Inicio con una pequeña analogía. La calle Madero, en el centro de la Ciudad de México, no nació el siglo pasado ni fue diseñada para autos. Se adecuó a las necesidades de la sociedad: siempre se pudo caminar, pero primero la usaron cuadrúpedos, luego carruajes, después autos y ahora ha sido acondicionada para los peatones, aunque en algunas ocasiones entren autos con carga.
La red eléctrica puede y debe ser igual: debe evolucionar para satisfacer las necesidades sociales.
Hace unas semanas, expertos en sistemas eléctricos dieron un dictamen de lo sucedido con el apagón del 28 de diciembre pasado. El estudio fue contratado por la CFE, y la propia empresa usó políticamente una parte del dictamen para intentar responsabilizar a los privados y a las renovables del apagón, pero el dictamen tiene muchos más puntos que es necesario retomar. Los expertos mencionaron que México tiene un sistema eléctrico longitudinal y que es necesario invertir para fortalecer el sistema ¿Qué significa eso? La red eléctrica, al igual que las calles, no fue planeada de inicio para lo que ya tenemos, sino que fue desarrollándose y transformándose.
Originalmente, los sistemas eléctricos eran generadores que se instalaban al lado de donde se usaba energía o, en algunos casos, como algunas hidroeléctricas, eran las fábricas las que se instalaban al lado de donde se podía generar. Así, los generadores comenzaron a instalarse cerca de las ciudades, para que la energía se consumiera en ellas. La hidroeléctrica de Necaxa fue una de las instalaciones que se hicieron a casi 200 kilómetros de donde se consumía la energía (la Ciudad de México), pero eran pocas.
Las ciudades fueron interconectándose entre sí para poder intercambiar energía, lo que dio origen a lo que hoy es el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Para dar más seguridad y redundancia (o sea, que si falla una línea para transportar energía haya otra disponible) al sistema, se construyeron más líneas. En ese momento, la generación eléctrica estaba basada en dos tipos de generadores: hidroeléctricas y plantas de combustibles. El sistema siguió creciendo e incorporó a la nucleoeléctrica, pero se mantuvo igual y con planeación centralizada.

Ilustración: Víctor Solís
A finales del siglo pasado se entendió que el uso de los combustibles generaba incremento del dióxido de carbono en la atmósfera, lo que genera un efecto invernadero: el calor se retiene en la superficie de la Tierra y ésta se calienta. Una de las prioridades de la humanidad se volvió, entonces, dejar de quemar combustibles, que en el caso del sistema eléctrico se centra en dejar de usar energía fósil y usar en su lugar fuentes renovables.
Las fuentes renovables eran caras, pero su uso masivo en el mundo abarató la tecnología para volverla la más competitiva y barata del mundo. México tiene uno de los mejores potenciales eólicos y solares del planeta, pero muchos de estos recursos no están cerca de las ciudades, sino que deben conectarse a líneas que antes sólo servían para llevar la energía de una ciudad a otra. Esta situación agrega complejidad a la operación del sistema, pero es ineludible y es perfectamente posible de operar.
Por ejemplo, la zona de Tampico-Altamira genera mucha de la energía que se consume en Monterrey. Entre estos dos centros urbanos hay mucho potencial eólico. La mejor forma de agregar los parques eólicos es conectarlos a la línea que enlaza a estos dos centros urbanos. Así, una línea de interconexión se volvió una colectora de energía.
Para fortalecer esa línea, y para poder agregar más generadores eólicos, debe construirse una línea que “amplíe los carriles” de la “autopista eléctrica” que es la línea de transmisión. Ese proyecto ya estaba en camino con un proceso llamado “temporada abierta”, en el que los desarrolladores eólicos no instalaban su central eléctrica y la conectaban a la red, sino que invertían en la nueva línea y la donaban a la CFE, pero el proyecto está parado. Como esa, hay muchas obras que están indicadas en el Programa de Ampliación y Modernización del SEN, que darían más flexibilidad al sistema y que el transportista (CFE) no ha logrado desarrollar.
Estos proyectos de transmisión —que no requieren dinero público o para los que sí hay recursos— han sido cancelados desde el gobierno con la idea (real) de que si no se desarrolla mayor capacidad de transmisión, no podrán entrar más renovables y así se frenará a los privados. Por lo tanto, se vuelve necesario mantener la operación de generadoras que se basan en combustibles derivados del petróleo, que es el centro del proyecto energético del sexenio.
En ese aspecto, los expertos contratados por la CFE fueron claros: las inversiones en transmisión son impostergables, y de ellas depende la seguridad y confiabilidad del SEN, pues la demanda eléctrica crece y sin ellas los apagones o “cortes programados” serán cada vez mayores en número y en gravedad. Y se refieren a esas inversiones que se bloquearon a inicios del sexenio.
Semanas después de la presentación de los resultados del estudio, el coordinador del grupo de expertos fue nombrado director del Centro Nacional de Control de Energía. Esperemos que impulse el refuerzo y la transformación del Sistema Eléctrico Nacional para que, al igual que la calle Madero, no sea la vía que se necesitaba cuando inició, sino la que necesitamos para satisfacer las necesidades actuales de la sociedad, que ahora es la transición energética.
Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía