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A principios de agosto el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida) presentó su {Informe sobre la Epidemia Mundial de Sida 2008}. El estudio constituye la radiografía más completa elaborada hasta el momento, con datos de 147 países y más de 700 organizaciones no gubernamentales. En contraste, tan sólo 102 naciones
brindaron información sobre la epidemia para el informe de Onusida 2004.

Los resultados indican que muchas naciones registran avances sustanciales. Cabe
destacar que numerosos países de ingresos medios y bajos han sextuplicado el financiamiento a sus programas sobre el sida durante el periodo 2001-2007, lo que se ha traducido en notables reducciones del número de fallecimientos a causa de esta enfermedad y en una clara mejora de la prevención de nuevos contagios. Los progresos, sin embargo, no son uniformes, por lo que urge intensificar las labores en materia de acceso universal a la prevención, a los tratamientos especializados, a la atención médica en general y a los diversos apoyos vinculados con el sida. Lo anterior, de cara a la {Declaración de compromiso de 2001}, cuando se fijó la meta de reducir la epidemia en un 25% para 2010, y a los {Objetivos de Desarrollo del Milenio}, que establece invertir el curso de la enfermedad para 2015.

{{Cifras de una estabilidad precaria}}
De acuerdo con el documento, en el planeta viven alrededor de 33 millones de personas
con el virus, lo que equivale a poco menos del 3.5% de la población mundial, con una prevalencia del VIH en adultos entre 15 y 49 años de menos del 1%. De hecho, este porcentaje se ha estabilizado desde 2000, aunque el número total de enfermos aumentó como consecuencia de las nuevas infecciones consignadas cada año —pese a que éstas cayeron de tres millones anuales en 2001 a 2.7 millones en 2007— y a la mayor disponibilidad de los tratamientos antirretrovirales. En pocas palabras, aunque
la epidemia se ha estabilizado, permanece en niveles inaceptablemente altos.

La región más azotada por el sida es el África subsahariana: tiene una prevalencia
del VIH del 6%, alberga al 67% de las personas que viven con el virus (unos 22 millones) y le corresponde el 72% de los decesos por esta enfermedad ocurridos en el mundo durante 2007. Esta situación se da a pesar de que las autoridades de la región han comenzado a cosechar buenos resultados en su combate contra el sida. Por ejemplo, la prevalencia del sida entre embarazadas atendidas en dispensarios prenatales ha disminuido en Botswana, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Swazilandia
y Zimbabwe y tan sólo registra un alza en Lesotho, donde pasó de un 27% en 2005 a casi un 30% en 2007.

La prevalencia de la infección entre embarazadas también se redujo de forma considerable en África oriental (Etiopía y Kenya, aunque en este último país la prevalencia total subió de un 6.7% en 2003 a entre 7.1% y 8.5% en 2007) y, en menor medida, en África occidental (Burkina Faso, Costa de Marfil, Ghana y Senegal).

Estos resultados positivos se repiten en los datos que se refieren a las mujeres jóvenes (entre 15 y 24 años) embarazadas
que viven con el VIH, ya que en 14 de 17 países africanos el porcentaje se ha reducido desde 2000-2001 y en siete naciones se alcanzó ya la meta de la {Declaración
de compromiso.} Por otro lado, a nivel mundial el Onusida estima que entre las personas mayores de 15 años que viven con el VIH, el porcentaje de mujeres se ha estabilizado en un 50% desde finales de la década de los noventa,
aunque con resultados desiguales según la región.

{{La lucha por la infancia}}
En cuanto a los menores de 15 años que viven con el VIH en el mundo, su número se ubicó en poco más de dos millones en 2007 —casi el 90% es oriundo del África subsahariana— y se calcula que para ese año unos 370 mil infantes contrajeron el virus. No obstante,
la tasa de nuevas infecciones ha disminuido de forma progresiva desde 2002 —cuando se registraron 450 mil nuevas infecciones— gracias a la mayor
proliferación de servicios médicos para prevenir la transmisión materno infantil del VIH. En paralelo, el número
de niños fallecidos a causa del sida ha bajado en el mismo periodo, al pasar de más de 300 mil casos en 2003 a poco más de 250 mil en 2007.

{{Focos de contagio}}
Sobre las causas de infección, el informe
afirma que en casi todas las regiones fuera del África subsahariana el VIH afecta con mayor fuerza a los usuarios de drogas inyectables, a los hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres y a los profesionales del sexo, una situación de la cual no escapan
los países de altos ingresos. Así, en el Reino Unido, Alemania y Francia las infecciones por contacto homosexual han aumentado desde 2003: en la primera
nación se superaron los dos mil 500 casos en 2006; en la segunda casi se alcanzan mil 500, y en la tercera se registraron poco más de mil 200 casos. Esta tendencia al alza también se encuentra
presente en distintas partes de Asia, donde las nuevas infecciones por relaciones sexuales entre hombres están creciendo de forma alarmante.

