Una de las preguntas más frecuentes en toda conversación sobre los problemas y retos de nuestro país es la de por qué la economía mexicana no crece. Me es fácil recordar innumerables reuniones, comidas o cafés en los que dicha pregunta se ha convertido en tema de debate y acaloradas discusiones. El estancamiento económico de México desde 1982 es, hoy en día, un elemento fundamental alrededor del cual gira la agenda de políticas públicas del país. Es en este contexto en el que muchos creen y esperan que la aprobación de varias de las reformas estructurales propuestas por la actual administración lleve a un nuevo periodo de crecimiento económico sostenido en México. En Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico de México, el reconocido economista mexicano Jaime Ros presenta de manera clara, concisa y bien fundamentada razones para no ser tan optimistas al respecto: “El argumento central que expongo es que la actual agenda de reformas no va a servir de mucho para salir del estancamiento y que hacerlo demanda cambiar la agenda”.

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Dada la importancia y complejidad del tema, existe ya un gran número de estudios, tanto por parte de economistas mexicanos como extranjeros, que abordan detalladamente el tema de la falta de crecimiento en México.1 Sin embargo, me parece que este libro representa una importante y novedosa contribución al debate debido a tres principales razones: 1) el momento y contexto de su publicación; 2) al análisis puntual que proporciona acerca de las bases de varias de las reformas propuestas por la actual administración; 3) la aportación de ideas sobre el crecimiento que van más allá de las directamente relacionadas con las reformas recientes. A pesar de no ofrecer concretamente una “agenda alternativa de política económica”, me parece un texto de gran relevancia pues analiza directamente la realidad de la política económica mexicana bajo un rigor académico que no es fácil encontrar en estudios accesibles para cualquier interesado en el tema.

Al inicio, el libro proporciona una clara imagen del decepcionante crecimiento de la economía mexicana a partir de 1982 y hasta la fecha. Los números presentados por Ros son bastante conocidos, pero siempre resultan sorprendentes para los que no tienen una idea muy clara de la magnitud del desastre. Asimismo, Ros pregunta cuál sería el estado actual de la economía mexicana si “… el producto por trabajador en México hubiera continuado creciendo a la tasa del periodo 1950-1981”, mejor conocido como desarrollo estabilizador. Se trata de una pregunta que, en cierto tono sentimental, he escuchado en por lo menos una ocasión de cada uno de los economistas que conozco y que vivieron el final de este periodo; pero que deja muy clara la importancia de tener un diagnóstico correcto de los impedimentos al crecimiento de la economía mexicana desde 1982. Como lo dice Ros, si dichas tasas hubieran continuado, probablemente varios de los problemas que hoy enfrentamos en México, como la pobreza, los altos niveles de informalidad, rezagos en educación y salud, así como del financiamiento de pensiones, no estarían presentes.

Los argumentos que Ros expone en su libro se basan en el marco teórico básico que los economistas utilizan  para estudiar los determinantes del crecimiento de largo plazo de un país. El libro describe dicho marco de manera detallada, pues su comprensión es de suma importancia para identificar las bases sobre las que descansa su tesis. Por lo mismo, se vuelve inevitable la introducción y discusión en esta reseña sobre algunas ideas recurrentes en el texto. Simplificando enormemente la introducción a dicho marco teórico, partamos de la siguiente pregunta: ¿qué “cosas” determinan el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de una economía? Para comenzar, debemos definir estas “cosas” que utiliza un país para producir los bienes y servicios que conforman su PIB y a las que se les conoce como factores de la producción. De manera muy general, podemos agrupar a todos los factores de la producción en únicamente dos principales: los trabajadores empleados, también conocido como el factor trabajo; y las máquinas, edificios, computadoras, etcétera, que los trabajadores utilizan para poder producir bienes y servicios, también conocido como el capital físico. Por lo tanto, si la cantidad de trabajadores y de capital físico determinan el PIB de una economía en un determinado año, entonces el crecimiento de éste de un año a otro debe de poder descomponerse en una especie de suma o ponderación del crecimiento de cada uno de estos factores entre estos mismos años.

