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EL ABORTO A LA DERECHA

POR JORGE JAVIER ROMERO

Detrás de la discusión en torno a la legalidad o ilegalidad del aborto está la necesidad de confiar  en un orden jurídico laico, neutral y ajeno a la moral como toma de postura individual. Cuando se trata de eso, de la moral, el Estado debe mantenerse al margen, sin caer en la tentación de empuñar el rifle sanitario.

El  tema del aborto, que se había convertido en un asunto marginal de la discusión nacional durante años, ha recuperado peso en los últimos meses. Durante la campaña electoral, Democracia Social, desde la izquierda, insistió en que era necesario avanzar en una nueva regulación que despenalizara la interrupción voluntaria del embarazo, tanto por razones de salud como por consideraciones relativas al derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Entonces hubo quienes dijeron que el país no estaba preparado para esa discusión, que el asunto quitaría votos, que los temas centrales eran otros.

Después, la decisión de la mayoría panista del Congreso de Guanajuato de reformar la ley para penalizar el abono aun en casos de violación puso de nuevo el asunto en el centro de la atención. La discusión que se ha abierto ha demostrado que buena parte de la sociedad mexicana no sólo estaba preparada para esa discusión, sino que era necesaria, ya que la naciente democracia está llevando a que se desvelen todas las cuestiones que el autoritarismo priista guardó en el sótano: no se despenalizaba el abono, pero tampoco se castigaba a nadie por practicarlo. Como en todo, los que han pagado los platos rotos son aquellos grupos sociales con menores recursos para evadir cómodamente la ley.

No quiero repetir argumentos a favor de la despenalización del aborto, ni volver a la discusión que ya se ha dado en la prensa sobre el tema. Quiero, en cambio, abordar una serie de cuestiones colaterales sobre las que es importante llamar la atención.

La primera es que en torno a asuntos como el del aborto se dan —hoy, en los tiempos de la pretendida muerte de las ideologías— las diferencias entre izquierdas y derechas. Mientras que las derechas suelen ser bastante propensas a tratar de convertir sus particulares creencias morales y religiosas en normas generales, las izquierdas modernas defienden de mejor manera los principios liberales que permiten la convivencia de distintas formas de entender la vida, la moral o la sexualidad que de hecho existen en las sociedades urbanas, alejadas de la unicidad moral del orden rural o de las sociedades tradicionales. En pocas palabras, las derechas tienden a creer que saben cómo deben vivir los demás y les gustaría imponer esa visión, aunque no siempre puedan hacerlo, gracias a las resistencias de la propia sociedad heterogénea.

No es casual que los diputados de Guanajuato hayan hecho la reforma en estos tiempos: es el momento de hacer demostraciones de fuerza, pues su candidato ha ganado. Lo mismo han pensado personeros de la Iglesia católica que se han dedicado a hacer declaraciones que encierran la contradicción de que, a un tiempo, defienden la vida y están a favor de la pena de muerte; también ven así las cosas los grupos ultraconservadores que destruyen cuadros y toda expresión que atenta contra sus púdicas conciencias. Ellos votaron por Fox para que ya en el poder defendiera sus valores.

No nada más para sacar al PRI de Los Pinos, como, con bastante ingenuidad. lo hicieron los oposicionistas de izquierda, incapaces de medir el auténtico significado del triunfo de la derecha, aun en condiciones de moderación democrática.

Así. y tal vez para sorpresa de todos aquellos que piensan que con el triunfo de Fox la construcción democrática está completa, aparece en toda su complejidad el tan llevado y traído tema de la laicidad del Estado. Por lo común, en México sólo se habla de Estado laico cuando se trata de la educación; sin embargo, precisamente en una cuestión como la del aborto es donde se hace más que necesario el desarrollo de un orden jurídico laico, neutral en cuanto se trate a posiciones religiosas o morales. Detrás de la discusión en torno a la legalidad del aborto está, sobre todo, el enfrentamiento de concepciones distintas sobre el momento en que empieza la vida humana. Aquellos que defienden el derecho a la vida desde el momento de la concepción están defendiendo una idea de origen religioso que no es compartida por quienes entienden la vida humana no como surgida del alma insuflada por dios, sino como un producto de la actividad cerebral. Frente a esta controversia, irresoluble de cualquier otra manera, el Estado debe legislar de tal manera que no tome partido por ninguno de los dos puntos de vista. Si la ley permite el aborto durante las primeras doce semanas del embarazo, lo que hace es permitir la libertad de elección; los derechos de aquellos que se oponen al aborto quedan a salvo desde el momento que nadie obliga a ninguna mujer a abortar y la iglesia o los grupos pro vida pueden tratar de influir en la decisión a través de la convicción de aquellos sobre los que tengan influencia. Cuando se trata de una despenalización basada en una serie de causales, entonces también la decisión queda en la madre; incluso una mujer violada puede decidir si tiene al hijo producto de la agresión, si así lo considera de acuerdo a sus convicciones. Lo que no puede hacer un Estado moderno es obligar a que una mujer ultrajada tenga que conservar el producto de un delito. Esa sí es una agresión contra la vida humana.

Pero al final de cuentas, lo más grave, lo que en última instancia ataca más profundamente la convivencia de los mexicanos, es el hecho de que quizá la reforma en Guanajuato se mantenga vigente, pero nadie meta a la cárcel a las mujeres que aborten, porque en México el Estado de derecho sigue siendo una entelequia: se puede usar una modificación legal sólo para medir la relación de fuerzas políticas, no para que tenga valor jurídico. Fox nos habló toda la campaña de Estado de derecho. ¿Está dispuesto a meter a la cárcel a casi un millón de mujeres que abortan cada año? Evidentemente no, así que en este asunto, como en muchos otros, la ambigüedad seguirá siendo fuente de incertidumbres e injusticias,             n

Jorge Javier Romero. Politòlogo. Profesor de la UAM-Xochimilco.