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{“Dime qué tono usas
y te diré a qué te quieres
parecer: cuando el celular
suena ya no solamente
anuncia una llamada.
Además pregona una señal
de identidad o, dicho de otra
manera, el recurso acústico
con el que cada usuario
quiere llamar la atención”.}

El año pasado había más de dos mil 300 millones de teléfonos celulares en todo el
mundo. Se trata, en cifras aproximadas, de un celular para cada 2.7 personas. Los
teléfonos móviles prácticamente duplican, ya, a los de carácter fijo (que en 2006 eran
alrededor de mil 300 millones). La posibilidad de hacer y recibir llamadas sin estar
atadas a la línea alámbrica ha cambiado hábitos y capacidades comunicacionales de las
personas en todo el orbe.

A la vez que nos ha hecho más libres, el celular nos ha creado nuevas dependencias.
El teléfono portátil no sólo nos vuelve ubicuos. Además suscita novedosas formas de
comunicación y expresión que van desde el intercambio de mensajes de texto hasta la
creación de cadenas de usuarios que propagan los mismos contenidos y la posibilidad
de registrar y enviar fotografías y videos.

Instrumento masivo, el celular no ha
significado, sin embargo, una fatal homogeneización
de la sociedad. El interés
de sus usuarios para apropiarse de él,
desde luego con la interesada ayuda de
las corporaciones telefónicas, ha propiciado
numerosas formas para singularizar
al móvil. Hay quienes lo decoran con
variadas cubiertas o colocan fotografías
en la pantalla. Muchos más añaden diversos
tonos que se escucharán cuando
el teléfono reciba una llamada.

Concebidos para distinguir al celular,
los tonos telefónicos singularizan a
cada usuario. Es irresistible la tentación
de hacer psicología o sociología instantáneas
cuando escuchamos violines
impetuosos, pianos rítmicos, cantantes
de fama, maridos regañones, féminas
ansiosas o vacas que mugen surgiendo
de algún celular. Dime qué tono usas y
te diré quién eres. El que a buen tono se
arrima buena fama le cobija. Tono que
ladra no muerde. Tono y figura hasta
la sepultura. Más vale tono que fuerza.
Mucho tono y pocas nueces.

Los tonos telefónicos son un recurso del siglo XXI. Antes de 1998 los celulares tenían
unas cuantas opciones, casi siempre de sonido plano y metálico, para avisarnos cuando
llegaba una llamada. Ese año varias compañías telefónicas comenzaron a ensayar cómo
ampliar la capacidad acústica de los timbres, hasta llegar a la polifonía digital que hoy
permite no solamente imitar sonidos sino, especialmente, reproducir cualquier melodía,
voz o ruido. El interés de muchos usuarios —especialmente los más jóvenes— para renovar
y diversificar los tonos de sus teléfonos, propició un auge tecnológico y mercantil
que no estaba en los planes de negocio de las telefónicas.

En Estados Unidos, tan sólo en 2003, la compra de tonos para teléfono significó
desembolsos de entre 80 y 100 millones de dólares. En 2006 esos gastos ascendieron a más de 600 mdd. En 2007 quizá
disminuyan a 550. Sin embargo, mundialmente,
la venta de {ringtones} podría
ser mayor a cuatro mil 700 millones de
dólares en 2008.

Tan sólo entre enero y abril de 2007
en Estados Unidos se vendieron 72 millones
de tonos telefónicos. Esa cantidad
no es mayor porque muchos usuarios
comparten con sus amigos los tonos que
han comprado o adquirido gratuitamente.
La manía por los tonos tiene, igual
que otras expresiones de la tecnología
digital, rasgos a la vez individualistas y
solidarios. Cada quien su tono, muchos
usuarios de celulares eligen el sonido
que los distingue cuando repiquetea su
teléfono. Y no pocos de ellos estarán dispuestos
a transferir a sus conocidos una
copia del archivo digital que permitirá
reproducir ese tono en otros celulares.

Los tonos telefónicos se vuelven, así,
no solamente sellos de identidad personal
sino también de cohesión grupal.
Un estudio inglés acerca del porvenir de
la telefonía celular subraya: “El éxito de
los tonos telefónicos y los protectores de
pantalla tiene mucho que ver con la capacidad
para mostrar, compartir y transferir.
Así la industria del móvil está bien
prevenida para asegurar que sus futuros
servicios harán posible compartir ese
‘contenido social’ ”.

{{Teléfonos politizados}}

Terraplén del aislamiento cuando crea
una atmósfera de exclusión alrededor
del usuario que se aparta para contestar
una llamada, el celular es, al mismo
tiempo, vehículo que refuerza y causa
nuevas relaciones sociales. Así sucede
con otras tecnologías digitales de la información.
Hace varios años Howard
Rheingold, en su visionario libro {Smart
mobs}, entendía al celular como eje de
nuevos enlaces sociales capaces, incluso,
de ocasionar respuestas colectivas
como las que protagonizan las multitudes
inteligentes convocadas con mensajes
de texto instantáneo.

El sonido del celular puede tener significados
políticos como cuando a mediados
de 2005, en Filipinas, muchos
usuarios pusieron como tono telefónico la voz de la presidenta Gloria Macapagal
cuando conversaba con Virgilio Garciliano,
titular de la Comisión Electoral de
ese país: “¿Hola, hola, hola Garcí…? ¿Así
que voy adelante por más de un millón?”.
El tono telefónico, que duraba 17 segundos
y estaba aderezado con música de
rap, reproducía una grabación aparentemente
realizada por militares adversos a
la presidenta. El gobierno no rechazó la
autenticidad de esa grabación pero declaró
ilegal su posesión porque había sido
realizada de manera subrepticia. Aun así,
el {ringtone} con la voz de la presidenta circuló
por millares de teléfonos móviles.

A mediados de 2007 en Estados
Unidos los partidarios del senador Barack
Obama han propagado tonos de
teléfono con la voz de ese aspirante a
la candidatura presidencial del Partido
Demócrata. Además hay sitios en la red
que promueven la creación de {ringtones}
políticos que encajan bien con el estilo
conciso, apuntalado en frases notorias
más que en ideas, que impone la mercadotecnia
electoral.

El portal {Ring it on!} explica, con una
realismo a la vez que sarcasmo: “Somos
una nación bendecida con políticos cuyas
declaraciones prácticamente ruegan
llegar a ser tonos de teléfono. ‘Misión
cumplida’, ‘Los últimos estertores de la
insurgencia’… No deje que se desperdicien
esas perlas de la incompetencia
política. Conviértalas en tonos de
teléfono y déjelas saltar en los centros
comerciales, las estaciones de autobús,
los restaurantes, su trabajo… Hemos sido
una nación de zombies políticos por
mucho tiempo. ¡Ejercite su libertad de
expresión y deje que suene el celular!”.

Así que ahora, además de versiones
simplificadas de {New York, New York} o
de la {Novena Sinfonía} de Beethoven, los
celulares irradian las voces de los famosos.
Nuestras versiones vernáculas de esa
politización telefónica podrían ser tonos
que repitieran aquel “¿Yo, por qué?” con
el que se definió el ahora ex presidente,
o las vulgares conversaciones del gobernador
Marín con su contlapache el empresario
textil.

Esa miríada de sonidos que invade
hoy el paisaje urbano forma parte de la trivialización, pero también de la apropiación que la gente hace tanto de los
asuntos públicos como de los dispositivos
tecnológicos. Pero no en todas partes
se acepta, o tolera, de la misma forma a
los ruidos que brotan del celular. Amparo
Lasen, autora de una indagación sobre
el uso del móvil en varias ciudades
europeas, ha escrito: “Los sonidos del
teléfono móvil, tanto los tonos como
las conversaciones, son parte del panorama
musical en el transporte público.
También están presentes, aunque menos
utilizados, en los restaurantes… Las reacciones
a la inobservancia de las reglas de
etiquetas son distintas [en cada ciudad].
Los parisinos rápidamente se muestran
contrariados, volteando a mirar al usuario
ruidoso. En Madrid la gente parece
estar más acostumbrada a eso, mostrando
menos signos de desagrado. El nivel
del ruido en los sitios públicos, tanto
adentro como al aire libre, es mayor que
en las otras dos ciudades y también hay
mayor tolerancia para las conversaciones
escandalosas. Los tonos telefónicos
también son a menudo más ruidosos en
Madrid, con cierta preferencia por melodías
de ‘valquirias’ y ‘caballerías’ que
no parecen molestar a la gente que está
cerca. Sin embargo, para los entrevistados
españoles, los entremetidos tonos
telefónicos y los conversadores ruidosos
son los aspectos más incómodos en el
uso que otras personas hacen de los teléfonos
móviles. Esta es la molestia principal
para la mayoría de los entrevistados,
cuando los usuarios del celular ‘olvidan
que hay otras personas alrededor’. Esta
inconsciencia es resultado de las dificultades
para administrar dos escenarios de
interacción, la conversación telefónica y
la presencia física de los otros”.