Sin embargo, al analizar el crecimiento del trabajo, el capital físico y el PIB para poder descomponer el crecimiento de este último, existe una parte de dicho crecimiento que no se le puede atribuir ni al crecimiento del trabajo ni al del capital. A este faltante o residual se le conoce como  el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), es decir, una parte del crecimiento del PIB se debe a que el mismo número de trabajadores utilizando el mismo número de máquinas que el año pasado pueden producir más un año después, en otras palabras, tanto trabajadores como máquinas se vuelven más productivos. De hecho, existen varios estudios que siguiendo esta metodología, también conocida como contabilidad del crecimiento, cuantifican dicho residual para diversos países y encuentran que explica una parte importante del crecimiento de largo plazo en éstos. Dado este resultado, una importante línea de investigación durante por lo menos los últimos 20 años se ha enfocado en intentar entender cuáles son los determinantes del crecimiento de la  PTF. Esta línea ha dado lugar a las que ahora algunos llaman propuestas microeconómicas y que tienen el potencial para que los factores de la producción se vuelvan más productivos.

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Las propuestas microeconómicas han acaparado el  debate sobre el motor del crecimiento económico  y han dejado a un lado políticas que potencialmente pueden afectar directamente el crecimiento de los factores de la producción, por ejemplo, una mayor inversión pública, bajas tasas de interés o un peso menos fuerte que incentive a mayores exportaciones; siendo todas estas ejemplos de políticas macroeconómicas. Estas políticas  se consideran importantes instrumentos para lograr  la estabilidad macroeconómica de un país (e.g., bajas tasas de inflación), pero, de acuerdo con una importante línea de la teoría económica del crecimiento, no cuentan con el potencial para lograr mayores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Ros expone de manera clara cómo el diagnóstico  que actualmente domina las ideas de los encargados de las políticas públicas en México considera al crecimiento de la PTF como causante fundamental del crecimiento del país, lo que implica que la mejor manera de retomar el crecimiento económico es a través de reformas microeconómicas que aceleren el crecimiento de la PTF. Esta visión ha llevado a una nueva y esperada ronda de reformas impulsada por la actual administración. Al respecto, Ros menciona cinco elementos esenciales del diagnóstico dominante sobre los impedimentos al crecimiento en México, que a su vez han representado los pilares fundamentales de varias de las reformas que han sido aprobadas: (1) los incentivos a la informalidad como causa del estancamiento de la productividad; (2) la rigidez del mercado de trabajo como freno a la creación del empleo; (3) la falta de competencia como obstáculo a la innovación y a la competitividad; (4) la escasez de capital humano como restricción al crecimiento; (5) las fallas institucionales como explicación de un crecimiento mediocre. El diagnóstico actual da un lugar central a cada uno de estos elementos como impedimentos para retomar el crecimiento de largo plazo. La idea central que recorre Algunas tesis equivocadas sobre el estancamiento económico de México es que este diagnóstico es equivocado.

La mayor parte del libro se ocupa en analizar los cinco elementos antes mencionados, cada uno en un capítulo (capítulos dos al seis), y de presentar argumentos puntuales de por qué la potencial solución a estos temas a través de las reformas no tendría efectos significativos sobre el crecimiento económico en México. Cada capítulo hace referencia a estudios conocidos de economistas destacados que analizan el tema en turno y lo colocan como un impedimento sustancial al crecimiento de la PTF; presenta un análisis de los fundamentos empíricos y analíticos del tema que a su vez conlleva a que las bases de dichos estudios parezcan poco sólidas y, finalmente, proporciona referencias a diversos estudios que abordan estos temas desde perspectivas distintas a como son interpretados según el diagnóstico actual. Me parece que cada uno de estos capítulos por sí mismo ya es una contribución que hace que la lectura del libro valga mucho la pena. Sin embargo, creo que la mayor contribución del texto se encuentra en los capítulos dos y siete, a pesar de que es en estos mismos donde se pueden identificar algunos de los puntos endebles en los argumentos de Ros.

