¿...cómo es posible -se preguntará usted- que ese ínfimo pedazo de carne produzca efectos tan notables? Recuerde que en el inconsciente nada es ínfimo. Además, cada fragmento hay que ponerlo en su contexto. La disfunción de que estamos hablando aquí podría caracterizarse, en primer lugar, como una neurosis ilusoria. Su origen está en la etapa fálica y es justamente esa condición la que nos entrega la clave del problema. Porque la mujer clitoridiana no sólo ha sido incapaz de integrar las pulsiones parciales hacia el objetivo único y superior del coito -paradigma de la sexualidad adulta-, sino que experimenta -de manera ilusoria, como ya lo hemos dicho- un narcisismo que sólo puede explicarse a partir de esa falsa atribución fálica dirigida hacia el pequeño apéndice clitoral.
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