Querer a Hugo Hiriart es tan fácil como perderse en sus libros. Tengo por su literatura y su persona reverencia y fervor. Él no lo sabe, porque cuando se lo digo anda oyendo otras cosas, quizás la voz de un fantasma o la de un animal fantástico. Tal vez esté pensando en el nombre secreto de las cosas o en los íntimos espíritus del olfato. No le importa escuchar que él es importante. De ahí, entre otras maravillas, su importancia. Va por el mundo con la paz de quien nombra lo inesperado, de quien muchas veces, al tiempo en que lo nombra, lo inventa. Hugo es un hombre sabio, de los que además son eruditos. Semejante mezcla lo vuelve un escritor extraordinario. Eso tampoco le gusta oírlo, ni lo cree, ni le preocupa.
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