En julio de 1959 el vicepresidente estadunidense Richard Nixon viajó a Moscú para inaugurar una exposición que era un escaparate de los logros tecnológicos y materiales de su país. El protagonista de la exposición era una réplica tamaño natural de la casa del trabajador medio norteamericano: estaba enmoquetada, tenía una televisión en la sala, cuarto de baño propio en dos de los dormitorios, calefacción central y cocina con lavadora, secadora y refrigerador.
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