Culiacán: la guerra que no acaba

En septiembre de 2024 estalló la crisis de violencia en Culiacán, derivada de una pugna interna del Cártel de Sinaloa; el saldo es trágico: 1828 homicidios dolosos y 2390 desapariciones en doce meses marcados por la desesperanza, la angustia colectiva y el temor entre los habitantes del estado.

“Hemos vivido un año en el que si hacemos una analogía, es como si estuviera lloviendo todos los días”, contó a Agencia EFE Miguel Calderón Quevedo, coordinador del Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP), una organización que evalúa el problema social de la violencia y la inseguridad. Esa metáfora describe cómo se siente vivir aquí.

La violencia en Sinaloa se disparó a partir del 9 de septiembre de 2024, cuando Culiacán se convirtió en el epicentro de la guerra interna entre la Mayiza y la Chapiza. Desde entonces, el estado acumuló más de 2400 homicidios y entre 2000 y 4000 personas desaparecidas en poco más de un año. Sólo entre septiembre y diciembre de 2024 se registraron 656 asesinatos. En 2025 la cifra escaló a 1421 homicidios, convirtiéndolo en el año más violento en al menos quince años. La violencia no cesó en 2026: asesinatos, feminicidios y desapariciones continuaron, de este modo se consolida un conflicto prolongado que transforma la vida cotidiana y deja a la población atrapada en un estado de alerta permanente.

Escribo esto no desde la decepción, sino desde la frustración. Quiero recuperar mi vida, quiero recuperar mi ciudad. La sociedad vive atrapada, no sólo por la violencia y la inseguridad, sino porque se vive como en una zona de guerra: militares deteniendo a la gente común, como si fuéramos criminales. Aunque uno sea inocente, siempre se siente sospechoso bajo la mirada de autoridades armadas, mientras los políticos traen a sus propios guardaespaldas y dicen que todo es normal en el estado.

Han pasado más de quinientos días, casi dos años desde que comenzó esto. Muchos consideran que todo empezó con el asesinato de Cuén Ojeda, que no se ha esclarecido, y con la detención del Mayo Zambada, el 25 de julio de 2024, quien supuestamente fue traicionado durante una reunión. Ese día hubo una inquietante tranquilidad. Más adelante, el 29 de agosto la violencia se desató con balaceras en los alrededores de la ciudad. El domingo 8 de septiembre se registró en Culiacán una intensa noche de violencia con balaceras, levantones, robos de vehículos y disparos contra autos y casas, lo que provocó la suspensión de clases desde entonces.

Culiacán no sólo fue tomado por la violencia: fue tomado por el tiempo. La ciudad se quedó atrapada en un presente de alerta. Culiacán no está en guerra todos los días, pero vive como si lo estuviera siempre. Ya no hacen falta balaceras para que la ciudad se paralice.

Lo más parecido a esto es una pandemia, por eso se ha llamado una “narcopandemia”. Eventos como el Grito de Independencia, el Día de Muertos y hasta Navidad se celebraron en 2025 de una forma similar a 2024: fiestas, bodas, posadas, todo más reducido, con gente que prefiere quedarse a dormir antes que manejar después de las diez de la noche. Este Año Nuevo fue distinto a todos. Incluso en 2024 se registraron balazos a medianoche, pero en la despedida de 2025 no hubo disparos al aire. Tal vez porque hasta los mismos delincuentes no quisieron delatar su paradero.

Retenes eternos

Tanta vigilancia con retenes: militares parando a familias, jóvenes que salen del trabajo, personas mayores que sólo hacen lo necesario, como simulando que están haciendo algo para combatir el crimen. Pero el crimen es tan organizado que les saca la vuelta a los puntos donde hay retenes o, simplemente, evita conflictos para no detener a personas involucradas. Incluso durante el polémico caso de la influenciadora Nicholette, que fue secuestrada, en un video se menciona que el vehículo en el que fue “levantada” pasó justamente por un retén. Lo mismo se pensó con el atentado contra el diputado de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres: cuando se supone que siempre hay vigilancia y hay días en que se ven militares cada 10 o 20 metros, ese día casi no había vigilancia en las calles.

Además, los retenes sólo generan tráfico. La ciudad de por sí está saturada. Siempre veo que soldados o agentes de policía se pasan semáforos en rojo como si atendieran una emergencia, cuando en realidad sólo están “dando la vuelta”, como si estuvieran vigilando.

Se menciona en las noticias la llegada de miles de elementos: una estrategia para mostrar fuerza y mantener a raya los hechos delictivos. Pero los hechos continúan como si nada. Muchos aquí lo ven como un show. Sin embargo, entiendo la lógica: al gobierno le resulta más conveniente no interferir y dejar que los bandos del crimen organizado se acaben entre ellos, algo que ya ha tomado años. Pero a pesar de miles de elementos de seguridad, los habitantes no nos sentimos seguros ni cuando vamos por tortillas y vemos vehículos con torretas apuntando a las calles.

