Desde hace mucho tiempo el hombre ha estado alterando, para su conveniencia, las características de los organismos vivos. Las cruzas de distintas razas de perros o de ganado, o la generación de variedades de plantas comestibles más resistentes a las plagas, son ejemplos comunes. Sin embargo, gracias al cúmulo de conocimientos acerca de la estructura molecular de los genes, que son fragmentos de ácido desoxirribonucleico (ADN), y de los mecanismos de su duplicación y de la transmisión de los caracteres hereditarios de cada especie, la capacidad del hombre para modificar la expresión de las proteínas en las células vivas se ha ampliado de manera impresionante. Así, es posible ahora manipular un solo gen y crear verdaderas quimeras moleculares.
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