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Difícilmente podemos disociar a las iglesias del poder en México; en consecuencia, sus actividades han rebasado los límites propios de sus labores religiosas. A pesar de los intentos por construir un Estado que no sólo reconozca la pluralidad sino que fomente el respeto indispensable entre los diferentes pensamientos que en la nación conviven, en distintos momentos de la historia nacional hemos sido rebasados por la intolerancia, y las instituciones religiosas, en no pocas ocasiones, han sido protagonistas.

La educación impartida por religiosos ha sido también herramienta de manipulación para el ejercicio del poder. Lejos de respetar los derechos y libertades, principios consagrados en la Constitución Federal, algunas instituciones religiosas continúan empotrándose en el ejercicio de imponer a cualquier costa, por más que su pensamiento se veía arrollado por los nuevos tiempos, alejándose de sus propios postulados; de ahí que el distanciamiento de la Iglesia en este ejercicio resulte necesariamente positivo. La Iglesia como institución en México debe desechar el pasado oscuro de la dominación y el vasallaje para que se sitúe en un plano más acorde con los tiempos del país.

La sociedad mexicana no debe caracterizarse por su uniformidad en torno a religiones o ideologías, sino al alto valor de la tolerancia, el diálogo y el respeto a la diversidad. El Estado mexicano es el responsable de fomentarlos y de garantizar su plena vigencia que tiene que ver directamente con la educación; el Estado mexicano, por ende, es el único que debe normar y diseñar los planes y programas de estudio, en estricto apego a lo que establece el artículo 3 constitucional; su aplicación, sin ser privativa, podría desarrollarse por otros agentes siempre y cuando respeten estas normas y sean consistentes con la educación científica que el Estado promueve, así como los principios de armonía, de desarrollo, democracia y estricto respeto a las instituciones que el Estado conforma.

 

Jesús Ortega
Senador por el Partido de la Revolución Democrática.