La discusión pública sobre la industria petrolera mexicana ha dejado
de lado lo que me parece más importante para la economía de nuestro
país: bajo casi cualquier escenario imaginable, la renta petrolera
generada por Pemex caerá durante los próximos años y hay muy poco que se
pueda hacer para impedirlo. Para el corto plazo (próximos cuatro o cinco años)
no importará si la industria se abre al capital privado ni si a Pemex se le otorgan
mayores recursos o se modifica su régimen fiscal; la renta petrolera caerá de
todos modos a menos que se registre un espectacular y permanente aumento
en los precios internacionales del petróleo. Esto significa, entre otras cosas, que
la capacidad contributiva de Pemex caerá y que el nivel del gasto público financiado
con la renta petrolera tendrá que ser menor al del último sexenio, años
especialmente afortunados para México en términos de generación de renta petrolera y por ello el contraste entre ese periodo (2001-2006)
y el que está por venir será mayor.
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