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La respuesta es difícil. Le debo tanto al católico Bernanos, como al agnóstico Camus; tanto al místico San Juan de la Cruz, como al pagano Saint John Perse; tanto a la fe de carbonero de mi padre, como al vitalismo anárquico de Salazar Mallén… La vida y la obra de un hombre están atravesadas por otras tantas obras y vidas que hacer una clasificación de ellas y de sus influencias sería como intentar meter el mar en un pequeño agujero. Pero no queriendo eludir la pregunta y ya que ésta se refiere a las influencias de los escritores católicos, puedo intentar hacer una modesta clasificación.

En poesía creo que hay tres vertientes: la primera es San Juan de la Cruz. De él aprendí a mirar el misterio de Dios en el alma y la lira que, creo, aún no ha agotado sus posibilidades como instrumento poético. La segunda es de Lanza del Vasto, el discípulo católico de Gandhi, y de su amigo, el poeta y lingüista Pierre Souyris. Ellos me enseñaron a pensar el misterio poético como una forma de la encarnación, como una manera en la que el espíritu se filtra a través del cuerpo del poema para revelar algo del misterio de Dios que nos habita. La tercera, sobre la que me encuentro trabajando, me viene del anglicano Eliot, de él he estado aprendiendo a buscar a Dios y la redención de Cristo entre los escombros de la tradición.

En novela, creo que también hay tres vertientes. Bernanos, que me ha enseñado a indagar en los recovecos más secretos del alma humana y a descubrir a Cristo en la vida de la Iglesia y de los hombres de hoy; Graham Greene, que me ha enseñado a seguir los procesos de la gracia y a intentar narrar de manera cinematográfica, y Albert Camus que, aunque nunca fue católico ni cristiano, me ha enseñado a plantear las interrogantes existenciales del hombre de cara al absoluto.

 

Javier Sicilia
Entre sus libros, Poesia y espiritu.