Hace años Jorge Ibargüengoitia le negó el derecho al voto a un tipo que se pasó media hora pegado al claxon en espera de que la sirvienta le abriera el garage. Hoy el voto está de moda pero se han multiplicado no sólo los criminales del claxon -que cuentan con armamento aún más estrepitoso- sino todo tipo de violentadores de nuestra dorada e invaluable mediocridad.
Ahora que nos rodean los Megademócratas, los Superdemófilos, los Demotécnicos y los demópatas, a los pobres demócratas de domingo no nos queda más que ver a nuestro alrededor para constatar que, pese a tantos titanes de la Urnagalaxia y campeones de la dignidad ciudadana que velan por nosotros en alguna parte, aquí en la tierra nuestra vida votante es muy injusta, puesto que tienen derecho al voto una gran cantidad de individuos cuya única vocación es echarnos a perder gran parte del partido de la vida diaria.
Por eso la Comisión de la Vida Cotidiana (CVC) se ha organizado para crear una instancia que a su vez ha creado el primer borrador de un documento, que la CVC invita a enriquecer con casos y recomendaciones, titulado «Quiénes no deben votar en el proceso transitivo y resolutivo y todo lo que pueda concluir o acabar en ivo de las próximas elecciones mexicanas».
I. Un sujeto de unos treintaicinco años avanza por la calle de Parras, en la colonia Condesa, hacia el Parque México. Viene perfectamente ebrio junto con otro tipo, menos ebrio que él. En lugar de que «la locura» de su briaga le indique, por ejemplo, que sería buena ocurrencia morder al perro Gran Danés que está a un paso, este sujeto va contra un viejo de noventa años que está sentado en una banca del parque tomando el escueto sol de la tarde de diciembre. Durante un buen rato el tipo increpa al viejo, mientras intermita vomitencias, y le grita que responda a sus gritos. El viejo, vecino de la Condesa quien apenas puede caminar, balbucea aterrado algunas cosas hasta que llega el lavacoches de la zona, lo levanta como puede de la banca y se lo lleva a otra parte. El tipo los sigue y grita: «Respóndeme, pendejo», hasta que el lavacoches atina a meter al viejo en una casa de Parras. El menos ebrio de los sujetos no hace nada por evitar que el otro siga metiéndose con el viejo. Las mujeres testigos de esto no pueden detener al sujeto y no encuentran un policía al cual recurrir.
El sujeto que atormentó al viejo y el acompañante que nada hizo: NO TIENEN DERECHO AL VOTO.
II. En el supermercado una señora deja su carro de compras cuatro metros lejos de la cola en que, diría después, estaba formada. Es una «caja rápida». Cuando uno está a punto de llegar con sus dos productos -no más de seis y pago en efectivo, puesto que es caja rápida- ella mete el carro como un tanque entre uno y la cajera y dice que estaba ahí desde el inicio de los tiempos. Luego llegan otros dos hijos con ocho mercancías más. Y llega una tercera hija con el shampú que por fin encontró.
– Métete aquí, mi hijita. Vénte te protejo del señor.- El «señor» es uno mismo, y simplemente le dijo a la señora que uno había llegado antes y que era un poco abusivo de su parte atropellarlo a uno con ese carro después, incluso, de que uno la había dejado pasar primero con todo y añadidos. Y, además, tener que jalar el carro.
Como no hay modo de citar en público a un personaje de John Cheever, quien en la última novela que escribió le llama «fascista de avanzada» a una señora en circunstancias similares, no queda más que decir sobre esta señora del Superama a las diez de la mañana de un sábado: TIENE DERECHO AL VOTO, SIEMPRE Y CUANDO SE LE METAN EN LA COLA DE VOTANTES A LAS 12:15 Y ELLA VOTE HASTA EL CINCO PARA LAS SEIS DE LA TARDE.
III. Estamos en el cine Las Américas esperando a que empiece la función de Los tres mosqueteros. Un sobrino de seis años me pregunta si Dartagnan es o no mosquetero.
