Muchas han sido las voces que exigen una “reingeniería” del país. Poco a poco se generaliza la convicción de que México debe cambiar. ¿A qué país deberíamos parecernos?

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El estudio que presentamos este mes en nexos parte de lo que en planeación se llama benchmark: una búsqueda de los factores que hacen que un competidor tenga ventajas a fin de adoptar prácticas similares o mejores. Más allá de las respuestas que el lector encontrará a continuación, esta encuesta dimensiona los deseos de cambio, el sentimiento de ambivalencia hacia nuestro vecino del norte y el orgullo por nuestras raíces.

Las respuestas a la pregunta “¿por qué le gustaría que México se parezca a…?”, ofrecen en realidad una definición sobre lo que a los mexicanos les gustaría que cambiara de modo profundo en este país: economía, empleo, buen gobierno, tecnología, seguridad y leyes.

No es casual que sea Estados Unidos el país al que más deseamos que se parezca México. Tampoco lo es que sea el país al que más deseamos no parecernos. Ya en otras ocasiones se ha mostrado que existe un segmento que se siente atraído por el american way of life, y que al mismo tiempo existe otro que irracionalmente reclama a éste todos nuestros males. La conexión geográfica e histórica entre México y Estados Unidos explica esa ambivalencia.

Lo que no es tan claro es que sea China el país que aparece en el segundo lugar en ambas listas, pues son pocas las ligas que unen a los mexicanos con el gigante asiático. Esto no se puede explicar más que por una especie de moda, derivada de la abundancia de noticias sobre el desarrollo económico de aquel país.

Si bien son claros los factores por los que desearíamos parecernos a otro país, también es cierto que no todo lo que ocurre en otros países nos agrada, particularmente en temas como el maltrato a los migrantes, el racismo, el clima, la comida… y las costumbres: ésas no queremos que nos las impongan, estamos satisfechos con las nuestras, lo que se ratifica al preguntar “¿qué es lo mejor del país?”: su gente, su cultura, su libertad, sus paisajes, su comida y sus tradiciones. A pesar del desencanto provocado porque las cosas no mejoran, la gente siente un profundo orgullo por sus tradiciones y riquezas naturales. Por lo que no siente ningún orgullo, en cambio, es por las leyes, el estilo de vida o los actos del gobierno.

Según esta encuesta, el estado de ánimo de la población no deja espacio para la permanencia o la inacción. En este estudio aparecen varias claves que deben leer los políticos. Aquí están los factores que deberían ser la meta de cambios legislativos y operativos del Estado mexicano.

Al responder, los mexicanos proyectaron sus sueños. Los cambios que demandan caen en el terreno de lo posible y, en ese sentido, sus deseos deben ser atendidos por las instituciones. El presidente de la República, los legisladores de ambas Cámaras, los gobernadores y el Poder Judicial tienen en sus manos la capacidad para hacer que los mexicanos se sientan más orgullosos de serlo, para que dejemos de sentir deseos de ser un país distinto.

Roy Campos Esquerra. Analista. Presidente de Consulta Mitofsky.

 

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