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La última obsesión de Kubrick

Por Julio Cortés

La última película ele Stanley Kubrick, Eyes Wide Shut, se estrenará en México muy pronto. Y todo indica que podremos verla sin censura.

Con 46 años de carrera y 13 largometrajes, el estilo cinematográfico de Stanley Kubrick revolucionó todos los géneros. Sus películas se basaron en un tema central: el conflicto del hombre ante la posibilidad de ser absorbido por las estructuras creadas por su propia sociedad, pasando por una descendente pérdida de ilusiones ante la realidad, para salir transformado con la visión de sus deseos y anhelos originales como algo irrecuperable.

Todo eso ha estado ahí, en Espartaco, en 2001, en Naranja Mecánica, y ahora en Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados), el último filme de su carrera, que desde mucho antes de su muerte, el pasado marzo, ya era objeto de polémica. Tras su estreno en Estados Unidos —el 16 de julio—, se exhibe en dos versiones: una suavizada por la productora y otra totalmente explícita, que afortunadamente será la que veremos en México.

El fallecimiento del director neoyorkino originó que la película se publicitara en exceso, a tal grado que la pareja de actores principales, Tom Cruise y Nicole Kidman, declaró que la persona que se atreviera a alterar la visión de Kubrick tendría que pasar sobre sus cadáveres.

Ojos bien cerrados es una adaptación hecha por Kubrick y Frederic Raphael de la novela Traumnovelle (Historia de sueños), escrita por Arthur Schnitzler y publicada en 1926. Es la historia de un médico, William Harford (Cruise), y su esposa Alice (Kidman), quienes experimentan una creciente inquietud sexual. Es a partir de una noche, durante una fiesta, donde la pareja comienza a involucrarse en idilios peligrosos; posteriormente, Alice le echa en cara a su marido los múltiples amoríos que ha experimentado con sus pacientes, y le menciona que miró con deseo a un oficial de marina en un muelle días antes. Poco después, William se obsesiona con una imagen constante en sus sueños: la de su esposa haciendo el amor con el marino. Reconciliaciones y venganzas se mezclan hasta llegar a la escena climática del filme, en donde William consigue entrar a una orgía secreta.

Las obsesiones de Kubrick en aras de la perfección —como las decenas de tomas para una escena, un lujo muy caro tratado también por William Wyler— pasan a ser la principal herramienta para su narrativa, que nunca admite el más mínimo toque de melodrama. El aspecto principal de todos los filmes de Kubrick —la deshumanización— está presente en Ojos bien cerrados. El realizador afirmaba que era más interesante adaptar obras literarias —tan inquietantes como The Short Timers, de Gustav Hasford, para Cara de Guerra—, de manera que fuera el público el que eligiera la manera de interpretar sus filmes, pero que aun así, en el fondo, llegaran al mismo punto. Para Kubrick el cine como forma pura de entretenimiento simplemente nunca existió.

Habrá que ver qué tan perfecto quedó el producto, que sin duda romperá el récord de la película clasificación X que más dinero recaude en el mundo. Que recuerde, el público esperó mucho Cara de guerra y El resplandor. Aunque no dude de la maestría de Kubrick, el sexo es lo que venderá, y sólo de eso se ha hablado en los medios de principio a fin, cosa que Kubrick odiaría. Irónicamente, tener los ojos bien abiertos será la mejor forma de ser un buen juez.   n

Julio Cortés. Crítico de cine. Colaborador de La Crónica.