Hace más de 40 años, en la Universidad de Yale, Stanley Milgram descubrió un aterrador abismo del alma humana: personas comunes y corrientes eran capaces de administrar choques eléctricos de muy altos voltajes a supuestos voluntarios que no realizaban correctamente una tarea. Para eso bastaba con que una persona de suficiente autoridad, por ejemplo el encargado del “experimento”, les diera la orden. Creían que los sujetos del experimento estaban en una habitación vecina, no visibles, y que ellos, a cargo de administrar los choques a respuestas erróneas, eran ayudantes del experimentador, el doctor en psicología, el sabio diseñador de la prueba que, sin duda, sabía lo que hacía…
Suscripción plus
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.