– No sé- le digo-. Vamos a esperarnos a ver la película, ahí nos van a decir.
– ¿Dartagnan es también mosquetero?.- le pregunta la niña de diez años a su papá en la fila de enfrente, después de oír la pregunta de mi sobrino. El papá de la niña opta por lo temido en estos casos. Empieza a competir conmigo:
– No, qué va a ser mosquetero- le dice a la niña-. Sólo acompaña a los otros tres.
– Cuando veníamos al cine tú nos dijiste- me dice mi sobrino, refiriéndose también a mi hijo- que Dartagnan también era mosquetero.
– Bueno, pero vamos a esperarnos a la película. Ahí va a salir todo.
– ¿Entonces Dartagnan no es mosquetero.?- me pregunta mi hijo decepcionado por el torpe «avance» que les había dado a él y a mi sobrino rumbo al cine para convencerlos de que íbamos a ver un peliculón. Así puesta en entredicho mi confiabilidad fílmica y mi «imagen de adulto», no me queda más que decir:
– No, no es mosquetero al principio -digo-. Al final se hace mosquetero.
Pasa la película y al final Dartagnan se hace mosquetero. El papá le dice a la niña mientras prenden las luces:
– ¿Viste cómo no era mosquetero?
Mi sobrino se pone a dudar sobre lo que vio en la pantalla:
– ¿Sí es mosquetero?
Yo me hago güey y les digo a mi sobrino y a mi hijo que se pongan los suéteres para irnos rápido.
El papá de la niña: TIENE, NI MODO, DERECHO AL VOTO, PERO ESA MISMA TARDE DESPUÉS DE VOTAR, IRA CON SU HIJA A VER ROBIN HOOD Y HARÁ UN PAPELAZO PÚBLICO AL DECIRLE A LA NIÑA QUE AL FINAL ROBIN HOOD SE HACE REY.
IV. Fui a un gran establecimiento a comprar toda la ropa que pudiera pagando «a doce meses sin intereses». Me dieron una tarjeta con un límite de consumo. La última camisa «no pasó». El empleado del almacén habló por el comunicador, colgó soberbiamente, para que lo oyera toda la clientela cercana a la caja:
– Usted ya no es sujeto de crédito.
Los clientes me miraron como si fuera yo el hermano secreto de Pablo Escobar, y se llevaron las manos a sus tarjetas para corroborar que aún estaban dentro de la ley.
Este empleado del gran almacén: TIENE DERECHO AL VOTO SOLO SI SE SOMETE TRES SEMANAS A UN SUEÑO RECURRENTE EN EL QUE ENTRA DESNUDO A UN VAGÓN DEL METRO CON UNA MANO ATRAS Y OTRA ADELANTE, GIMIENDO DE VERGÜENZA Y ANGUSTIA, HASTA QUE ME COMPADEZCO DE ÉL Y NO SIN CIERTA DISPLICENCIA LE EXTIENDO DOS PÁGINAS DE PERIÓDICO.
V. Luego de una carrera infantil organizada por una heladería en el Parque México, una madre y un padre le dan de zapes y pescozones a su hijo mientras le dicen a dúo:
– No te sacaste nada. Eres un pinche pendejo, ni para correr sirves.
Este padre y esta madre: NO TIENEN DERECHO AL VOTO.
VI. La mujer que trae a cagar a su perrita a la franja de pasto que está frente a nuestra casa para no manchar su franja de pasto. La última vez que le pedí que se llevara a su perra a otra parte, fingió atender mi petición e hizo como que se llevaba a la perra. Fingí a mi vez que me iba y lo que hice fue darle una vuelta a la manzana para sorprenderlas otra vez, a ella y a la perra, en el mismo sitio. Luego de la sorpresa me puso una cara de fastidio: fastidio de quien debe aguantar a un tipo tan latoso e incomprensible como para que no le guste que Tábata se cague en la franja de pasto que está frente a su casa. Cuando por fin se fue ya Tábata había hecho su gracia.
