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{El Partido Demócrata
tiene en Barack Obama a uno
de sus más serios aspirantes
presidenciales. Se trata
de la primera vez en la historia
norteamericana en que un negro
tiene posibilidades reales de ocupar
el Despacho Oval. Ofrecemos
los trazos biográficos de este
abogado, nacido en Hawai,
que tiene como primer reto vencer
a Hillary Clinton.}

Nyangoma-Kogelo. Kenia. África. El aire caliente envuelve los caminos de
tierra suelta que llevan a este pequeño poblado de cuatro mil 98 habitantes.
Algunos hombres van lentamente en bicicleta, llevando bultos. Otros, derrotados
por el ocio, dormitan bajo la sombra fresca de algún árbol. El cielo esplendoroso
con sus nubes blancas bien dibujadas que contrastan con la piel negra africana.
Mamá Sarah ve una fotografía.

Boston. Estados Unidos. América. Convención del Partido Demócrata.
¿Quién es ese hombre de sonrisa grande, delgado, negro cara de niño y pelo
ensortijado y breve? ¿Qué tanto dice que provoca el delirio de los demócratas,
tan devotos a los grandes discursos? ¿Por qué dice que somos un solo pueblo?
¿Por qué en sólo 17 minutos nadie puede ya olvidar su nombre? ¿Por qué nos
llega una ráfaga histórica que recuerda a Martin Luther King y a John F. Kennedy?
¿Por qué…?

Nyangoma-Kogelo. La cerveza se llama, oficialmente, {Senador}, pero todos
en el pueblo le han cambiado el nombre. Ahora el hombre de camisa empapada
de sudor y pantaloncillos recortados hasta la rodilla, llega a la reducida tienda y
sonriente pide una cerveza {Obama}. Así, simplemente una {Obama} helada. {Obama}
significa afortunado. Le da un
buen sorbo mientras la tarde se
extiende por cada rincón de las
chozas de adobe y techos de paja.
Mamá Sarah acaricia la superficie
de la fotografía y la besa.

Boston. Saluda a cientos de
manos. Miles que lo estrechan
aun sin conocerlo. ¿Quién es ese
hombre? ¿Senador por Illinois?
¿Y por qué él? ¿Por qué un negro?
¿Y por qué se llama así? ¿Y
por qué habla de que no hay un
Estados Unidos negro o un Estados
Unidos blanco, ni un Estados
Unidos latino o un Estados Unidos
asiático? ¿Por qué…?

Nyangoma-Kogelo. Mamá
Sarah puede pasarse jornadas
enteras observando la fotografía
que su nieto le envió el día de su
boda. El pañuelo blanco que le
envuelve la cabeza resalta, con
mayor fuerza, los rasgos duros
de esa mujer negra que lleva un
delantal sobre un vestido floreado.
Aquí todos saben que es la
abuela adoptiva del hombre —{is
the man}, bromean algunos en la
aldea—, pero eso no importa.
No importa que sea adoptiva porque ella fue la que se hizo cargo de
la familia, la que lo recibió en su juventud,
la que mantuvo unida a la familia.
Guarda cariñosamente la fotografía en
el cajón de un viejo mueble descolorido
y en astillas.

Washington. Ya todos hablan de él. En
las páginas del {Washington Post} y de los
medios que circulan por el corazón del
país, se dice que ha nacido una “reluciente
estrella en el cielo demócrata”, o que
es “un astro del rock político”, o que ha
llegado el JFK negro” o que, sencillamente,
es “la nueva cara”. Él lo sabe. Y abraza
al salir del sueño demócrata a su esposa
Michelle y a sus pequeñas Malia y Natasha.
Y no quiere que su sueño termine.

Es Barack Obama. Es el senador
negro que quiere ser presidente de la
nación más poderosa del mundo. Es el
demócrata que ha despertado la conciencia
americana. Es el hombre cuyas
raíces están a miles de kilómetros, en
Kenia, en la pequeña Nyangoma-Kogelo,
entre las toscas y cariñosas manos de
su abuela Sarah. {Is the man}.

Bienvenidos a otro sueño americano.
Bienvenidos a la historia de un hombre
que quiere convertirse en el primer negro
en alcanzar la presidencia de Estados
Unidos. Bienvenidos a un relato salido
de la oscuridad africana, con su magia y
su tragedia, con su vida y su muerte.

Barack Obama es hijo del destino,
nacido un 4 de agosto de 1961 en Honolulu,
Hawai. Para dramatizar su historia
podríamos decir que tuvo una infancia
triste, aunque así fue. Podríamos decir
que tuvo una niñez solitaria, aunque así
fue. Podríamos decir que es hijo de padre
keniano y de madre estadunidense,
aunque así fue.

