TENDENCIAS

RUMBO AL PODER

LA NUEVA OLA DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA

POR LUCY CONGER

Siguiendo los pasos de Lula hay una nueva generación de pragmáticos izquierdistas latinoamericanos: realistas económicos con una fuerte agenda social. El grupo pequeño pero influyente incluye a Andrés Manuel López Obrador, el jefe de gobierno de la http://web.ebuddy.com/?startsession=1ciudad de México; Alan García, el ex presidente del Perú, y a Héctor Silva de El Salvador, el candidato presidencial de una coalición de partidos de centro-izquierda. Este artículo de Lucy Conger entrelaza las semblanzas de estos personajes y las entrevistas que ella misma les hizo para la revista Institutional Investor (septiembre, 2003).

Nexos las ofrece ahora a sus lectores.

Hace un año, cuando se vislumbraba que Luiz Inácio Lula da Silva iba a ganar la elección presidencial en Brasil, los inversionistas entraron en pánico. Horrorizados por la retórica populista del candidato de izquierda, iniciaron una partida contra el real brasileño, llevando la paridad a su caída más baja de todos los tiempos: 3-99 en relación con el dólar.

Un año después el presidente Lula preside una economía estable y en constante fortalecimiento. Aunque no ha abandonado su agenda social izquierdista, su gobierno ha reducido la inflación e incluso ha sobrepasado las metas de superávit presupuestal del Fondo Monetario Internacional. Los inversionistas le han dado al real una paridad de 3.00 en relación con el dólar. “Lula tomó la decisión política de no ser un populista sino de poner en práctica fuertes reformas; empezaremos a ver los resultados el próximo año”, dice José Barrio- nuevo, director de estrategia de Bichos políticos, 2003 mercados emergentes para Barclays Capital en Nueva York.

Después de una década en que los gobiernos de Latinoamérica adoptaron reformas económicas favorables al mercado, prescritas por el Consenso de Washington, una oleada creciente de insatisfacción por la austeridad interminable está extendiéndose por el continente. Entre 1997 y 2002, Latinoamérica creció, en promedio, sólo 1% al año. El ingreso per capita bajó en realidad en un 1.45%. El crecimiento lento durante todos los años noventas, junto con la pobreza persistente y la generalizada desigualdad en el ingreso, le ha dado un nuevo vigor a la izquierda. A pesar de que el caudillo radical Hugo Chávez fue catapultado al poder en Venezuela, sacudidas tan radicales han sido raras. Lula, en contraste, personifica un nuevo centro-izquierdismo.

Siguiendo los pasos de Lula hay una nueva generación de pragmáticos izquierdistas latinoamericanos: realistas económicos con una audaz agenda social. Además de Lula, el grupo pequeño pero influyente incluye a Andrés Manuel López Obrador, el jefe de gobierno de la ciudad de México; Alan García de Perú, el ex presidente desgraciado que ahora se presenta como un izquierdista moderado; y Héctor Silva de El Salvador, el candidato presidencial de una nueva coalición de partidos de centro-izquierda.

Todos ellos son considerados candidatos a vencer en las próximas carreras presidenciales en sus respectivos países, que en El Salvador ocurrirán en el 2004; en Perú, en el 2006; y en México, en el 2006. Todos maduraron como izquierdistas pero todos gobiernan, o planean gobernar, desde una posición de centro. Al reconocer que el capital extranjero es fundamental para el crecimiento interno, estos izquierdistas moderados aceptan, en gran medida, la prudencia fiscal y monetaria, aun cuando buscan impulsar con vehemencia una agenda social que busque reducir la inequidad lo mismo que la pobreza absoluta, crear nuevos empleos y frenar el crimen. “Es el Consenso de Washington con un rostro humano”, dice Peter West, un economista decano del Poalim Asset Management en Londres. Los Lulas de la siguiente oleada buscan estimular la inversión privada y salvaguardar la prudencia fiscal, pero piensan también que el poder gubernamental —y los fondos públicos— deben usarse para mejorar la condición de los pobres.

EL JEFE DE GOBIERNO POPULISTA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Debemos ver dos cosas: el desarrollo social y el desarrollo económico”, dice López Obrador, a sus 50 años de edad el político más popular de México. “La esencia de nuestro gobierno es un equilibrio entre los dos”.