Ilustraciones: Patricio Betteo

La vida social

A los sinaloenses se nos cataloga como alegres, fiesteros, siempre listos para una carne asada con música de banda o para ir por mariscos a refrescarnos en una tarde calurosa. Es parte de la vida en Culiacán. Con todo esto, se siente casi antinatural tener una rutina de sólo ir a la escuela, al trabajo o salir únicamente cuando es necesario. La gente teme ir a bares, a los tacos, a plazas o a cualquier parte por miedo a que pase algo: ser víctima de robo de auto o quedar en medio de una balacera. Esta crisis de seguridad también ha afectado a negocios y empresarios. La economía de Culiacán es otra víctima: el miedo a las extorsiones, la falta de clientes y los locales baleados o incendiados han golpeado fuerte.

Cada vez que abro redes sociales y veo reels o videos de TikTok es inevitable que se hable de Culiacán. Muchos influenciadores han sido relacionados y señalados. También pienso que muchas personas admiran ese estilo de vida, pero lo que me da curiosidad es que muchas veces ni siquiera son de aquí: son de otros estados y sueñan con ser “alucines”. La música de moda, que habla de poder, fiestas, dinero y drogas, repite palabras que aquí se han usado desde siempre: “pistear”, “morritas”, “plebes” y muchas más.

He visto que muchos periodistas creen que la música y las redes sociales, al mostrar ese tipo de vida, se usan como reclutamiento para jóvenes que ven historias de personas que no tuvieron nada, que vienen de abajo, pero ahora son respetadas y temidas. Quisiera profundizar más en esto en otra ocasión.

Mineros desaparecidos

El 23 de enero de 2026 se dio a conocer la desaparición de diez mineros en el municipio de Concordia, Sinaloa, quienes fueron privados de su libertad. Los mineros estaban en un inmueble rentado por la compañía, en una zona serrana, cuando sujetos armados los sustrajeron a la fuerza. Los trabajadores de la empresa minera canadiense Vizsla Silver aparentemente fueron localizados en fosas clandestinas, pero sólo algunos han sido identificados.

El descubrimiento de las fosas ocurrió en los primeros días de febrero en El Verde, un poblado a 17 kilómetros de la cabecera municipal de Concordia. Esta noticia me causó indignación y frustración. Me molesta la idea de que eran personas trabajadoras y fueron asesinadas por considerarlas sospechosas. Pienso en el momento en que supieron que tendrían que ir a trabajar a una zona así: lo primero que debió cruzarles por la mente fue que sus vidas correrían peligro sólo por hacer su trabajo. ¿Qué habrán pensado en sus últimos momentos? ¿En su familia, en Dios o en si al menos encontrarían sus cuerpos, sabiendo que no se puede dialogar con criminales? Espero que sus familias encuentren pronta resignación.

Atentado contra policías y tránsitos

Algo que ha ocurrido desde que comenzó esta guerra son los atentados contra policías y agentes de tránsito. No trato de buscar los motivos. Quizá muchos fueron obligados a hacer cosas que no eran correctas o la corrupción era tan profunda. Pero si nadie cuida a los policías, ¿entonces quién cuida de nosotros? De niño uno piensa que los policías son como superhéroes: combaten el mal y siempre están del lado de la justicia. Al crecer uno ve otra realidad. Los comprendo: ejercer como policía es un riesgo en México. Pienso que ser policía en México es muy diferente a ser policía en otra parte. Cuando todo esto comenzó, encerraron a los policías y los revisaron. Durante varias semanas no había policías en las calles y cuando volvieron no tenían armas.

Fernando Alan

El pasado 3 de enero de 2026 hubo una supuesta perse-cución y balacera en una de las calles principales de Culiacán, donde un joven llamado Fernando Alan, de 23 años, murió y su novia resultó herida de bala. El joven perdió la vida de la manera más injusta: cuando elementos de la Sedena perseguían a presuntos delincuentes. El hecho causó indignación y reavivó el debate sobre los operativos en zonas urbanas, donde los ciudadanos temen ser víctimas colaterales.

Nicholette

Otro hecho muy mediático fue el secuestro de la influenciadora Nicholette. El caso quedó registrado en video el 20 de enero, cuando fue interceptada por civiles armados que la obligaron a descender de su camioneta Tesla Cybertruck. La búsqueda para dar con su paradero fue exhaustiva, ya que Estados Unidos exigió información de la joven. Recuerdo que ese día hubo mucha vigilancia: retenes que dejaban un solo carril y helicópteros sobrevolando bajo. En redes sociales comenzó a circular un video donde la influenciadora, presuntamente obligada, daba un mensaje. Por fortuna la encontraron viva el 24 de enero. Sin embargo, miles de personas siguen desaparecidas y familiares exigen una búsqueda igual de exhaustiva que en el caso de Nicholette, donde al parecer influyó la presión de Estados Unidos.

