Tonocí a Carlos Fuentes durante
el año lectivo de 1986-87, cuando ocupaba la Cátedra Simón Bolívar de estudios latinoamericanos
en Cambridge. La cátedra, fundada
por generosidad venezolana en 1968, había sido impartida, entre
otros, por Octavio Paz, Ignacio Bernal, Celso Furtado, Fernando Henrique Cardoso, Mario Vargas Llosa y Pablo González Casanova. Casi todos dedicaban la cátedra a su obra y su pensamiento y enseñaban a pequeños grupos en seminarios especializados.

Fuentes ofreció una serie de 16 conferencias sobre literatura latinoamericana,
una cada semana a lo largo de dos trimestres, de octubre a marzo. Leídas en Mill Lane, en el centro de la ciudad, estas conferencias
suscitaron gran interés y tuvieron un auditorio numeroso.
Como dijo James Diggle, {Orator} (orador de circunstancias)
de la universidad: “Lo habíamos leído y admirado por años. Pero este año lo hemos oído, visto y admirado más, en salas de conferencias llenas a reventar”.

Como director del Centro de Estudios Latinoamericanos tuve contacto frecuente con Carlos y Silvia Lemus, y con sus hijos adolescentes, Natasha y Carlos. Fui responsable indirecto
de hallarles acomodo en Merton House, una impresionante
mansión victoriana, por cuyos campos podía irse a pie hasta el St. John’s College del centro de la ciudad.

Durante su estadía en Cambridge, Carlos disponía de un estudio en Trinity College desde cuya ventana, como recordaría
después, admiraba la asimetría de Neville’s Court, la obra diseñada por Christopher Wren. A lo largo de aquel año, mi esposa Celia Wu y yo disfrutamos de la buena compañía y la amistad de Carlos y Silvia, y compartimos la preocupación por la educación de nuestros vástagos. Carlos chico iba a la Perse School for Boys en Cambridge, causando elogios con su poesía y su pintura.

El año de Cambridge tuvo su culminación el 11 de junio
de 1987 cuando la universidad otorgó a Carlos el grado honorario de Doctor en Letras. La ceremonia tuvo lugar en Senate House, un edificio del siglo XVIII, presidida por el rector de la universidad, Prince Phillip, Duque de Edimburgo. Había otros siete premiados, distinguidos científicos, abogados e historiadores, todos ingleses salvo Carlos y Witold Lutoslawski, el director
y compositor polaco.

Siguiendo la tradición, el {Orator} de la universidad hizo el elogio de los premiados en latín, con una traducción
de sus palabras al inglés incluida
en el programa impreso de la ceremonia. Cuando llegó a Fuentes el doctor Diggle, una autoridad en estudios
clásicos, lo saludó como {Mexicanorum
fabulator}, citó los títulos de novelas como {Las buenas conciencias, Una familia lejana} y {Terra Nostra}, y reunió un ramillete de frases sobre la naturaleza y la historia de México que pueden leerse en la penúltima sección de {La muerte de Artemio Cruz}, las tradujo al latín y las ofreció en forma de un poema, artificio que fue un buen tributo conmemorativo
del tiempo que Fuentes pasó en Cambridge:

{Unum nomen habet, non unam terra figuram:

hac deserta rubent, parte hac arbuscula campos

arentes spinosa tegit, hac vallas aristis

luxuriat gravidis et flavae messis acervo;

adde tot abruptis penitus conclusa cavernis

flumina, tot venas argenti aurique metalla;

haec genus Indorum communi voce carentum

atque Tonantzintlae ritus et Tlacochaguayae

extulit; an prisca memorem loca prodita lengua,

vos, Tula atque Uxmal,cum Teotihuacanque Papantla.}

Lo cual se lee así en español:

No es uno, son mil países con un solo nombre:

los desiertos rojos, el mundo de nopales,

los valles dulces del trigo y el maíz;

los ríos perdidos, precipitados,

las horadaciones de oro y plata,

los indios sin la voz común;

la fe pagana de Tonantzintla y Tlacochaguaya,

los nombres viejos de Teotihuacan

y Papantla, de Tula y Uxmal. {{n}}