En el año de 1955 Carlos Fuentes solía asistir a una tertulia que se celebraba domingo a domingo en casa de María Luisa Elío y Jomi García Ascot, republicanos españoles exiliados en México, a quienes 12 años después Gabriel García Márquez dedicaría Cien años de soledad. Entre los tertulianos figuraban Jorge Portilla, Ramón Xirau y el escritor y diplomático panameño Roque Javier Laurenza. Para celebrar el cumpleaños 66 de Alfonso Reyes, en cuyas rodillas Carlos se sentó de niño, seguramente sin imaginar entonces la tutela que el maestro ejercería en su formación y en su disciplina a lo largo de toda su vida, Laurenza y Fuentes se dedicaron a escribir, en el estilo de poetas de varias épocas y de distintas lenguas —Chaucer, Villon, Camoes, Góngora, Lord Byron, Mallarmé— poemas de homenaje al ilustre escritor regiomontano. El resultado fue un pequeño libro de 16 páginas y tantos ejemplares como letras tiene el nombre de Alfonso Reyes, que publicó Juan José Arreola con el título, también paródico, de Nueva junta de sombras, en tributación al libro de Reyes que bajo ese nombre reúne varios de sus estudios helénicos.

Traigo a colación este temprano divertimento de Carlos Fuentes ahora que celebramos sus 80 años de vida, porque es prácticamente desconocido, y si bien confirma algunas de las cualidades del escritor, como su humillante precocidad, su prodigioso don de lenguas y su extraordinaria capacidad histriónica, nos revela facetas insospechadas de su personalidad literaria, como su ignota vocación poética. En efecto, estos ejercicios, como él humildemente los llama, reflejan un profundo conocimiento de la poesía, un desmedido gusto por leerla y un enorme talento para escribirla, así haya sido paródicamente.

Una noche, en su casa de San Jerónimo, Carlos Fuentes le dijo a Silvia Garza, a la sazón directora de la Cátedra Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico de Monterrey, cuyo Consejo Consultivo Carlos presidía, que tenía algo interesante que enseñarle. De un estante de su biblioteca extrajo uno de los 12 ejemplares de este librito, el único que poseía. Ostentaba en la portada una muestra de otra de las caras desconocidas de Fuentes, su habilidad para el dibujo. Para la edición, había retratado, a línea y de manera ligeramente caricaturesca, a un Reyes helenista, sabio y coronado. A Silvia se le ocurrió la idea de hacer una edición facsimilar de esa pequeña joya bibliográfica. Poco después, en marzo de 2001, se publicó Nueva junta de sombras en una edición no venal bajo el sello editorial del Tecnológico y del Fondo de Cultura Económica, que entonces yo dirigía. Su tiraje no fue tan breve como el de la edición original, pero aun así el librito, como todos los de su género, es casi secreto. Por ello he querido dar aquí noticia suya y poner, de ejemplo, uno de los poemas que lo integran, el que Fuentes escribió, hilvanando varios títulos de las obras de Reyes, como si lo hubiera escrito Octavio Paz en loor de don Alfonso:

Palabra que sí

Las sombras de la junta se hacen resplandecientes
En los ancorajes los peces se vuelven rojos
Las vísperas de España son vísperas de sangre
¿Clamará Otra Voz sus ecos de rumores?
Calendarios que son días que son lunas que son llanto
Un tren de ondas vaga sobre el rocío
La navaja del día recorta el plano oblicuo
Saben las yerbas del Tarahumara a soles calcinados
La asamblea de animales reza un padrenuestro
En el golfo de México dos gaviotas se incendian

“Octavio Paz” n