{Hace un año Fidel Castro
cedió el control del gobierno
de Cuba a su hermano Raúl.
Los pronósticos fatales de la
inminencia del fin de Castro
fallaron. Mientras la vida en el
exilio continúa y, por supuesto,
también en una Cuba en la que
los problemas básicos siguen
siendo de estómagos llenos o
estómagos vacíos. Esta es una
crónica de Rubén Cortés, cubano
avecindado en la ciudad de
México, de los días de su padre
en Pinar del Río.}
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