La elección de 2006 fue legal y transparente. Se cumplieron los mismos estándares de organización electoral que en el pasado y, en algunos casos, los indicadores mostraron un mejor desempeño como, por ejemplo, la eficacia en la instalación de casillas. Sin embargo, esta elección no generó entre los actores políticos el mismo acatamiento de los resultados que los comicios celebrados seis años antes, lo cual sembró insatisfacción y duda entre un segmento de la población. Uno de los motivos de esa insatisfacción es la percepción de que el proceso electoral fue “inequitativo” por la intervención presidencial, la publicidad de particulares con fines políticos y la propaganda negativa.
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