Las relaciones diplomáticas formales
de México con la Santa
Sede son muy recientes. Están cumpliendo
apenas tres lustros. Comparadas
con las centenarias de algunos
países, como las de España o Francia,
dichas relaciones están apenas en sus
primeros pasos. México se encuentra
en un grupo de naciones, como Estados
Unidos o Israel (aunque también
decenas de otras), que apenas
está explorando las posibilidades que
estas relaciones ofrecen. Me parece
importante, por lo tanto, profundizar
en las características de las mismas
para poder hacer algunas sugerencias
que permitan mejorarlas. Ruego, sin
embargo, que se me permita hablar
con poca diplomacia y total libertad
académica, para ser más efectivo y
cumplir mejor mi papel.
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