Balaceras

Soy afortunado y también trato de ser precavido. Desde que comenzó todo esto sólo salgo lo necesario, trato de continuar con mi vida. Siempre temo que me pase algo a mí, a mi familia o a mis amigos. Pienso mucho en el caso de un compañero que secuestraron al comienzo de esta guerra y que hasta el momento no ha sido localizado.

He oído balaceras. Amigos me han dicho que les robaron los carros. He escuchado historias de extorsiones por llamadas telefónicas. Siempre que veo una motocicleta o un carro polarizado es inevitable ponerme paranoico.

Una tarde estaba en el gimnasio haciendo cardio en la caminadora y, de repente, un joven me apagó la máquina y nos dijo a todos que nos moviéramos. Yo no escuché los balazos porque traía audífonos: justo enfrente habían baleado unos vehículos. Ahora pienso que ni siquiera puedo disfrutar de la música porque no se puede bajar la guardia en ningún momento. También pienso en el uso de drones bomba. Se han registrado casos de ataques a distancia y, en una ocasión, en el lugar donde trabajo hubo amenazas de un atentado.

Tengo miedo. No sólo por lo que me pase a mí, sino por los demás. Tengo miedo de que me pase algo y eso arruine la vida de mi familia; de desaparecer y que mis seres queridos ya no tengan paz; de ser parte de una estadística más; de ser una carpeta de investigación más mencionada en la mañanera.

También pienso mucho en mis amigos, conocidos y compañeros. Escucho cada historia porque todos tenemos algo que contar de lo que ha pasado en Culiacán: ver cómo balean un lugar, quedar en una balacera, presenciar que levanten a alguien o simplemente vivir un momento de terror por la paranoia.

La violencia ya no impresiona

La mañana del sábado 26 de enero abandonaron un cuerpo, pero la víctima no tenía rostro; lo dejaron a un lado, como un mensaje gráfico de extrema violencia. Siempre recuerdo una frase: la maldad no tiene límites para la creatividad. Desde que todo esto comenzó, la violencia se usa como intimidación. Como aquella noticia que dio la vuelta al mundo de una camioneta con varios cuerpos dentro y un mensaje; o los desmembrados en hieleras, incluso dejaron uno dentro de una caja de regalo.

Ataque a Sergio Torres

El 28 de enero de 2026 ocurrió un atentado contra el diputado local de Movimiento Ciudadano Sergio Torres Félix y la diputada Elizabeth Montoya. Torres es recordado por su etapa como alcalde de Culiacán, cuando colocó los famosos “Morrines”, muñecos de color blanco que formaban parte de una campaña por recuperar los valores en aquella ciudad. Una decisión polémica porque muchos la consideraron un gasto innecesario en lugar de invertir en calles o iluminación. El ataque ocurrió en una zona transitada de Culiacán, donde normalmente hay elementos de seguridad cada ciertos metros. Pero esa vez los agresores huyeron con rumbo desconocido luego de robar un vehículo repartidor de pan. Después del ataque se desplegó un fuerte operativo, ya que el diputado de Movimiento Ciudadano se encontraba entre la vida y la muerte.

Este hecho recordó el misterioso asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, presidente del Partido Sinaloense, quien fue asesinado el mismo día que detuvieron al Mayo Zambada, lo que alimenta teorías sobre la relación entre política y narcotráfico.

Culiacán es una jaula y nos dejaron encerrados con leones

En medio de este largo Culiacanazo siempre he tenido miedo de vivir una emergencia. Y, por desgracia, me tocó. Tuve que recorrer la ciudad cerca de la medianoche, pasando semáforos en rojo para llegar a la Cruz Roja lo más rápido posible. Causé alarma ante autoridades o delincuentes sólo por tener una urgencia. Era doble presión.

Veía soldados y Guardia Nacional. Tenía el estrés de la emergencia y el miedo de que me dispararan porque necesitaba llegar con un médico.

Mientras manejaba, sin ver a nadie en las calles, pensaba que no sabía si tenerle más miedo a la noche o al silencio.

Trato de ser optimista, pero han pasado semanas, meses, casi un año de este Culiacanazo. No me imagino el futuro de Culiacán. El Culiacán que extraño ya no existe.

Me pongo a meditar. Pienso que aunque agarren a los jefes esto continuará. Sólo habrá paz cuando uno de los dos extermine al otro, pero será una paz ilusoria.

 

Carlos Narvaes

Periodista


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