciones, pero en realidad admiran el progreso material de otros países. En efecto, a los mexicanos les gustaría que México se pareciera a un país en el cual la economía fuera fuerte y capaz de proveer empleos. Las leyes, el gobierno y otros aspectos inmateriales les son claramente secundarios. De ahí que los dos gigantes de la economía mundial (Estados Unidos y China) sean vistos con admiración. Así, para los mexicanos, lo mejor de Estados Unidos es su economía, empleos abundantes y el dólar. Y aunque saben mucho menos sobre el gigante de Asia, creen que lo mejor de los chinos es que tienen tecnología (12%), su educación (4.1%) y su economía (3.9%). Pero si los mexicanos admiran en otros estas características identificadas con el éxito material, creen que lo mejor que ellos mismos tienen pertenece a otra categoría, una más sentida, menos asible, pero crucial. Lo mejor de la suave patria es la “gente” (16%), que tienen una “gran cultura” (6.6%) y que son “libres” (5.9%). Este último factor, la libertad, se disputa el lugar con “sus paisajes”. Los mexicanos son, podríamos decir, “materialistas vergonzantes”.

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En realidad este hallazgo es consistente con otros sondeos de opinión. Por ejemplo, de acuerdo a la encuesta “México, las Américas y el Mundo” 2008 del CIDE, los mexicanos tienen sentimientos más favorables hacia países desarrollados que hacia países en desarrollo, incluso hacia los de América Latina. Sin embargo, la potencia económica más cercana y conocida también es una fuente histórica de desconfianza. Si bien el 31% de los encuestados dijo que el país al que más desean se parezca México es Estados Unidos, un significativo 14% lo mencionó como al que menos le gustaría que se pareciera. La experiencia de los mexicanos que van a trabajar a ese país explica en buena medida este sentimiento. Las dos razones principales de los encuestados son “que maltratan a los inmigrantes” y que “son racistas”. Hipócritamente, los mexicanos tampoco parecen sentir ningún entusiasmo por la idea de que “sus trabajos” sean aprovechados por extranjeros. En efecto, la encuesta del CIDE encontró que había “coincidencia entre las opiniones del público y la de los líderes en el rechazo mayoritario (entre 66% y 76%) al libre ingreso de extranjeros de cualquier nacionalidad para trabajar en el país. A pesar de esto, alrededor de un tercio de los líderes está de acuerdo con que México se abra a la libre entrada de ciudadanos de cualquier país del hemisferio; en tanto que a nivel del público, el segmento de personas abiertas a la inmigración económica oscila entre el 19% de Norteamérica, el 21% de Sudamérica y el 25% de Centroamérica. Existe una fuerte oposición a incorporar a los extranjeros a la comunidad nacional como ciudadanos con plenos derechos. El 79% del público se opone a la posibilidad de que un extranjero nacionalizado pueda ser electo como miembro del Congreso y el 80% rechaza que se abra esta posibilidad a las personas con doble nacionalidad. Cuando se trata del cargo de presidente, el nivel de rechazo se eleva al 84%”.

¿Les disgusta a los mexicanos el consumismo norteamericano? En lo absoluto. A pesar de mirar arrobados las entrañas de la suave patria, lo que les preocupa de Estados Unidos es la inseguridad, la guerra, la violencia, el narcotráfico y el terrorismo. De hecho, domina la desconfianza hacia ese país. En efecto, según la encuesta del CIDE, el grado de desconfianza ha aumentado de forma notoria en los últimos años: en 2004 desconfiaba el 43% de los mexicanos, en 2006 el 53% y en 2008 el 61%. Este sentimiento también embarga a las elites, tradicionalmente mejor dispuestas hacia Estados Unidos. En 2006 el 41% de la elite desconfiaba, mientras que en 2008 creció hasta llegar al 64%. En 2006 el 54% de los mexicanos declaró que estaba muy o algo de acuerdo en que México y Estados Unidos formaran un solo país, si esto significara una mejoría en su calidad de vida; para el 2008 el acuerdo se redujo al 45%. Sin embargo, la mayoría de la gente parecería ser víctima de un fatalismo integracionista: un 71% de los mexicanos, y un 85% de los líderes, considera que aumentará la integración económica entre México, Estados Unidos y Canadá.

A lo largo de la historia México ha tenido varios modelos de inspiración: Estados Unidos y Francia. Sin embargo, China es una novedad. La vaga imagen que se ha tenido de ese país evocaba sobrepoblación y pobreza. El surgimiento de China como potencia ha despertado la admiración —y la envidia— así como una buena dosis de temor e incertidumbre. De ahí que en esta encuesta de nexos casi al 6% de los entrevistados le gustaría que México se pareciera a China. Según la encuesta del CIDE, los mexicanos ven con buenos ojos el crecimiento económico de China, si bien los líderes se muestran temerosos: un 46% del público considera que el surgimiento de China como potencia económica es positivo para el mundo, en tanto que el 59% de los líderes lo ve como algo negativo. En la encuesta de nexos, para los entrevistados lo peor de China era la “sobrepoblación” (9.1%), la “piratería/contrabando” (2.8%) y la “contaminación” (1.8%). De acuerdo a la encuesta del CIDE, China es percibida como un rival y una amenaza a la vez. Para las elites los principales rivales son China (25%), Venezuela (13%) y Brasil (10%); mientras que las amenazas son Venezuela (28%), China (17%) y Cuba (10%). Lo notable es que en los últimos años, por causas no bien establecidas, la percepción general de la amenaza ha descendido, no sólo en el caso de China. El año pasado se registró una tendencia descendente en la percepción de ese país como amenaza de convertirse en potencia mundial, al bajar del 48% en 2004 al 32% en 2008.

La irrupción de China como modelo también podría obedecer a una mayor apertura al exterior. La encuesta del CIDE encontró una “fuerte y clara tendencia hacia una mayor apertura cultural en todos los sectores de la población: el 50% opina que es bueno que las ideas y costumbres de otros países se difundan en México, aunque un tercio (33%) considera lo contrario. Lo notable es que hace apenas cuatro años la distribución de preferencias era exactamente la opuesta: un 51% pensaba que la influencia cultural de otros países era negativa; mientras que en 2006 fue del 34%”. Sin embargo, me parece más probable que, al igual que en el caso de los norteamericanos, lo que los mexicanos encuentren admirable en China no sea su cultura sino más bien el yuan.

José Antonio Aguilar Rivera. Profesor investigador del CIDE. Entre sus libros: El sonido y la furia. La persuasión multicultural en México y Estados Unidos.