Sus padres: Barack Obama (del mismo
nombre) y Ana Dunham (crecida en
Kansas City) se conocieron en la Universidad
de Hawai. Barack padre fue un
hombre de coraje: de cuidar cabras en su
pueblo, luchó para obtener una beca que
le permitió salir de Kenia y convertirse
en el primer estudiante africano becado
por esa universidad. Tenía sueños.

Barack padre y Ana se casaron en
Hawai, donde tuvieron a su pequeño
Barack. El jefe de la familia probó suerte
en varias partes y llegó a Harvard, donde
sólo se le ofreció pagar su manutención.
Era hora de decidir. Ana regresó a
Hawai con su hijo en brazos, mientras la
distancia liquidaba el matrimonio.

Obama padre regresó a Kenia y allí
terminó una historia que pudo haber
sido brillante, con el alcohol como compañero
en las negras noches africanas.
Fuera de control, falleció en un accidente
automovilístico en 1992.

Barack Obama hijo estudio sus primeros
años en Hawai y al concluir su
educación media estuvo dos años en la
Occidental College, antes de irse a la
Universidad de Columbia. Pero primero
viajó a Nyangoma-Kogelo, donde pasó
largas tardes con Mamá Sarah, con sus
tenis deportivos y su desparpajo natural
heredado de su padre, dejándose acariciar
por su abuela, saludado por aquellos
hombres y mujeres que hoy lo ven
como la esperanza de que este pueblo
salga de la pobreza.

{Ilal…Ilal…}le decían al joven Barack.
{Dichosos los ojos}, podría ser la traducción.
Mamá Sarah recorría el pueblo orgullosa,
colgada del brazo de su nieto,
quien muy pronto regresaría a Estados
Unidos “para volverse a perder”, diría la
mujer. Pero Barack retornaría en varias
ocasiones a finales de los años ochenta.

Ya en Columbia, estudió ciencias políticas
con especialización en relaciones
internacionales. Después viajó a Chicago
donde demostró lo que realmente
es uno de sus activos políticos más
importantes: su contacto directo con la
gente. En la ciudad de los vientos fue
promotor para resolver problemas que
enfrentaba la comunidad más pobre.
Construyó viviendas, promovió créditos.
Y luego otro sueño heredado por su
padre: Harvard.

En la prestigiada universidad, Barack
Obama estudió derecho y comenzó a
hacer historia: era nombrado primer
presidente afroestadunidense de la
{Harvard Law Review,} y se graduó con
{magna cum laude.}

Al regresar a Chicago prestigiados bufetes
de abogados se disputaban a la joven
estrella negra de Harvard, quien se casaría
con una bella negra de nombre Michelle.

Cuando cualquier otro estudiante lo hubiera
aceptado, Barack rechazó todas las
ofertas de trabajo y prefirió trabajar en
una humilde y mal remunerada Consejería
por los Derechos Civiles, y como
profesor de derecho constitucional en la
Universidad de Chicago.

Ese es Barack Obama.

Ese es el hombre que en Chicago ganaría
un asiento en la Asamblea de Illinois
en 1996. Años de lucha, esfuerzo y
de enfrentar el rechazo —aún en la actualidad—
de grupos conservadores con
tintes racistas que se resisten a aceptar
las condiciones de un negro. En 1995,
impulsado por los recuerdos de su padre,
escribió el libro {Sueños de mi padre},
donde acepta haber fumado mariguana y
“algún soplo de cocaína”. Carácter de hierro,
discurso que enciende, Obama tenía
claro su objetivo siguiente: el Capitolio.

Y llegaría 10 años después al ser electo
senador federal con una votación
sobre sus competidores que llamaría la
atención del país: 70% de los votos fueron
para Barack. Senador a los 45 años
de edad. Nada mal. Así lo retrata en su
exitoso libro {La audacia de la esperanza:
reflexiones sobre cómo restaurar el sueño
americano}, calificada por el columnista
Joe Klein como “la mejor memoria escrita
por un político americano”. Dice
Obama: “La mayoría de los días entro
al Capitolio por el sótano. Me subo a un
pequeño tren subterráneo que me lleva al
edificio Hart, donde está mi despacho, a
través de un túnel decorado con las banderas
y sellos de los 50 estados. La Cámara
del Senado no es el espacio más bello
del Capitolio, pero es imponente: paneles
de seda azul y columnas de mármol finamente
veteado, decorando las paredes de
color pardo. Por encima del techo forma
un cremoso óvalo blanco con una águila
americana grabada en el centro…”.

