EN BUSCA DEL MÉTODO

La humanidad de la humanidad, publicado en Francia en noviembre de 2001, ahonda en las posibilidades contemporáneas de reprimir la barbarie y civilizar a los humanos.

La reciente traducción del quinto tomo de El método (Cátedra), de Edgar Morin, da cuenta de una de las empresas intelectuales más ambiciosas de la actualidad. Iniciado en 1977 (y traducido por Cátedra a partir de 1981), El método se propuso comprender en un todo complejo las diferentes modalidades de los saberes para articularlos a través de reflexiones que sólo en apariencia resultan ajenas o contradictorias; Morin se proponía así elaborar un pensamiento complejo que hiciera posible abordar lo mismo la ciencia que los problemas humanos, sin perder la riqueza de su complejidad intrínseca y aprovechando en cambio las tramas sutiles que los recorren. Los cuatro tomos anteriores (.La naturaleza de la naturaleza, 1977; La vida de la vida. 1980: El conocimiento del conocimiento. 1986, y Las ideas, 1991) habían conseguido mostrar la inteligencia y las posibilidades de su perspectiva, articulando las ciencias del hombre con las ciencias de la naturaleza, asediando la posición del conocimiento, así como los hábitos y la moral de las propias ideas. En esta tarea de romanos, Morin privilegia el uso de tres herramientas: la dialógica, o unidad compleja de dos elementos opuestos que se complementan al tiempo que se combaten y que a diferencia de la dialéctica no superan su conflicto; el rizo recursivo, por el que los efectos retroactúan sobre las causas, y el principio holográmico, de acuerdo con el cual cada elemento contiene en pequeño la totalidad de la que forma parte.

La humanidad de la humanidad. la quinta entrega de El método, es en realidad el primer volumen (La identidad humana) del díptico con que en apariencia Edgar Morin concluirá su elaboración del pensamiento complejo (la última entrega se llamará La complejidad ética). Aquí el autor octogenario medita sobre la naturaleza de lo humano utilizando los saberes del sociólogo sin despreciar las experiencias acumuladas de su propia vida con resultados que la crítica francesa calificó en su momento de estimulantes y soberbios. Ninguna realidad le resulta ajena: “El ser humano es plenamente físico y plenamente metafísico, plenamente biológico y plenamente metabiológico. El ser humano no sólo vive de racionalidad y herramientas, se dilapida, se entrega, se consagra a las danzas, los trances, los mitos, las magias, los ritos, cree en las virtudes del sacrificio, y con frecuencia ha vivido para preparar su otra vida, más allá de la muerte”. Síntesis de una vida. La identidad humana se salta las categorías estancas de homo sapiens, homo faber y homo economicus, para subrayar que “existe una relación manifiesta o subterránea entre el psiquismo, la afectividad, la magia, lo imaginario, el mito, la religión, el juego, la consumición, la estética, la poesía: es la paradoja, la riqueza, la prodigalidad, la desdicha, la felicidad del homo sapiens-demens”.

Publicado en Francia en noviembre del año del atentado terrorista contra el World Trade Center de Nueva York, La humanidad de la humanidad concluye con una serie de preguntas acerca de las posibilidades contemporáneas de reprimir la barbarie y civilizar a los humanos, de hacer proseguir la hominización en humanización. Y con estos temas en mente, Morin respondió al año siguiente dos preguntas sobre las esperanzas posibles para el futuro y El malestar en la cultura freudiano:

“Lo que desapareció es la certeza del progreso histórico y la confianza en el futuro. La ilusión propiamente moderna que aseguraba que “hoy es mejor que ayer y mañana será mejor que hoy’ ha muerto. La incertidumbre se apropió del futuro. Claro está que uno puede esperar un progreso, pero éste no se deberá a una ley’ de la historia, sino a la conciencia y la voluntad humanas, y no será irreversible. El socialismo, tanto en su forma soviética como en su forma socialdemócrata, dejó de ser La Solución para el futuro. Después de 1989, el liberalismo económico no ha sido más que muy poco tiempo, y sólo para ciertos políticos o  tecnócratas, la Nueva Solución. De donde se desprende la tendencia en gran parte del mundo, sobre todo cuando el presente está angustiado, a volverse a las raíces, al pasado, a la esperanza religiosa, a encerrarse en la comunidad étnica o nacional. Entre nosotros se trata de la tendencia a vivir ‘al día’, a vivir el presente. De tal forma, uno asiste a una resistencia espontánea contra la prosa de lo cotidiano, contra la banalización de la vida. Se huye de ella en forma de vacaciones, viajes exóticos, fines de semana o salidas. La adolescencia, sobre todo, se esfuerza en resistir a la prosa del mundo adulto a través de la aventura, del ‘deslumbramiento’ o los éxtasis producto de las drogas ilegales o legales (alcohol). No se trata forzosamente de diversiones en el sentido pascaliano. Son intentos por resistir a la ofensiva de prosa generalizada característica de nuestra civilización, por sustraerse a la cuantificación de todas las cosas y a la mecanización de las condiciones de vida. Un poco por todos lados, la calidad comienza a resistir a la cantidad.

“Sigmund Freud atribuía el malestar en la cultura a la hiperrepresión de una sociedad refinada. Las pulsiones agresivas reprimidas son enterradas en lo más profundo, y se fermentan antes de volver a salir brutalmente a la superficie aprovechando una crisis. Dicho de otra manera, en la visión freudiana la civilización no es más que una costra superficial sobre un sustrato de barbarie. Mientras más armoniosa y ordenada parece, más tensiones exasperadas, más amenazas de implosión nerviosa encierra en el subsuelo. El interés de El malestar en la cultura es que además de sus aspectos teóricos documenta, tres años antes del ascenso de Hitler al poder, el rostro oculto de la escalada de los peligros, la marcha hacia el abismo de todo un continente. Releer en la actualidad a Freud es al mismo tiempo tomar conciencia de la distancia que nos separa de él. Existe un nuevo malestar diferente del malestar de la represión de los instintos y que se debe a los propios éxitos de nuestra civilización. El desarrollo técnico y material ha producido un subdesarrollo psíquico y moral, el bienestar ha producido malestar, sin suprimir las zonas de anomia y miseria. Todo individuo lleva en sí mismo, a la vez, una propensión egocéntrica y una propensión comunitaria. Nuestra civilización favorece no sólo el individualismo, una de sus virtudes, sino también sus excesos: el egocentrismo y el hedonismo, y desintegra a las comunidades concretas”.

Cuando en el año de 2001 se publicó el libro de Edgar Morin, en Francia se destacó la influencia que su obra tiene entre la academia sudamericana. Citando a universitarios de Argentina, Brasil, Colombia y Uruguay, se subrayó el camino intermedio que a partir de la elección de la ciencia y del método, la obra del sociólogo francés proporciona a un continente curtido en las violencias sociales y políticas, n