Al comenzar 2005, el quinto año de gobierno del presidente Fox será un puente crucial para el futuro de la democracia en México. Si reproduce las tendencias de desencuentro y de conflicto que se han venido escalando, ese puente no habrá servido sino para conducir, sin matices y sin redes, a la contienda hostil y descarnada por la presidencia que se librará en 2006. Pero queda ese año para apostar por la política: si en ese lapso nadie quiere contribuir a consolidar la democracia conquistada, tal vez se habrá perdido mucho más que un año. Ojalá se recuperen, al menos, el pudor y la vergüenza que faltaron al final de 2004.
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