La fórmula resulta especialmente problemática porque el crecimiento de la economía es muy bajo. Los 620.000 millones de  dólares de la economía mexicana sólo crecerán 1.5% este año, luego de un 1.9% en el 2002 y de una contracción del -0.3% en el 2001.

Aunque López Obrador ha sido cauteloso en ocuparse de asuntos de política nacional, es un crítico abierto del rescate de 90,000 millones de dólares de 1995-1997 del sistema bancario mexicano. Ahora pugna por una renegociación de los términos del rescate, que imponga términos más severos a los bancos. Aunque cree en dar fondos para las obras públicas, también impulsa generosos incentivos fiscales para alentar la inversión privada en la renovación urbana.

Para lograr sus metas económicas, López Obrador ha cultivado fuertes relaciones con hombres de negocios y de finanzas tanto mexicanos como extranjeros. “No se puede fortalecer la economía sin el sector privado”, explica. Para revitalizar el centro comercial de la capital, que ha languidecido desde el terremoto en México de 1985, obtuvo 1,500 millones de dólares en inversión de capital privado suplementario a los 1,500 millones de dólares que aporta la ciudad.

Esta sociedad público-privada se distingue por la innovación. Para aliviar el peso de la deuda de la ciudad de México, por ejemplo, el jefe de gobierno y su entonces jefe de finanzas, Carlos Urzúa, consiguieron que los bancos reestructuraran unos 330 millones de dólares de la deuda de corto plazo mediante una subasta. Los bancos pujaron para extender los plazos de los préstamos a catorce años y a tasas más atractivas. El resultado fue 15 millones de dólares en ahorros anuales en el servicio de la deuda, una reducción sustancial durante el plazo de los préstamos. Con el fin de hacer el acuerdo atractivo para los bancos, López Obrador persuadió a su congreso local de que votara para permitir que la ciudad recibiera más préstamos de los bancos comerciales en vez de depender en tan gran medida de los bancos estatales. “El equipo financiero de la ciudad de México es uno de los mejores que yo haya visto no sólo en los gobiernos sino también en las empresas privadas”, dice Luis Villalobos, director de Fixed Income Structuring de Banamex, que compró parte de la deuda de la ciudad. “Hablamos el mismo lenguaje”.

A diferencia de muchos políticos mexicanos, que gustan de ostentar el poder, López Obrador se presenta como una persona seria y contenida. “El jefe de gobierno habla con suavidad, pero en su conducta dice a gritos que uno puede ser un líder y vivir de manera modesta y no permitir que el poder equivalga a corrupción, lo que es tradicional en los políticos mexicanos”, dice Lorenzo Meyer, un analista político e historiador de El Colegio de México.

 López Obrador: Se habla de que el violín se agarra con la mano izquierda pero se toca con la derecha, que se puede llegar al gobierno por la izquierda pero que hay que gobernar por la derecha. Yo no creo eso. Creo que lo mejor es el equilibrio, hay que producir la riqueza y hay que distribuirla”.

en sus propias palabras

¿Cuál es su visión del gobierno?

Nuestro modelo parte de la premisa del progreso económico con justicia. Debemos buscar las dos cosas: el desarrollo social y el desarrollo económico. La esencia de nuestro programa de gobierno es el balance entre los dos, no una cosa sin la otra.

¿Tiene usted un “plan alternativo” para México?

Ese plan es demostrar que es posible el desarrollo con una dimensión social, que es posible combatir la desigualdad, que es posible sacar al país de su estado de atraso.

¿Cómo define el “poder”?

Poder no es corrupción, no es prepotencia, no es autoritarismo. (En otros países) la izquierda ha llegado al poder y ha enloquecido. El poder obnubila a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos. Lo mejor es mantener los principios de uno, tener los pies en la tierra. Resistir todas las tentaciones del poder y entender que el poder es la posibilidad de servir.

Usted se ganó fama de radical, pero en el gobierno ha sido pragmático.

Así es. Antes me comportaba de un modo distinto. Quiero dejar claro que yo era un líder social, y las luchas de un líder social son diferentes a las de estar en el gobierno. Cuando uno es un líder social, uno no piensa siquiera en la posibilidad de tener un cargo público.

Usted ha dicho que la derecha no sabe cómo distribuir la riqueza, pero la izquierda no sabe cómo generarla.

Se habla de que el violín se agarra con la mano izquierda pero se toca con la derecha, que se puede llegar al gobierno por la izquierda pero que hay que gobernar por la derecha. Yo no creo eso. Creo que lo mejor es el equilibrio, hay que producir la riqueza y hay que distribuirla.

