En estos días aciagos de creciente confusión en el plano internacional escucho de voces atendibles, más o menos sensatas, el eco del consejo de Calogero que nos invita a respetar a las personas, no a sus ideas. Se trata de una premisa para iniciar el diálogo racional, sensato y prudente que tanta falta nos está haciendo. Difícil negar que el respeto al interlocutor es la condición de base para la discusión y que el espíritu crítico es la cuña de la razón. Pero no es fácil la teoría, ni pacífica la práctica.
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