Tres escritores de gran relieve se inscriben en una suerte de triángulo que une dos extremos del continente americano con un punto geográficamente intermedio que constituye el tercer vértice. Borges al sur, Henry James al norte y Carlos Fuentes en la América Central no sólo tienen en común el hecho de haber redactado relatos memorables: también los hermana el que hayan meditado sobre la condición de América como un espacio marginal en lo relativo a la cultura y lo que significa ser un escritor americano. Las líneas que siguen aspiran a señalar algunas de esas coincidencias y el modo en que están relacionadas.

En un estudio reciente titulado “Borges, Henry James y los europeos”, me dispuse a explorar los posibles vínculos de una noción literaria-cultural que Borges ha formulado en algunos ensayos y entrevistas con una observación que T.S. Eliot había publicado muchos años antes. Todo ello remite a un asunto que nos ha atareado a los latinoamericanos, para bien o para mal, durante siglos y que está relacionada con la configuración de nuestra identidad cultural. Es sabido que Borges establece de modo inequívoco la condición marginal, de {outsider}, de los escritores argentinos, y por extensión de los hispanoamericanos, como una de las características que lo definen e incluso eleva esa circunstancia a la condición de virtud. El vernos precisados a tener que operar culturalmente desde los márgenes nos libera de una sujeción limitante a los patrones dominantes de los grandes centros de cultura (él piensa primordialmente en Europa) y nos permite manejar los componentes de esas culturas con una soltura y una creatividad insólitas que sientan las bases de la innovación artística. Borges vincula la ubicación en los márgenes con otro aspecto que, al poner al alcance del artista un marco de acción mucho más amplio, en cierto modo también lo libera y lo enriquece. Se trata de una óptica que tienen los que habitan esos márgenes y que les permite considerar a Europa, justamente por estar mirando desde fuera, como una entidad cultural unitaria y coherente. Cuando en ocasiones anteriores he comentado las posiciones de Borges en torno a la identidad del escritor sudamericano, una y otra vez me he apoyado en las nociones análogas que Carlos Fuentes ha elaborado con una lucidez de veras extraordinaria en particular en {Terra Nostra} y muy en especial en una espléndida novela que le es complementaria titulada {Una familia lejana}.

La cita de Eliot fue redactada en 1918 en ocasión de la muerte de Henry James. El poeta angloamericano dota a James de una característica que sólo puede ostentar un americano: el de ser un verdadero “europeo”, condición, afirma Eliot, que le es negada a los naturales del viejo continente. Me impresionó la coincidencia de estas palabras con las nociones expuestas por Borges que siempre me parecieron singularmente originales. Mi sorpresa fue aún mayor cuando di con una carta de Henry James fechada en el 1867 y que afirma lo siguiente: “…{to be an American is an excellent preparation for culture… it seems to me that we are ahead of the European races in the fact that more than either of them we can deal freely with forms of civilization not our own, can pick and choose and assimilate and in short (aesthetically…) claim our property wherever we find it”.} Esas palabras crean un ámbito prodigioso, me parece, donde coinciden tres grandes maestros de la narrativa americana: Henry James, Jorge Luis Borges y Carlos Fuentes. Y ese punto de encuentro, a su vez, remite a un modo de ver las cosas que entiende la identidad cultural del artista americano como una que, si bien se apoya ciertamente en el principio de la diferenciación, rehuye las nociones de “esencia” y de lo único y de lo exclusivo.

Pero el mexicano va más allá que el norteamericano y el argentino. A la idea de una identidad cultural entendida de ese modo, Fuentes, además de integrar la herencia indígena y africana, añade algo más: nuestra identidad se complementa con la europea porque la identidad europea necesita del mundo americano, y de lo que representamos, para alcanzar su propia plenitud. Es esa relación recíproca y complementaria la que les permite en buena medida entenderse a ellos mismos. Nuestra soledad, pues, es relativa; nuestra presencia en el contexto del amplio mundo de una cultura de veras abarcadora, cuyo centro se desplaza constantemente, es en cierto modo necesaria. El espejo, que es la lengua compartida en {Terra Nostra}, nos refleja a todos. Los Heredia de {Una familia lejana} constituyen un sistema de relaciones mutuas e interdependientes; aun salvando las muchas diferencias y las grandes distancias, se configuran, en efecto, en una sola familia.

De los muchos placeres que suscita la riquísima obra de Fuentes y de los múltiples estímulos que en ocasiones se transforman en súbitas iluminaciones, quisiera privilegiar en esta ocasión las reflexiones que acabo de comentar. No sólo nos invita Carlos Fuentes a repensar nuestra posición en el amplio panorama de la cultura occidental, sino que, al hacerlo, se inscribe en una ilustre tradición que abarca todo ese “otro” espacio, de norte a sur, que es el mundo americano. {{n}}