En 1609, hace cuatro siglos, Galileo Galilei empleó un invento holandés, el telescopio, ya no para ver la bandera de los barcos que se aproximaran, sino para observar los cielos. Así comenzaron sus problemas con la teología. Que los cielos eran perfectos y todas las imperfecciones se acumulaban en la Tierra no era sólo asunto de astronomía, sino de religión. Y la religión cristiana había tomado dos fuentes de filosofía pagana: Platón a través de san Agustín y Aristóteles por santo Tomás de Aquino.
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