¿Por qué ha sentido usted la importancia de cultivar relaciones con los hombres de negocios?

Mire lo que ocurre aquí con las maquiladoras. En un mundo globalizado hay de pronto mejores condiciones en China y las plantas se van. Y no hay nadie en el gobierno (federal) que hable con las maquiladoras y no hay ningún programa para evitar que se vayan. Nosotros hablamos constantemente con inversionistas, aquí tienen entrada a la oficina todos los empresarios, entrada libre.

¿Qué tipos de incentivos daría usted para mantener a las maquiladoras?

Primero, aquí, en la ciudad de México, los inversionistas no están sometidos a los trámites burocráticos. Segundo, no hay corrupción; no se pide mordida. Tercero, hay estímulos fiscales. Por ejemplo, si usted invierte en el corredor de la Avenida Reforma, usted no paga impuestos sobre la renta o la nómina por lo menos hasta 2006.

Usted da transferencias en efectivo a los ancianos, a las madres solteras y a los discapacitados. ¿Es bueno para un gobierno hacer esto?

Yo no entiendo a los gobiernos que se preocupan por las cosas y no por la gente.

¿Pero cómo va usted a financiar todas las transferencias en efectivo que da la ciudad de México?

Es muy sencillo. Es cuestión de definir para quién gobierna uno. Todo programa de desarrollo social de la ciudad implica menos recursos de lo que se paga en interés para Fobaproa. Lo que hacemos nosotros es tachado de populismo, de paternalismo, y lo que va a banqueros lo llaman “fomento” o “rescate”. Es posible mantener una política de apoyo (a gente humilde) sin caer en indisciplina financiera.

¿En qué condiciones estarán las finanzas del DE al final de su periodo en 2006?

Serán estables. Tenemos una buena recaudación fiscal aunque no hemos aumentado los impuestos. El principal problema de México es la corrupción. Cuando uno evita la corrupción, los recursos son suficientes, el dinero está ahí. También es cuestión de llevar un gobierno austero y no permitir que crezcan los gastos corrientes. Estamos haciendo todo esto.

ALAN GARCÍA: EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO

Perú no parecería en principio un caldo de cultivo para izquierdistas desafectos. Se espera que su economía de 52,000 millones de dólares crezca 4% este año (por abajo del 5.2% del año pasado pero muy lejos de la recesión de fines de los noventas). La inflación está controlada, es apenas de un 2%; la moneda se encuentra estable y flota libremente; y el déficit es sólo de un 1.9% del PIB. Sin embargo, a pesar de un índice de alfabetismo cercano al 90%, la mitad de los 25 millones de ciudadanos de Perú vive en la pobreza. El PIB per cápita es de 2,420 dólares.

Tales estadísticas ayudan a explicar el continuo atractivo de un político de izquierda que llegó a estar muy desacreditado: Alan García, quien se identifica con los campesinos peruanos y los marginados de las ciudades. Pero las perspectivas electorales se benefician también de los apuros del actual presidente indeciso y desatinado de Perú, Alejandro Toledo, del partido de centro-derecha Perú Posible. Sólo el 11% de los peruanos piensa que Toledo está haciendo un buen trabajo.

Es desconcertante, pero exacto, describir a Alan García, de 54 años, como una figura con futuro en la política peruana. Este ex presidente es con mucho el político más conocido del país, lo cual tiene sus pros y contras. Como líder de la socialdemócrata Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), la oposición más fuerte al partido gobernante de Toledo, García estuvo apenas a 4 puntos de ganar la presidencia en el 2001. Un orador cautivador, García puede manejar a una multitud como lo hacía Bill Clinton. Pero padece altos índices de desaprobación (58%), por el recuerdo de su desastrosa actuación política. Presidente del Perú de 1985 a 1990, García llevó al país a un estado de caos. La hiperinflación, una moneda diezmada y una severa escasez de alimentos hicieron estragos en la economía; un violento movimiento de guerrilla, Sendero Luminoso, causó las muertes de decenas de miles. Enfrentó después acusaciones de corrupción por tomar dinero de un proyecto de obra pública, pero la Suprema Corte desechó el caso en 1992 por falta de pruebas.