Para Ros, el diagnóstico en el que se basan las reformas microeconómicas es erróneo por dos principales razones. En primer lugar, argumenta que los cambios en la PTF no son independientes del mismo crecimiento económico, aunque las reformas propuestas descansan sobre este importante supuesto. ¿Cómo entender este argumento? Notemos que al medir la contribución de la PTF como un residual, los ejercicios de contabilidad del crecimiento suponen implícitamente que ésta no depende de ninguna manera del crecimiento de los factores de la producción. Por ejemplo, si en realidad cada vez que aumenta el capital físico también aumenta la productividad, pero no tomamos esta dependencia en cuenta, entonces siempre estaremos sobreestimando la contribución de la PTF sobre la del capital físico en el crecimiento del PIB. Ros considera que el caso relevante es cuando sí existe dicha dependencia y argumenta que la PTF no ha crecido en México debido a un lento crecimiento del capital físico, por lo que el papel de la PTF en el crecimiento no es tan importante como lo supone el diagnóstico que domina entre los encargados de las políticas públicas en México. Por lo tanto, “[…] el deterioro en el desempeño de la productividad de la economía mexicana desde 1982 tiene que interpretarse como una consecuencia de la lenta expansión económica y la baja acumulación de capital”. Ros respalda este argumento en una enorme literatura teórica sobre los modelos conocidos como de crecimiento endógeno que fue muy popular hacia finales de los años ochenta e inicios de los noventa, así como una clásica y muy interesante literatura que inició con los primeros economistas que escribieron sobre desarrollo económico, ambas presentadas de manera excepcional en Rethinking Economic Development, Growth, and Institutions (2013), otro libro del mismo autor, donde aborda estos temas de manera extensa.2

En segundo lugar, Ros está en desacuerdo con el diagnóstico que supone que la política macroeconómica (fiscal, monetaria o cambiaria) no puede contribuir al crecimiento una vez lograda la estabilidad macroeconómica. Este argumento se basa en los mismos modelos de crecimiento endógeno que Ros considera como adecuados para analizar los determinantes del crecimiento, pues las políticas macroeconómicas sí tienen el potencial de afectar el crecimiento de largo plazo de un país bajo dicho marco teórico. Esto se debe a que, si estas políticas afectan positivamente el crecimiento del capital físico, entonces este efecto se verá reflejado no sólo en la acumulación de este factor, sino también de manera positiva en la PTF, lo que conlleva a mayores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Los argumentos de Ros no cuentan con defecto alguno si se toma como premisa que el tipo de modelos que el autor tiene en mente es el correcto. Sin embargo, si bien los modelos de crecimiento endógeno tienen cualidades teóricas que los hacen muy atractivos, la popularidad de éstos ha venido disminuyendo durante los últimos 15 años debido a distintas razones muy complejas que, por falta de espacio, no podemos discutir aquí, a pesar de representar una potencial debilidad en los argumentos de Ros.3

Para Ros el principal problema del diagnóstico actual es que éste muestra una confusión elemental entre una asignación más eficiente de recursos en una economía,  y mayores tasas de crecimiento. Las reformas microeconómicas están enfocadas hacia lograr una mejor  asignación de los recursos, por lo que, según Ros,  no acelerarán el crecimiento de la economía. Para entender mejor estas ideas, consideremos el siguiente caso. El trabajo total empleado en una economía en realidad está distribuido entre los distintos sectores que conforman ésta y que se distinguen por tener diferentes productividades en el uso de los trabajadores. Si por alguna razón los trabajadores no pueden cambiar de trabajo fácilmente entre sectores, entonces puede darse el caso que un sector con una baja productividad cuente con demasiados empleados, mientras que uno con alta productividad tenga pocos. Una asignación más eficiente del factor trabajo sería tal que el sector más productivo tendría más trabajadores empleados que actualmente, y esto se vería reflejado en una mayor producción total. Al medir la productividad como residual considerando al factor trabajo en su totalidad y no por sectores, la ineficiencia en la asignación de los trabajadores entre sectores se ve reflejada en una menor PTF. Por lo tanto, mejorar la eficiencia en la asignación de los factores de la producción resulta en una mayor PTF y mayores niveles de PIB. Sin embargo, al lograr tal eficiencia en la asignación de los recursos, la PTF no tendría por qué seguir creciendo e impulsando el crecimiento de largo plazo del producto, es decir, el PIB aumentaría su nivel de una vez, pero esto no implicaría mayores tasas de crecimiento en el largo plazo.

Vale la pena subrayar este argumento del autor, pues esta distinción entre eficiencia y crecimiento es de suma importancia y pocas veces, si no es que nunca, se menciona en el debate sobre las actuales políticas públicas en el país. El punto de Ros es claro, sin embargo, la literatura reciente ha mostrado que la eliminación de distorsiones en la asignación de recursos puede explicar grandes diferencias en los niveles de PTF entre países, por lo que la transición entre dos niveles de PTF al reducir dichas distorsiones implicaría un periodo de mayor crecimiento.4 ¿Qué tan largo sería este periodo? Dado que se trata de una literatura muy reciente, éstas siguen siendo preguntas abiertas. Sin embargo, investigaciones recientes que buscan responder a este cuestionamiento sugieren que una asignación más eficiente de los recursos puede afectar el crecimiento de largo plazo de manera positiva, por lo que dicho periodo sería muy extenso.5 Por ejemplo, si una asignación más eficiente del trabajo entre sectores  se traduce en mayor inversión de las empresas así como un mayor número de éstas, el efecto sobre la tasas de crecimiento de largo plazo puede ser significativo.

