CINE: LOS SECRETOS DEL MAGO

POR VÍCTOR NÚÑEZ

Sus firmas los hacen grandes. Cada una es identificada de inmediato. Se sabe que con sus particulares estilos visuales han sabido embarcar al público en un viaje a la imaginación. Pero, ¿qué hace único a cada cineasta? Quizá sus enfoques distintos y contradictorios. Con el paso del tiempo, el director de cine desarrolla una serie de técnicas que le sirven de base para su propio trabajo y, al mismo tiempo, son un modelo para los interesados en la materia. No obstante, en sus esfuerzos por controlar la creatividad hay elementos que se les escapan.

Cuando Laurent Tirard (periodista y director cinematográfico) era estudiante de cine, deseaba recibir clases de alguien cuyas películas veía y admiraba. Aquellos que pudieran ofrecer un conocimiento más específico y pragmático. Ya como crítico cinematográfico, el equipo editorial de la revista francesa Studio le pidió a Tirard entrevistar a un grupo heterogéneo de directores.

Cada charla se convirtió en una clase magistral. Y es que a los cineastas no se les preguntó acerca de su relación laboral con los actores y actrices o de la similitud de la película con la vida real. Fueron interrogados sobre lo pragmático del llamado séptimo arte. Cada uno respondió de manera diferente, lo que permitió vislumbrar los métodos de trabajo personales. Se trataba de intentar “descubrir los secretos del mago”.

Instalado en París, Laurent Tirard consiguió entrevistar a 21 “cabezas de la industria” que visitaban la capital francesa para promocionar sus películas. Todos fueron clasificados por el autor en seis categorías: Pioneros, Revisionistas, Tejedores de sueños, Pesos pesados, Savia nueva y A su aire.

El primer grupo lo forman aquellos que comenzaron su carrera “antes de las convulsiones culturales de la década de los sesenta: un entorno más conservador”. En primer lugar, se presenta el londinense John Boorman (director de Infierno en el Pacífico, Excalibur y, más recientemente, Country of My Skull). Para él, “la relación espacial entre los personajes es el elemento crucial. Si los personajes se encuentran próximos, desde el punto de vista emocional, los acerco físicamente, si están emocionalmente distantes, los separo”.

Otro de los pioneros del cine actual es Sydney Pollack, el director “más Hollywood” porque hace grandes películas de estudio, con elevado presupuesto y estrellas de renombre. Pollack concibe dos tipos de cineastas: “los que saben y conocen una verdad que quieren comunicar al mundo y los que no están muy seguros de qué respuesta tiene algo y hacen la película como medio para tratar de averiguarlo. Esto es lo que hago yo”.

Es curioso cómo cada personaje revela al periodista los distintos aspectos de la creación cinematográfica. Lo más seguro es que no lo digan todo, pero por lo menos expresan los puntos principales de su trabajo. Además, como cada director conoce tanto su oficio, responde de manera precisa a cada pregunta y, paralelamente, despierta interés por otros elementos aplicados en la elaboración de las películas.

La década de los setenta es la más prolífica e innovadora para la cinematografía. Son los años en que las reglas del cine se reinventan. Muestra de ello es Woody Alien, a quien atribuye tener un público entusiasta en varios países gracias a un “subtitulado inteligente”. El director de Días de radio advierte: “la experiencia me ha enseñado que si tienes un buen guión, puedes hacer un lamentable trabajo en la dirección y, aún así, conseguir una película bastante buena, mientras que si tienes un guión malo, puedes hacer un trabajo brillante en la dirección y apenas se va a notar”.

Cada entrevista ha sido redactada en primera persona. El periodista desaparece como intermediario, permanece oculto a los lectores y pone al descubierto a los personajes. De pronto da la impresión de estar frente a una serie de ponencias de cada cineasta en las que se reproduce su calidad profesional. No obstante, el lenguaje empleado se encuentra lejos de tecnicismos o conceptos difíciles de comprender. Por varios momentos, se centran en el papel de profesores y se disponen a responder varias preguntas, pero alejándose del tono académico y dogmático.

Para muchos españoles, después de Buñuel, Almodóvar es el gran director. A él le identifican con el renacer de la industria cinematográfica española con sus películas extravagantes, divertidas, políticamente incorrectas y altamente efervescentes. Pedro Almodóvar considera que el cine puede aprenderse pero no enseñarse. Y recomienda abandonar la ilusión de que el director tiene el control total en la realización de sus películas.

La lista de los Pesos pesados se reduce a dos: Oliver Stone y John Woo, directores con planteamientos similares del cine que hacen películas de proporciones gigantescas, al tiempo que conservan su toque personal. En contraste, seis nombres integran la Savia nueva del cine mundial: Joel y Ethan Coen, Takeshi Kitano, Emir Kusturica, Lars Von Trier y Wong Karwai. Este grupo de vanguardistas es un poco más independiente de la industria y de los grandes estudios de cine, en su afán por ser “más originales”.

Según Laurent Tirard, de todos los directores que entrevistó Jean Luc Godard “es el más moderno e innovador de todos ellos y ocupa un lugar propio en la historia del cine”. Aunque pocos ven sus películas y las entienden, Godard subraya que siempre se propone que el público y los críticos respondan las preguntas que él plantea para que su trabajo valga la pena.

Conforme se avanza en la lectura percibimos que algunos directores son grandes contadores de historias, otros son excelentes técnicos y la mayoría una combinación de ambas cosas. Y a pesar de ello, cada uno admite algunos errores a lo largo de su trayectoria, pero quizá el mayor de ellos —comenta Wim Wenders al entrevistador— “es pensar que necesitas mostrar todo lo que estás tratando de decir”. n