{{La tarea pendiente: Las políticas públicas}}
Sobre las políticas públicas del combate contra el sida, el Onusida manifestó la necesidad de reducir las violaciones a los derechos humanos de las personas contagiadas, la discriminación y la desigualdad
de género. En una calificación de políticas públicas y vulnerabilidad de la mujer ante el VIH de 0 a 14 puntos
(donde 0 indica la total de carencia
de políticas de equidad), el África subsahariana figura en la primera posición,
con casi 13 puntos; le sigue Asia oriental, con 12 puntos; Asia meridional
y sudoriental, con casi 12 puntos; el Caribe y Oriente Medio, con poco más de 11 puntos; Oceanía, con 11 puntos; América Latina, con poco más de 10 puntos; y Europa oriental y Asia central,
con 9 puntos.

De esta manera, los puntajes citados dejan claro que los gobiernos y las organizaciones
no gubernamentales deben priorizar las estrategias encaminadas a incrementar la independencia económica
de la mujer y a formular reformas jurídicas que garanticen su derecho a la propiedad y la sucesión. Y es que según un reciente estudio realizado en Botswana
y Swazilandia demostró que las mujeres
que carecen de comida suficiente tienen
un 70% menos de probabilidades de considerar que controlan su vida sexual, un 80% más de probabilidades de practicar
“sexo para la sobrevivencia” y un 70% más de probabilidades de mantener relaciones sexuales sin protección.

Aunado a esto, el informe sostiene que un tercio de los países carece de leyes adecuadas para luchar contra la discriminación
hacia las personas con sida y únicamente
un 33% de las naciones recurre a indicadores de resultados para reducir el estigma que pesa sobre los infectados con el VIH y los grupos vulnerables ante este virus: sólo 26% de los países cuenta con legislaciones para proteger a los hombres homosexuales, apenas un 21% tiene leyes
que protegen a los profesionales del sexo y únicamente un 16% ha aprobado legislaciones para proteger a los usuarios de drogas inyectables. Este panorama se torna aún más negro si se considera que en sólo un 20% de las naciones las organizaciones
de la sociedad civil tienen acceso significativo a apoyos financieros.

{{Prevención, el paso más urgente}}
Sólo una fracción de los países cuenta con estrategias reales de prevención: del 87% de las naciones que han definido
objetivos para el tratamiento del VIH, apenas algo más de la mitad se ha propuesto metas de prevención. En América Latina, aunque la prevalencia del sida es de menos del 1%, las labores de prevención sólo representaron el 15% del gasto destinado al VIH en 2007.

La desinformación sigue siendo un factor que incide en la prevalencia del sida.
De acuerdo con encuestas realizadas en 64 países, el 40% de los hombres y el 38% de las mujeres de entre 15 y 24 años poseen un conocimiento exacto sobre esta
enfermedad y las formas de impedir su contagio, porcentajes muy bajos si se tiene en cuenta que la meta para 2010 es asegurar que el 95% de los jóvenes esté bien informado sobre este tema.

En contraste, la transmisión materno infantil del VIH podría convertirse en un futuro en una forma rara de contagio debido a la ampliación del acceso a los servicios de prevención, aunque todavía se requiere de un fuerte financiamiento,
un compromiso claro y acciones suficientes:
de 2004 a 2007 la cobertura de medicamentos antirretrovirales para evitar la transmisión materno infantil pasó de 9% a 33% en las naciones de ingresos
medios y bajos, es decir, abarcó a poco más de 500 mil mujeres. En total, el número de personas en el mundo que reciben el tratamiento antirretroviral se multiplicó por 10 en seis años, al pasar de 300 mil contagiados en 2003 a casi tres millones en 2007. Este avance ha permitido en los últimos dos años reducir
la cantidad anual de fallecimientos por sida en todo el mundo (adultos y niños), los cuales cayeron de poco más de 2.2 millones en 2005 a poco más de dos millones en 2007.

{{Las desgracias asociadas al sida}}
Sin embargo, la epidemia ha traído consigo
graves consecuencias sociales, como
la enorme cantidad de menores de 18 años que han quedado huérfanos y la elevada carga financiera que representa acceder a los tratamientos médicos. En los hogares más pobres de India la carga financiera vinculada al sida abarca el 82% de los ingresos anuales, en comparación del 20% de los hogares más acomodados. Por otra parte, en el África subsahariana unos 12 millones de niños han perdido a uno o ambos padres a causa del virus, lo que incide en sus posibilidades de acceder a la educación: en 56 países los huérfanos tenían una probabilidad 12% menor de acudir a la escuela, lo que los condena a la marginación.

Por último, a esta situación se suma el hecho de que la epidemia tiene fuertes
efectos macroeconómicos, como el agravamiento de las desigualdades económicas y la disminución del crecimiento
de las naciones: se estima que el VIH reducirá entre un 0.5% y un 1.5% el crecimiento económico de los países con alta prevalencia. {{n}}