El signo del sexenio que concluye fue la violencia y su visibilidad. Vale la distinción porque en la última década del siglo pasado México mostró tasas promedio de homicidios más elevadas y más estables. Lo que distingue a estos últimos seis años es la reversión de una tendencia negativa en la tasa de homicidios, sobre todo la concentración de los homicidios asociados a una causa central: el crimen organizado. Ello implicó un crecimiento dramático en el número de homicidios en los que se usaron armas de fuego; un proceso de concentración geográfica, y la visibilización de un tipo de violencia que no conocíamos, en monto y modo.
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