{{Señales de identidad}}

El tono telefónico acota, define y proclama
la identidad personal. Los autores de
un amplio estudio sobre la expansión del
teléfono celular, encabezados por Manuel
Castells, explican: “Las tecnologías móviles
han acabado formando parte de los
procesos de formación de la identidad
personal, no únicamente como instrumento
utilitarista para la comunicación sino también como ‘una proclama estética
en miniatura de su propietario’ ”.

El tono del celular anuncia la personalidad
de quien lo ha seleccionado o,
al menos, el estado de ánimo que tenía
cuando eligió ese y no otro sonido para
su teléfono. Pero la impresión que suscitará
entre quienes lo escuchen dependerá,
a su vez, de la idiosincrasia de los
otros y del contexto en el que suene el
teléfono. Un celular que cuando llama
deja escuchar al grupo de cumbia Damas
Gratis (que tiene el mayor número de
descargas en el sitio de tonos telefónicos
Chikabum.com) causará opiniones distintas
a otro que reproduzca por varios
segundos un concierto para clarinete de
Mozart. Pero ambos serán desaprobados
si suenan durante una obra de teatro. Así
que la proclama estética que enarbolan
los dueños de celulares y tonos se encuentra
acotada por las reglas que imperan
en el uso del espacio público.

La creación de tonos telefónicos está
subordinada al negocio y a los requerimientos
técnicos. Hay empresas telefónicas
que contratan músicos para que
diseñen timbres sencillos, armónicos y
contagiosos, que estén ceñidos a la brevedad
pero también a la simplicidad que
se exige de ellos. El profesor de música
Sumanth Gopinath, de la Universidad de
Minnesota, ha explicado: “El negocio de
componer tonos de teléfono no es particularmente
glamoroso: es, en un sentido,
una forma actualizada de escribir {jingles},
o música publicitaria, cuyo producto es
el mismo teléfono móvil. El tono, en el
caso del teléfono monofónico, se beneficia
de ser una forma artística altamente
inhibida. El compositor tiene una sencilla
línea melódica de extensión limitada
(30 segundos máximo) y un rango (hasta
cuatro octavas) a su disposición, con
poca o ninguna posibilidad de un tono
discordante o cambiante. La simplicidad
de tales melodías, que deberían balancear
el interés estético (‘buen’ sonido,
en abstracto) con una función (ser una
señal efectiva para el usuario del celular)
parece muy halagüeña cuando son
cortas, quizá de unos cuantos segundos”.
De ahí que la estética del audio celular
sólo se ha podido extender con las innovaciones
en materia de reproducción
digital que incorporan al teléfono la
posibilidad de repiquetear con sonidos
auténticos y no sólo combinaciones de
los tonos convencionales.

Dime qué tono usas y te diré a qué te
quieres parecer: cuando el celular suena
ya no solamente anuncia una llamada.
Además pregona una señal de identidad
o, dicho de otra manera, el recurso
acústico con el que cada usuario quiere
llamar la atención. Ese ejercicio de notoriedad
podrá ser categóricamente egocéntrico
cuando se expanda el {singtone,}
que es un tono de celular que cada quien
puede grabar con su propia voz interpretando, con fondo musical, la melodía
de su preferencia.

Los usos versátiles del celular expresan
copiosas posibilidades de apropiación.
En India hay tribus que utilizan el
móvil para cazar leopardos: le ponen sonidos
de gallos, cabras y vacas, lo colocan
bajo una trampa y solamente llaman
para que el felino se acerque confiado
en que encontrará una presa. En las
ciudades contemporáneas los atrapados
somos nosotros cuando, aunque abominemos
de los tonos del celular, vivimos
rodeados de ellos.

{{Referencias}}

Amparo Lasen, {A comparative study of mobile
phone. Use in public places in London,
Madrid and Paris}, Digital World Research
Centre, University of Surrey, 2004.

“Filipinos answer anti-corruption call”,
{San Francisco Chronicle}, 22 de junio
de 2005.

James Crabtree, {et al., Mobile phones and
everyday life}, The Work Foundation,
Londres, 2003.

Manuel Castells, Mireia Fernández Ardévol,
et al., {Comunicación móvil y sociedad.
Una perspectiva global}, Fundación Telefónica
y Ariel, Barcelona, 2006.

Ring It On! http://www.ringtones08.com/
Sumanth Gopinath, “Ringtones, or the
auditory logic of globalization”, {First
Monday}, diciembre, 2005: http://firstmonday.
org {{n}}