Esta dama de la perrita: TIENE, HUACALA, DERECHO AL VOTO, PERO JUSTO ANTES DE ENTRAR A LA CASILLA QUE LE TOCA EN LA CALLE DE ATLIXCO PISARÁ UNA GRAN PLASTA -SE OIRÁ UN GLORIOSO GLITH- PUESTA AHI POR LOS CABALLOS DE LA POLICIA MONTADA QUE VIGILABA LA ZONA.
VII. El joven que nos aborda en la calle y nos pregunta si uno no es fulano de tal. Como uno si resultó ser fulano de tal, el joven dice entonces que le gusta mucho lo que uno hace, que nos presentará a su hermana, que qué gusto en saludarnos, aunque claro que lo último que uno escribió ya de plano no le gustó mucho, y tampoco aquel texto, que no recuerda bien, pero que era malísimo, y luego el de hace dos meses, también era pésimo, y el otro cuento que se le hizo demasiado jalado, y así hasta despedazar en cinco minutos de banqueta nuestra mermada reputación.
Este joven, experto en practicar lo que Gómez de la Serna llamó «la canallada admirativa»: TIENE DERECHO AL VOTO, PERO EN LA COLA DE LA CASILLA RECIBIRÁ EX-CATEDRA UNA HORA DE ROLLO ESPESO POR MEDIO DE UNO DE ESOS EXPERTOS EN ALGO QUE VEN EN LA GENTE UN ALUMNADO DISPONIBLE A LA PRIMERA PROVOCACIÓN.
VIII. -¿Ya oíste a los Slidepipes?- nos pregunta nuestro amigo, crítico de rock. Por supuesto que uno ni siquiera ha oído hablar de los Slidepipes.- Cómprate su disco Baflination pero ya. Es una maravilla. Tienen un tecladista maravilloso, Jucius Jones, que antes tocaba con los Parroteers. ¡De poca madre!
Uno se compra Baflination de los Slidepipes y efectivamente le gusta mucho. Al año siguiente los Slidepipes sacan otro disco, uno corre a comprarlo y también lo disfruta mucho. Hasta que llega a una fiesta y se encuentra a nuestro amigo el crítico de rock.
– ¿Ya oíste Crack and Tears de los Slidepipes? – le pregunta uno emocionado a su amigo el crítico de rock.
– No- dice él, despectivo-. Ya chafearon gacho. Juicy Jones ya se adocenó. Ahora el que está de pelos es Plain Seduction del solista Jamaico McCormick. Uta. Buenísimo. Se trajo un bajista holandés de 22 años que no tiene abuela. La primera rola es una maravilla etcétera.
Nuestro amigo el crítico de rock: NO TIENE DERECHO A VOTAR HASTA QUE ACEPTE, POR UNA VEZ, UNA RECOMENDACIÓN NUESTRA A UN GRUPO RECOMENDADO PREVIAMENTE POR ÉL. ADEMÁS, EN UN EJERCICIO DE HUMILDAD, NOS RECOMENDARÁ EL DISCO DE ALGUIEN QUE TODO MUNDO CONOZCA Y QUE NO INCLUYA UN GENIO BATERISTA DESCUBIERTO EXCLUSIVAMENTE POR NUESTRO CRÍTICO.
La Comisión de la Vida Cotidiana (CVC) invita a la ciudadanía a participar en este documento. La Comisión recibe también quejas de ciudadanos víctimas de esa cotidianeidad. Igualmente, da consejos, quita traumas y ofrece pequeñas revanchas como las expuestas. Desarrolla también una línea de productos tendiente a lograr que las cosas, como se diría, se nos resbalen. Entre estos productos uno muy solicitado es la pomada Demo-Derm: uno se embarra un poquito y puede transitar por la vida con un alto umbral de frustración, pequeñas mezquindades y otros ultrajes viales.
Luis Miguel Aguilar. Escritor. Su último libro es Suerte con las mujeres.