Las elecciones federales del 2 de julio pasado dejaron en muchos ámbitos lecciones y señales sobre lo que Andrés Molina Enríquez llamó, hace prácticamente cien años, los grandes problemas nacionales. Estos estímulos probablemente alimentarán por años la reflexión y el debate sobre el rumbo que debemos tomar como país y sobre las políticas públicas y las actitudes cívicas que debemos aplicar para resolverlos.
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