A manera de conclusión, me parece interesante  mencionar dos temas de relevancia que Ros aborda en  su libro de manera superficial, pero que ponen sobre la mesa algunas ideas que el diagnóstico actual ignora  como determinantes del crecimiento del país. En primer lugar, la transformación en la estructura sectorial que ha sufrido la economía mexicana desde los años ochenta. El número de trabajadores empleados en el sector de servicios relativo al número de trabajadores en el sector manufacturero en México ha crecido muy rápidamente en los últimos 30 años. Por lo tanto, la presente asignación de la fuerza de trabajo en México se parece más a la de un economía desarrollada que a la de una emergente que tradicionalmente tiene altas tasas de crecimiento debido a que una mayor fuerza de trabajo es empleada en manufacturas, las cuales son más productivas que los servicios. No existe ejemplo alguno de país que haya revertido la tendencia a tener más personas trabajando en servicios una vez alcanzada la estructura de un país desarrollado, por lo que es necesario pensar en maneras distintas a las que pudieron haber funcionado hace 30 años para salir del estancamiento a través de mayor industrialización.6 Relacionado a este hecho, otro tema de suma importancia, y que Ros únicamente menciona en una nota a pie de página, es el de reconsiderar una política industrial más activa. Esta política podría utilizarse para sustituir distorsiones en ciertas industrias con instrumentos de política focalizados.7 Sobre estos dos temas concuerdo con Ros y creo que sería interesante escuchar el punto de vista de los encargados de la política económica actual en el país.

Referencias

Acemoglu, D. (2009), Introduction to Modern Economic Growth, Princeton University Press, EE.UU.
Aghion, P. y Howitt, P. (1997), Endogenous Growth Theory, The MIT Press, EE.UU.
Duarte, M. y Restuccia, D. (2010), “The Role of the Structural Transformation in Aggregate Productivity”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 125(1), pp. 129-173.
Hanson, G. (2010), “Why Isn’t Mexico Rich?”, Journal of Economic Literature, vol. 48(4), pp. 987-1004.
Hsieh, C. T. y Klenow, P. (2009), “Misallocation and Manufacturing TFP in China and India”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 124(4), pp. 1403-1448.
Hsieh, C. T. y Klenow, P. (2012), “The Life Cycle of Plants in India and Mexico”, documento de trabajo 18133, National Bureau of Economic Research.
Itskhoki, O. y Moll, B. (2013), “Optimal Development Policies with Financial Frictions”, mimeo, Princeton  University.
Kehoe, T. y Meza, F. (2011), “Catch-up Growth Followed by Stagnation: Mexico 1950–2008”, Latin American Journal of Economics (antes Cuadernos de Economía), vol. 48(2), pp. 227-268.
Parente, S. (2001), “The Failure of Endogenous Growth”, Knowledge, Technology and Policy, vol. 13(4), pp. 49-58.
Peters, M. (2013), “Heterogeneous Mark-Ups, Growth and Endogenous Misallocation”, mimeo, London School of Economics.
Rodrik, D. (2013), “Unconditional Convergence in Manufacturing”, The Quarterly Journal of Economics, vol. 128(1), pp. 165-204.
Rogerson, R. y Restuccia, D. (2008), “Policy Distortions and Aggregate Productivity with Heterogeneous Plants”, Review of Economic Dynamics, vol. 11(4), pp. 707-720, octubre.
Ros, J. (2013), Rethinking Economic Development, Growth, and Institutions, Oxford University Press, EE.UU.

Ricardo Reyes-Heroles

Candidato a doctor en Economía por la Universidad de Princeton.


1 Los múltiples documentos basados en las reuniones del Grupo Huatusco, así como los trabajos de Hanson (2010) y Kehoe y Meza (2011) son sólo algunos ejemplos.

2 Ver Aghion y Howitt (1997) o Acemoglu (2009).

3 Ver Parente (2001) o, para una crítica menos elaborada, pero atinada, ver Krugman, “The New Growth Fizzle”, The New York Times, 18 de agosto de 2013.