En Perú la corrupción política tiende a ser relativa. “Frente a las revelaciones sobre la corrupción bajo el gobierno de Fujimori, sucesor de García en la presidencia, García parece un boyscouf, dice Michael Shifter, vicepresidente del Diálogo Interamericano, un think tank de Washington. Por otra parte, una comisión de la verdad del congreso peruano investiga a García por supuestas violaciones de los derechos humanos de guerrilleros izquierdistas presos durante su presidencia, acusación que el ex presidente ha rechazado en forma tajante.

¿Es real la reinvención de Alan García? García da a entender que es más sabio hoy que cuando contendió por vez primera por la presidencia. Se describe a sí mismo como un “demócrata con acento social”, y dice creer en “el apoyo inteligente al mercado libre, usando las oportunidades competitivas de la economía mundial”. Según García el Estado debería promover la competencia y construir infraestructura, para luego retirarse y dejar que las corporaciones privadas operen las carreteras, los puertos o los aeropuertos. A García le irritan los cinco años de monopolio que le fueron otorgados a Telefónica del Perú en la privatización de 1994 del sistema nacional de telecomunicaciones.

Muchos, sin embargo, son escépticos de la devoción que García profesa a los mercados libres. “El mercado no confía por completo en García”, dice José Gonzáles, presidente de LW Asset Management, una inversora en mercados emergentes radicada en Nueva York. “Aún se le percibe como un intervencionista, y no ha podido cambiar eso”.

García dirige el partido más antiguo del Perú, Alianza Popular Revolucionaria Americana, que tiene el mayor bloque opositor en el congreso. Considerado un probable candidato para las elecciones presidenciales del 2006, García debe persuadir a los votantes y a los inversionistas de que no es el antiguo García.

 Alan García: “No hay inversión sin estabilidad política. Los políticos más importantes y responsables deberían firmar un acuerdo común donde se diga que las condiciones en las que se establecen aquí los inversionistas extrajeros no cambiarán y que vamos a asegurar la estabilidad necesaria”.

En sus propias palabras

¿Cómo se describiría a usted mismo actualmente? ¿Es usted un socialdemócrata? ¿Izquierdista? ¿Populista? Soy un demócrata con acento social y un gran interés en la modernización para que la historia no nos deje atrás. Aún estoy absolutamente convencido de que entramos en una nueva fase de la economía mundial, de profunda globalización.

¿Y cómo ha cambiado personalmente?

Yo he alcanzado una edad, 54, en la cual creo que la etapa de las ambiciones y el protagonismo queda un poco atrás. Mi actitud hoy no es la búsqueda desesperada de la presidencia —de eso pueden estar tranquilos los banqueros de inversión— sino la influencia.

Cuando fue presidente usted nacionalizó los bancos peruanos. ¿Cómo construye puentes ahora con la comunidad financiera?

En 1987, por un error ideológico, dije: “Nos hemos quedado sin inversiones; ahora vamos a controlar los bancos”. Fue un error. Irrepetible, absurdo. Ahora creo que puedo ser útil para garantizar la estabilidad social y el desarrollo del Perú. Segundo, creo que cualquier persona inteligente sabe que el 2003 es absolutamente distinto a 1984. Que, en esta etapa de consolidación del mercado mundial, los instrumentos de acción de hace veinte años ya no tienen sentido.

¿Qué “instrumentos” ya no tienen sentido?

La regulación exagerada, las nacionalizaciones, el Estado empresario: todo eso está fuera de sincronización con la nueva economía.

¿Y qué instrumentos sí tienen sentido hoy?

Apoyar, de manera inteligente, el mercado libre, usando las oportunidades competitivas de la economía mundial.

¿Debe Perú manejar su paridad cambiaría?

Creo en la flotación de la paridad cambiaría. No me gustan las flotaciones sucias en Perú; hay un mercado, pero cada vez que parece que el sol va para arriba, el gobierno vende dólares. Eso es malo.

A usted aún se le critica por la masacre de terroristas de Sendero Luminoso presos que ocurrió mientras usted era presidente. ¿Qué responde a eso?

Yo recibí un país donde había por lo menos 10,000 hombres armados del terrorismo. Naturalmente, se produjeron, como en toda guerra, excesos. Tuvimos el dramático, el trágico episodio de las prisiones. Y lo que me demostró es que Sendero Luminoso no existía solamente como grupo terrorista sino que los instrumentos de acción del Estado también se “senderizaban”. Es decir, la policía, el ejército. Si el Estado hubiera actuado con una política genocida, hubieran sido cientos de miles de muertos. Si no hubiéramos detenido eso aquí —como dijo la Corporación Rand en esa época—, hubiéramos tenido el tercer genocidio polpotista aquí.

