Maduro

Melquíades sólo iba por salsa de soya. No es que fuera mucho mejor ni más barata de la que podía comprar en cualquier supermercado, pero adentrarse en el Barrio Chino, sobre todo en la tienda de Zong, que siempre tenía algo nuevo, le entusiasmaba. Cuando agotaba su provisión dedicaba una tarde de sábado a reemplazarla.

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Publicado en: 2007 Noviembre