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{La dependencia de la economía mexicana
respecto al petróleo no se modificó con el cambio
de modelo de desarrollo. Si bien las exportaciones
de crudo ya no representan el grueso de las
divisas nacionales, como ocurría al inicio de los
ochenta, las ventas al exterior de Pemex nutren
el 40% de los ingresos fiscales. Los recursos
del subsuelo sostienen, así, buena parte del
funcionamiento de las administraciones públicas
en los diferentes niveles de gobierno; continuamos
“petrolizados”. Sin embargo, esos recursos
escasean y tenemos que ser conscientes de que
el oro negro se acaba; lejos del despropósito de
prepararnos para “administrar la abundancia”
ahora se trata de lidiar con la escasez. Dos
especialistas en materia energética, Adrián
Lajous y Moisés Orozco, llaman la atención sobre
los desafíos de la industria petrolera y sugieren
acciones para que, como suele ser habitual, el
futuro no nos alcance sin opciones.}