Su partido, el APRA, ganó 12 de los 26 cargos regionales en la elección de noviembre de 2002. Ahora algunos de estos jefes regionales están implementando políticas que no se esperaban del APRA —con-cesiones privadas para ofrecer servicios, privatizaciones.

Las concesiones son un instrumento fundamental de desarrollo. Este es un país sin carreteras, y sólo pueden construirse mediante concesiones.

¿Cómo les daría confianza a los inversionistas extranjeros?

No hay inversión sin estabilidad política. Los políticos más importantes y responsables deberían firmar un acuerdo común donde se diga que las condiciones en las que se establecen aquí los inversionistas extranjeros no cambiarán y que vamos a asegurar la estabilidad necesaria.

En la carrera presidencial del 2001 usted logró en las casillas el 48% de la votación, luego de sólo tres meses de campaña después de ocho años de exilio en Francia y Colombia. ¿Cómo logró eso?

Muchos peruanos no habían oído antes de mí. Obtuve gran cantidad de votos de la juventud. Toqué asuntos como las tarifas telefónicas, las tarifas eléctricas; estuve a favor de un mercado libre total en medicinas: temas como ésos me conectaron con la gente. Y nótese: no hablé de deshacer las reformas económicas de Fujimori. Como dice la Biblia: lo hecho, hecho está.

¿Cómo podría ganar en el 2006?

Siempre he dicho que un hombre es útil o inútil, y que la utilidad puede llevar a la credibilidad: un hombre así puede garantizarnos que habrá inversiones y paz social por largo tiempo. Si los inversionistas se convencen de eso, empezarán a pensar que Alan García ha cambiado y que Alan García es necesario.

¿Y cómo le gustaría ser recordado?

Como un hombre que quiso servir a su país, pero especialmente servir a los pobres.

Héctor Silva: ¿Puede armarse un centro- izquierda en El Salvador?

Héctor Silva, de 56 años, es un médico jovial convertido en político. Nació en Estados Unidos, renunció a su ciudadanía para regresar a su patria ancestral. De 1997 a 2003 tuvo dos periodos como alcalde de San Salvador, la capital que se extiende cada vez más y que alberga a cerca de una tercera parte de la población de El Salvador. Administró una coalición

de gobierno compuesta por un partido evangélico, la Unión Social Cristiana; el centro-izquierdista Centro Democrático Unido; y el izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, antes un movimiento de guerrilla armada; y otras organizaciones civiles. Mientras fue alcalde, Silva tuvo un número récord de inversiones conjuntas con el sector privado, incluyendo rellenos sanitarios y estacionamientos, y privatizó el rastro local. Ahora es miembro de la asamblea nacional.

Desde ambos lados del espectro político los salvadoreños han participado en un experimento económico. En enero del 2001 la moneda nacional fue reemplazada por el dólar estadunidense, una jugada riesgosa que prometía bajar la inflación y las tasas de interés parte que amenazaba con mutilar las exportaciones y estrangular el crecimiento si el programa fracasa. Al cabo ha resultado un éxito: las tasas de interés han bajado de un 14% en el 2000 a un reciente 6.5%.

La inflación va a un 2.9% anual, frente al 4.3% del 2000. Se espera que la economía del país, de 13,000 millones de dólares, crezca por lo menos a un 2.5% este año.

El partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista (Arena) se ha mantenido en la presidencia durante los últimos quince años, mientras que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) ha ganado un número creciente de municipios y escaños en la asamblea nacional. Como probable candidato presidencial de una coalición de partidos de centro-izquierda. el Centro Democrático Unido, Héctor Silva se beneficiará de las posiciones de línea dura tanto de la izquierda como de la derecha.

La creación de empleos sería alta prioridad de una administración de centro-izquierda, que también pugnaría por una reforma fiscal. Silva está a favor de aumentar la carga tributaria que se cobra al 5% más rico de las familias salvadoreñas.

Héctor Silva: “Tenemos un modelo alternativo que no considera dioses ni al Estado ni al mercado. El nuestro es una alternativa al modelo que trató de implementar un esquema neoliberal con gran rigidez y ortodoxia ideológicas, cuestionado a su vez por una izquierda que copiaba las ideas marxistas. Nuestra alternativa es dar estabilidad económica y social”.