4 Ver Rogerson y Restuccia (2008), así como Hsieh y Klenow (2009, 2012).

5 Ver Peters (2013). Éste incorpora la eficiencia en la asignación de recursos en un modelo de crecimiento endógeno.

6 Ver Rodrik (2013).

7 Ver Itskhoki y Moll (2013) para más ideas relacionadas.

 

4 comentarios en “¿Por qué no crece México? Una visión heterodoxa

  1. Interesante el punto de vista de Ros y de Ricardo. Estoy totalmente de acuerdo en que el uso eficiente de los recursos y la tasa de crecimiento son conceptos muy distintos. Sin embargo, mi respuesta a la eterna pregunta ¿Por qué México no crece? es fundamentalmente microeconómica. La tasa de crecimiento de un país es una variable ENDÓGENA y es producto de las decisiones conjuntas de todos los agentes económicos. Si una economía contara con un uso eficiente (eficiencia estática y dinámica) de sus recursos y su tasa de crecimiento es “baja”, ¿Se debe hacer algo por elevarla? No. Por lo tanto, la única política de crecimiento sensata es promover el eficiente uso de recursos en cada mercado. Esta tarea implica mucho trabajo de análisis y puede implicar 3,200 “reformas estructurales” a lo largo de muchos años. Desafortunadamente, no hay varita mágica que remplace el trabajo detallado que implica alcanzar el uso eficiente de todos los recursos.

  2. El estudio de Ros es una de las mejores propuestas para crecer, en estostienpos.

    El problema del sistema actual es una asignación caótica de recursos y nulas políticas específicas (industrial, subsidios, capacitación, etc).

    Por igual, la corrupción y el debilitamiento institucional incrementan este problema del crecimiento.

    Como muestra un botón: China ha llevado acabo medidas para crecer desde hace casi 40 años , en un contexto de un estado fuerte (y partido único) y que regula la actividad global.

    Por su parte, el que el sector servicios en México sea mayor que otros sectores, es sinónimo de DISTORCIONES estructurales (informalidad) y no de un progreso sostenido.

    La moneda está en aire o como decía Joan Robinson: en el largo plazo todos estanos muertos, pero hoy, necesitamos vivir , estar vivos, hacer las cosas.

    • La máxima no fue expresada por Joan Robinson originalmente sino por John Maynard Keynes, un saludo

  3. Ya decía Pierre Bordieu que el uso de la palabra esta legitimado por los medios institucionales que detentan el poder de decidir acerca de quien posee objetividad y quien no. No se trata de traer al papel y a la difusión los elementos legitimadores de un discurso, títulos académicos, bibliografías y razonamientos. Es propio de economistas, ergotizar–lease a Marx Weber– acerca de su propia disciplina, lo que equivale a argumentar en el plano de una lógica que no tiene errores, pero que sin embargo evidencia multitud de puntos de fuga argumentales. El más obvio de esos puntos de fuga tiene que ver con el hecho de que los protagonistas de su argumentación son datos inertes, se mencionan como variables, que se pretenden manipulables, habría que ver si existen seres humanos detrás de esos “factores”. No se trata de traer economistas a la discusión, ni de pretender que la erudición debe de alcanzar ciertos límites de entendimiento económico, se trata de hacer visibles ciertos problemas fundamentales del funcionamiento de una economía. Los economistas explican cómo funciona un motor económico, si se me permite una analogía, y que es lo que falla en ese motor, pero la sociedad mexicana es el caso de un motor que tienen otros principios básicos de funcionamiento que por razones muy humanas funciona del modo en que lo hace, no son fallas del motor metafórico que es el que utilizan los economistas para hacer sus evaluaciones, sino características muy humanas socialmente hablando las que determinan el funcionamiento de ese motor: podemos decir que no hay paradigma de la economía mexicana, se hace paradigma al construirlo incluyendo esos rasgos de carácter social que lo caracterizan. No se niega la validez del análisis económico, pero la economía no son trajes que se adquieren por tallas en una tienda departamental –MTI, HARVARD, OXFORD, etc.–, son experiencias de vida que nadie puede vivir por nosotros y menos si se pretende que una problemática de una sociedad se resuelve invocando variables y pretendiendo modificarlas, eso equivale a pensar como los legisladores, que “creen” que redactando leyes están arreglando algo. Dicho sea con todo respeto.