En un estudio sobre la socialización de los estudiantes de medicina de la Universidad de Columbia, el sociólogo estadunidense Robert K. Merton encontró que los individuos tienden a compararse con un grupo de referencia al que no pertenecen. Aspiran a ser como ellos y los emulan. En la práctica, se convierten en su modelo.

ricos

Los humanos nos pasamos la vida tratando de encontrar esos modelos de conducta. En las librerías hay estantes llenos de textos que prometen develar el “secreto del éxito” de una persona o empresa. En la academia nos encontramos múltiples trabajos para convencernos sobre las virtudes del modelo de un país. “En este ensayo argumento que el éxito de Botswana puede ser explicado por el desarrollo histórico de sus instituciones que está relacionado con la trayectoria de los estados de Tswana en los últimos 200 años”, escribe James A. Robinson en una investigación titulada Botswana como un modelo de país exitoso. El autor, como suele suceder, termina invitando a otros países africanos a seguir el modelo botswanes.

En América Latina hemos escuchado hasta el cansancio del exitosísimo modelo español. La primera vez que visité ese país en 1983 me pareció un país menos desarrollado que México. Desde entonces, cada vez que he regresado, me da más envidia. España ya es una potencia europea. ¿Cómo le hicieron para desarrollarse tan rápidamente? En un foro reciente en la ciudad de México volvió a surgir este tema que francamente nos obsesiona a los latinoamericanos. Carlos Solchiaga contestó que no había soluciones mágicas: “ahí afuera, en el mundo, están los modelos de lo que un país quiere ser”. El ex ministro de Economía y Hacienda durante el gobierno de Felipe González reveló que cuando los socialistas españoles llegaron al poder tenían muy claro que debían entregar buenos resultados a la ciudadanía o, de lo contrario, los echarían del poder. Reflexionaron. No querían implantar un socialismo al estilo cubano o de las naciones de Europa del Este. Solchiaga afirmó: “nosotros queríamos parecernos a Francia y Alemania; así de sencillo”. Querían parecerse a un país con una economía de mercado y una agenda de justicia social en temas como desempleo, salud, educación y derechos de las minorías.

En América Latina hay otros países que despiertan interés por su éxito: Chile y más recientemente Brasil. En fechas recientes también se escucha de China como un posible modelo a seguir. No falta quien, desde la izquierda, proponga el modelo chavista de Venezuela o el trasnochado que siga defendiendo a la Cuba castrista.
Nadie, que yo sepa, habla de México como un modelo a seguir en la actualidad. Sin embargo, en este país lo que más polémica ha causado a lo largo de la historia es el modelo de su vecino del norte. Hablar de Estados Unidos como un ejemplo a emular despierta muchas pasiones.

¿A qué país nos gustaría parecernos y por qué? Esto fue lo que preguntó nexos en una encuesta levantada por Consulta Mitofsky. Los resultados son muy interesantes y se reportan en este número. Yo quisiera destacar cuatro puntos:

1. Sólo el 56% de los mexicanos responde de manera espontánea algún país al que le gustaría que se pareciera México. El 44% restante contesta no saber o ninguno. La encuesta no permite saber por qué se rehúsa este grupo a responder. Es posible que esta gente esté satisfecha con México tal y como está. Pero también es posible que no tenga información suficiente para dar una respuesta de a qué país le gustaría que se pareciera México por su gobierno, leyes, economía y forma de vida, tal y como se fraseó la pregunta.

2. Estados Unidos es el país favorito de todos aquellos que contestaron de manera espontánea. Al 55% de esta población les gustaría que México se pareciera a su vecino del norte. La razón fundamental es por la economía estadunidense. Es lo que más atrae de este modelo de país. Hay, en este sentido, una aspiración de ser igual de ricos que los vecinos del norte, lo cual no debe sorprendernos: se trata de un anhelo tan humano como legítimo. En este sentido, es hora de desterrar aquella vieja idea de que los mexicanos ven con buenos ojos a la pobreza. Aquella filosofía cursi de Pepe el Toro, de las películas de Ismael Rodríguez, donde los pobres eran buenos, humildes y alegres mientras que los ricos todo lo contrario.

3. Estados Unidos también es el país más rechazado por los mexicanos. Del 56% que contestó espontáneamente, el 31% respondió que no le gustaría ser como el vecino del norte. Se trata de la vieja historia de México con respecto a Estados Unidos: de amor y de odio. Pro yanquismo y antiyanquismo que conviven en una misma sociedad. ¿Y por qué se rechaza a Estados Unidos? Por su racismo y maltrato a los migrantes. Es lógico porque, si bien son exitosos desde el punto de vista económico, los estadunidenses siguen siendo racistas, a pesar de haber elegido a un presidente de raza negra, y maltratando a los migrantes, sobre todo a los mexicanos, incluso despotricando en contra de ellos de manera cotidiana en las pantallas de la televisión.

4. Resulta curioso que, de los responden de manera espontánea, el segundo país que los mexicanos contestan que les gustaría parecerse es China, un país que ha tenido un enorme éxito económico al implantar una de las economías de mercado más abiertas del mundo, pero donde, en el ámbito político, prevalece un régimen comunista que viola los derechos humanos. Hace poco, de hecho, el líder del sindicato de telefonistas, ahora diputado federal, le preguntó al secretario del Trabajo por qué México no imitaba el modelo chino. Ingeniosamente el ministro le contestó que esto era imposible porque, entre otras cosas, en China no había sindicatos. Sin duda resulta atractivo imitar un éxito económico pero no a costa de vivir bajo el yugo de un régimen comunista. Por cierto, es interesante la respuesta de por qué gusta tanto China a un grupo de mexicanos: “porque tienen tecnología”. ¿Tecnología los chinos? Por el contrario, es el país más copión del mundo, donde se produce la mayor cantidad de productos piratas.

La encuesta de nexos ofrece muchos más resultados interesantes. Al leerla me quedo, sin embargo, con una impresión positiva. Que, a final del día, lo que los mexicanos quieren es parecerse a un país exitoso en lo económico. Quieren, igual que los estadunidenses, chinos, canadienses, españoles, botswaneses y hasta los cubanos, ser ricos. Y ese es el principal mensaje para la clase política mexicana: que nadie está peleado con el progreso económico.

Leo Zuckermann. Politólogo. Profesor afiliado del CIDE. Columnista del periódico Excélsior.