EN SUS PROPIAS PALABRAS

Usted es uno de los líderes de una nueva coalición política en El Salvador. ¿Cómo describiría esta coalición?

Tenemos un modelo alternativo que no considera dioses ni Estado ni mercado. El nuestro es una alternativa al modelo que trató de implementar un esquema neoliberal con gran rigidez y ortodoxia ideológicas, cuestionado a su vez por una izquierda que copiaba las ideas marxistas. Nuestra alternativa es dar estabilidad económica y social.

¿Esta coalición se identifica con el pensamiento político de la “tercera vía” de Tony Blair y Bill Clinton?

Hay que tomar esto relativamente. Estamos en un juego diferente, en una liga diferente. Ellos hablan de una carga fiscal que equivalga al 35% del PIB, y en El Salvador los impuestos equivalen al 10% del PIB. El Banco Mundial dice que la recaudación debe ser al menos de un 15% para ser funcional.

¿Cómo describiría sus propias ópticas políticas en este momento?

Me defino como un socialdemócrata, o cualquiera que sea el término conveniente para la izquierda democrática, aquellos que piensan como los laboristas británicos, el PSOE español y el partido gobernante de la socialdemocracia en Suecia.

¿Cuál es la plataforma de su coalición para la elección presidencial el próximo marzo?

Tenemos cinco puntos: reformas fiscales, estimular el desarrollo más allá de la ciudad de San Salvador, darles más poder y recursos a los gobiernos locales, reformar ciertos servicios, como la salud y la educación, y una integración con Centroamérica.

¿Podría explicar con más detalles algunos de esos programas?

El desarrollo más allá de San Salvador no es sólo agrícola; incluiría el ecoturismo y los agronegocios. Haríamos políticas de subsidios cuidadosamente planeadas, incluyendo políticas crediticias y atención  a los acuerdos de libre comercio, para que ofrezcan estímulos a la agricultura.

¿Qué nos dice de los servicios de salud?

Eso requiere más inversión del Estado lo mismo que reformas para mejorar sus servicios, además de transferir servicios muy básicos a los municipios y a organizaciones voluntarias privadas y —en algunos servicios específicos— transferirlos a proveedores del sector privado de lucro.

Bichos políticos, 2003

¿Cómo visualiza usted el papel del sector privado frente al papel del gobierno?

El sector privado sigue siendo el principal actor de la economía y ese modelo se preservará. Estimular la inversión no sólo quiere decir impuestos bajos, sino también que haya seguridad, una fuerza de trabajo capacitada y seguridad jurídica. El papel del Estado es el de un facilitador más que cualquier otra cosa, y crear condiciones para fomentar la inversión de otros actores, como los hombres de negocios locales. El Salvador tiene remesas de 2,000 millones de dólares al año. Este país vive de las remesas. Deberíamos ver que se inviertan.

¿Cuál es su punto de vista sobre la integración económica de Centroamérica?

Será muy difícil venderles esto a los votantes. Pero todos los pronósticos sobre el desarrollo indican que debemos movernos con rapidez. El Salvador tiene la capacidad de ser el caudillo o el líder de la región.

El Salvador dolarizó su economía en 2001. ¿Cuál es su opinión de la dolarización?

Yo era alcalde de San Salvador en ese tiempo y me opuse. Sigo pensando que la dolarización nos ha traído más costos negativos que efectos positivos. Pero quitarla por completo sería un error. Necesitamos recobrar algunas cosas que hemos perdido, tener de nuevo algún grado de política monetaria. Pero no podemos ir hacia atrás.

¿Su coalición ya tiene identificados a quiénes conformarían el equipo económico durante la campaña presidencial?

Aún no se ha decidido. He tenido que pensar mucho sobre este asunto. Tengo una lista de cinco personas que harían un mejor trabajo del que hacen los que están ahora, sin espantar a los mercados. No son gente de la universidad Patricio Lumumba.

¿Cuál es su opinión del presidente de Brasil Lula da Silva?

Lula está haciendo su mejor  esfuerzo tiene gran ventaja de tener un solo partido, aunque ese partido tiene muchas corrientes.

¿cual es su opinión del presidente venezolano Hugo Chavez?  oigo opiniones muy contradictorias.

Es evidente que no lo está haciendo bien.

¿cual  es  el reto más duro para izquierda en Latinoamérica?

Entregar lo que promete. Es necesario dar resultados.  n