Desde los años noventa, organizaciones criminales como La Familia Michoacana, el Cártel del Golfo y el Cártel de Sinaloa impusieron sus propias reglas en varios municipios del país. Los cuerpos policiales colaboraban activamente con ellas o fungían como cómplices pasivos. En 2006 Michoacán se había convertido en el estado más violento de México: al cierre de ese año trágico se habían registrado 526 ejecuciones.
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