A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE
A tu lado, mi vida hubiera sido más larga

y más triste y más absurda.

Habría fumado dos cajetillas en lugar de una

leído cuatro en lugar de dos

llorado mayo entero y no solamente el tres.

Pero tenías que hacer todo a tu manera.

Al marcharte, se fueron tras de ti las batallas

los gruñidos

las pastillas del buró y los Alka Seltzers

la palabra brutal

la picardía

el pasto de tus ojos

Mahler

Las tres de la mañana.

Después de ti mi vida adquirió una mansedumbre

]lacia y sin sorpresas,

tierna

dulce

sosegadamente envejecida.

Ahora estoy llena de certezas.

Me duermo a las diez

omo verduras

no olvido la página

el teléfono de Sandy

la botana.

Sé que la muerte existe.

Soy breve y apretada.

Escribo

sin Mahler.

Tú sabes lo que es una muerte más sobre esta tierra

que apenas tiene espacio para unos cuantos vivos.

Yo ya no tengo holgura suficiente

para tus mañanas de martes, tus noviembres,

tu ron dorado ni tus Camel sin boquilla.

Eterno, te imagino enojado para siempre

por haber muerto tan despacio

en una habitación sin dioses y sin mares

donde sólo los hombres que habías sido

te tomaron la mano y te besaron.

Cuando de noche, muy noche, te presentas

—y bueno, tú me sabes propensa a las mentiras—,

distingo los arabescos de luz de tu cigarro

mientras comienzas a contarme algún embuste

como aquel del ángel con los pies de lodo.

Si mi disposición hereditaria a la esperanza

me permite improvisar otra ficción,

inventaré miércoles y eneros nuevos

para mi departamento de Parral setenta y ocho

donde podrás morir realmente acompañado. {{n}}