Muy pronto se percató —como él
mismo lo define—, que el Capitolio es
el cuerpo deliberativo más importante
del mundo, pero donde nadie escucha.
“Pronto me di cuenta que el país estaba
dividido y por tanto Washington estaba
también dividido, más dividido que en
ningún otro momento desde antes de
la Segunda Guerra Mundial. Había una industria del insulto acentuada desde las
elecciones del 2000 con Bush vs. Gore.
Entonces me aferré a la noción que la
política podía ser distinta”.

Inicios de julio de 2004. Suena el
teléfono del senador Obama. Del otro
lado de la línea el líder de los demócratas
le propone pronunciar el discurso
principal de la convención. Barack no
duda en aceptar.

27 de julio. Obama enciende a los demócratas
durante 17 minutos, sin interrupciones,
salvo los aplausos, y a nivel
nacional. Directo, sensible, encendido,
nuevo, refrescante. Su potente oratoria,
su sonrisa contagiosa, su discurso
social, provocan que los demócratas lo
admiren y piensen en el futuro. Concretamente
en el 2008. Hillary Clinton ya
tiene competidor.

Los días siguientes al ya célebre
discurso de la convención demócrata
fueron de locura para el senador por
Illinois. Entrevistas, perfiles, historias.
Todo mundo quiere saber de dónde vino
ese hombre negro con cara de niño.
¿Es cierto que es africano? En octubre
de 2006 la revista {Time} le da su portada
y le dedica media edición, mientras Barack
recarga baterías: “América, es hora
de que nuestros soldados regresen a
casa. Estados Unidos tiene que liberarse
de la tiranía de la guerra”. Y el delirio.
Y las remembranzas de {I Have a Dream}
de Martin Luther King. Y la inevitable
comparación con el joven Kennedy. “Todos
jurando lealtad a las barras y las estrellas”.
Y arremete: “Estados Unidos se
ha enfrentado a grandes problemas, pero
hoy nuestros líderes parecen incapaces
de trabajar juntos con sentido común”.

Alabanzas y críticas. Varias plumas
señalan que Obama es un inexperto en
política, con apenas 10 años de experiencia
como legislador. “Sus mítines
políticos pueden convertirse en talleres
de política”, afirma {Newsweek.} “Tiene
una posible falla: se postula para presidente,
no para el Consejo de la Ciudad,
y los asesores de Obama saben que su
enfoque no siempre se traduce en una
campaña presidencial moderna”.

El 10 de febrero pasado, Barack Obama
—el tercer senador negro de Estados Unidos desde la reconstrucción— hizo
pública su aspiración a la candidatura
demócrata a la presidencia de Estados
Unidos. “Aquí, donde Lincoln una vez
dijo que una casa dividida no puede
sostenerse de pie; aquí, donde las esperanzas
y los sueños en común todavía
están vivos, me presento ante ustedes
para anunciarles mi candidatura”.

Cuestionado por su falta de experiencia,
Obama suele responder: “Sé que no
he estado mucho tiempo aprendiendo
cómo funciona Washington, pero he
estado allí tiempo suficiente para saber
que las cosas tienen que cambiar”.

Barack Obama quiere la candidatura
aunque enfrente tiene a una competidora
formidable: la bella, talentosa y astuta
Hillary Clinton. El mundo ya goza de
este enfrentamiento político. De cualquier
forma, gane quien gane, seguramente
aportará un elemento inédito en
la historia presidencial americana: o una
mujer o un negro en la Casa Blanca, de
ganar los demócratas las presidenciales
del año próximo.

Nyangoma-Kogelo. Kenia. África.
Aquí casi todos llevan gorras y camisetas
con el rostro impreso de Barack Obama.
Todos apuestan a que sea presidente de
Estados Unidos “para que traiga dinero
al pueblo”… “para que haya escuelas y
hospitales”. “El hijo de Sarah elevará el
nombre de Kenia a lo más alto”, relata
la estupenda crónica de Yolanda Monge
para {El País.}

Los kenianos saben que el camino no
será sencillo para el hijo pródigo de la aldea.
Saben que enfrente tiene a Hillary,
“esa mujer blanca”, como refiere despectivamente
Mamá Sarah. “Quien se enfrente
a mi Barack, perderá. El traerá prosperidad
a los africanos y a los americanos”.

En la aldea saben que él es el hombre.
Saben también que muchos grupos
están en contra de que un negro llegue
a ser presidente de Estados Unidos. La
sombra de la tragedia o la posibilidad de
un atentado es algo que no se puede descartar
en el camino de Barack Obama.
Ojalá no suceda. Mientras tanto, en el
pueblo se habla de él, de Barack, del hijo
de Mamá Sarah, del afortunado.

{Is the man}. {{n}}