Miguel Angel Muñoz. Escritor.

Quienes conozcan el trabajo de Gutierre Tibón sobre algunos temas poco explorados, reconocerán en sus libros el ingrediente que lo convierte en uno de los investigadores e historiadores más polémicos e importantes de nuestro país. En la obra de Tibón la emoción se concentra en originales trabajos que nos descubren la riqueza de un lenguaje expresivo y poco explorado en México. Gutierre tiene el mundo en el alma y en los labios, es un políglota con el espíritu multiplicado por los tantos idiomas que le han transmitido los pobladores de otros pueblos, desde el alemán, griego, latín, italiano, hasta el náhuatl: debido a ello parece por dentro un caleidoscopio de ideas que le dan personalidad de sabio y de poeta. Es un Aladino nacido con miles de siglos de retraso, que con la lámpara maravillosa de su cultura, muy antigua y muy moderna, da a su ingenio el don de abrir las puertas de oídos y corazones deleitando a éstos con sus rápidas palabras cuajadas de pensamientos sobrenaturales para bien del mundo, escribió Isidro Fabela en 1964, refiriéndose a Gutierre Tibón.

El Néstor de México, uno de los hombres más insignes que ha producido nuestro país, don Isidro Fabela, realizó una loa a Gutierre Tibón para su primer antología que lleva por nombre Gutierre Tibón, 25 años en México. También apadrinó, allá por 1938, el establecimiento de Tibón en nuestro país. Fabela quiso publicar el libro, que es de cierta manera un resumen de la fructífera labor mexicana de Gutierre en México.

Analizar las más de 1400 páginas escritas por Tibón no es tarea sencilla, ya que además de ritmo cuentan con una rica sustancia temática. México 1950, en donde el autor se adelanta al tiempo, fue escrito diez años antes y publicado en 1942. Ahí su visión se cumple paso a paso, pues Antonio Acevedo publicó en El Nacional, por 1956. una lista de las previsiones de Tibón que se cumplieron por aquellos años. Ahí están Vuelo con 8000 pegasos (1950), ViajealaIndia por aire (1944), Pinoteca Nacional (1961), Versos decaglotos (1919‑1940), América setenta siglos de un nombre (1960) libro erudito, escrito en forma de novela. En este último trabajo nos remonta a la fisiología de la raíz del nombre de nuestro continente. Aquí se exploran las circunstancias determinantes por las cuales este continente ha venido a llamarse América. También nos remonta a una antigüedad pavorosa; buscando los orígenes del nombre fatídico en el corazón de Asia, hace setenta siglos. El ombligo como centro erótico (1979), donde descubre las cosmogonías y rituales del ombligo: él mismo apunta en el inicio de la aventura intelectual: “cuando. hace muchos años, supe que México significaba en náhuatl ‘en el ombligo de la luna’, quise descubrir la raíz de tan peregrina denominación”. También es autor del Diccionario etimológico comparado de los apellidos españoles, hispanoamericanos y filipinos, el cual es el más completo no sólo en lengua española, sino en cualquier idioma. Su Onomástica Hispanoamericana es el tratado más ecléctico publicado hasta hoy sobre apellidos. En ambos libros hay hallazgos nuevos y soluciones difíciles a algunos problemas lingüísticos. Otro de sus trabajos importantes es sobre El jade de México (1983), donde con su acostumbrada erudición descubre el fascinante mundo esotérico del jade (o sea el chalchihuite, para usar la voz antigua) y enlaza las palabras de Huitzilopochtli con las de Magiscatzin al soldado de Cortés y futuro cronista. Ahí Tibón nos presenta las guerras de los aztecas que durante casi dos siglos fueron básicamente para reunir el gran tesoro del jade, incomparable riqueza de índole religiosa y mágica. En 1995, con motivo de sus setenta años dedicados a la investigación, aparecieron tres nuevos libros, donde se comprueba su propósito constante: armonizar la más severa disciplina intelectual con la amenidad muy particular de su estilo. Ahora Aventuras de los aztecas en el más allá (1995) narra en detalle las misteriosas excursiones al más allá, llenas de aventuras, símbolos y mitos que presentan un panorama completo del pensamiento esotérico de nuestros antepasados. Iniciación al buldismo (1995), estudio sobre una de las religiones más comentadas y menos conocidas en el mundo, ensayo que trabajó junto con su hermano Juan Manuel Tibón, nos muestra quién fue Buda, cómo alcanzó la iluminación perfecta, entre otras interrogantes, que son contestadas mediante anécdotas, narraciones y diálogos. Y el más sobresaliente: Nuevo diálogo de la lengua, con el cual da un mensaje: “despertar la conciencia de la responsabilidad que nos incumbe, al haberse desplazado el centro de gravedad geográfica del castellano”. Libro de proposiciones innumerables: quitarle la suprema autoridad al diccionario de la Real Academia Española, y suprimir las letras inútiles como “H” muda y la “Y” superflua, así como las disonancias que causa la yuxtaposición de consonantes. El libro está realizado con la más severa disciplina intelectual, pero con esa amenidad particular del estilo de Tibón, acudiendo siempre a su creatividad innovadora que asombra en cualquier momento: ya que asombrar es empezar a fabular.

Su obra es de una laboriosa tenacidad, que podemos seguir en su espiral interna, desglosando las manías de su sabia escritura, comprobando tanto sus estudios filológicos como sus escritos sobre la tradición mexicana.

Nacido en Milán, Italia, Gutierre Tibón se educó en Suiza y publicó su primera monografía, II Monte Bre, en Basilea a la edad de 15 años. De 1922 a 1939 viajó por toda Europa, así como por Asia y el norte de nuestro continente. En 1932 introdujo en Suiza la industria de las máquinas de escribir Hermes Baby y que actualmente se fabrican en varios países. En Ginebra, Isidro Fabela, entonces representante de México en la Sociedad de Naciones, le ofreció establecerse en nuestro país, donde encontraría un amplio campo para sus inquietudes de investigador. Así, Tibón desembarcó en Veracruz a principios de 1940 para iniciar en su patria electiva una labor intensa, consignada en sus libros escritos en español e italiano.

En reconocimiento al valor de sus estudios lingüísticos, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó en 1946 el grado de doctor honoris causa; tres años después, la Universidad Nacional Autónoma de México lo nombró profesor de lingüística comparada y alfabetología, cátedras que impartió durante algunos años en la Facultad de Filosofía y Letras. Es premio nacional por sus investigaciones y premio Alfonso Reyes 1987 y miembro de la Academia Nacional de Ciencias y del Sistema Nacional de Creadores. En 1963 fundó el Instituto de la Enciclopedia de México, que se propuso publicar “todo lo mexicano, ordenado alfabéticamente en diez tomos”.

“La obra de Gutierre Tibón es de una laboriosa tenacidad, que podemos seguir en su espiral interna, desglosando las manías de su sabia escritura, comprobando tanto sus estudios filológicos como sus escritos sobre la tradición mexicana”.

para Julio Ortega

Ante los ojos de Gutierre Tibón siento que estoy bajo la mirada de Occidente. Juan José Arreola