DE LIBERALISMO Y MULTICULTURALISMO: CARTA DESDE TURÍN

Para quienes han escogido la “vida de los estudios”, la traducción de uno de sus ensayos siempre será un logro cargado de satisfacciones. Significa que sus ideas podrán ser conocidas y discutidas por otras personas, y para un autor no existe mayor satisfacción que la de saber que, gracias a una buena traducción, esas ideas se enriquecerán o se modificarán con las aportaciones críticas de un mayor número de lectores. Esto, sobre todo, cuando el idioma en el que el libro ha sido traducido permite llegar a interlocutores que viven en áreas del mundo en las que los problemas tratados son particularmente sentidos: me parece que este es el caso de la publicación en castellano de mi libro Liberalismo y multiculturalismo.

El proyecto de traducir este libro, que recoge una década de reflexiones sobre el debate entre liberales y comunitaristas en el seno de la “Escuela de Turín”, surgió de una plática informal con el Dr. Pedro Salazar Ugarte, que en ese entonces estudiaba su doctorado en el Dipartimento di Studi Politici de la Universidad de Turín. Pedro me sugirió explorar la posibilidad de realizar también una traducción al inglés argumentando que mis tesis deberían ser accesibles para los autores que critico con contundencia: Rawls, Walzer y Kymlicka, entre otros. En todo caso, Pedro comenzó con entusiasmo, bajo mi orientación y la de Michelangelo Bovero, la traducción del italiano al castellano. Una traducción de por sí complicada que se dificultaba aún más por la gran cantidad de citas de textos que ya habían sido traducidos al español pero que le pedí a Pedro que buscara escrupulosamente, una a una, en la versión original en inglés.

En un inicio no nos preocupamos por encontrar una casa editorial para realizar la publicación aunque teníamos en mente algunas posibilidades. Cuando había sido concluida una primera versión de la traducción, indiscutiblemente provisional, nos llegó la noticia de que la Editorial Océano había comprado los derechos de traducción del libro a la editorial italiana Laterza, encargándole la traducción y el estudio preliminar al Dr. José Fernández Santillán. Después de un breve momento de desconcierto—porque fuimos informados cuando las decisiones ya habían sido tomadas— celebramos con gusto la noticia: se trataba de un traductor experto y reconocido, también egresado de Turín, que ofrecía una magnífica oportunidad en una casa editorial sólida. No parecía difícil llegar a un acuerdo amistoso para realizar una co-traducción y, en efecto, lo logramos.

Aquella primera versión fue entregada —a finales de la primavera de 2003— para su necesaria y convenida revisión a José Fernández Santillán. En abril de 2004 el libro ha aparecido en las librerías mexicanas. ¿Por qué reconstruyo esta historia que aparentemente carece de importancia? Porque, para mi sorpresa, en el volumen no aparece el nombre de Pedro Salazar ni como co-traductor ni de ninguna otra forma. Desconozco cuál fue la circunstancia que provocó que su trabajo no fuera debidamente reconocido. Por ese dedicado trabajo, y en parcial reparación de esta desafortunada situación, quiero agradecer públicamente a Pedro Salazar.

Ermanno Vitale