Desde siempre tuvo los ojos grandes y desde que la recuerdo estoy abrazándola. Verónica es un año menor que yo, pero sin duda es mi hermana mayor. Todo lo suyo y todo lo que toca termina por convertirse en testimonio del bien. Y yo, que sólo sé contar lo que miro, oigo sus historias y la veo vivirlas mientras me cobijo en la admiración que me provoca.
Yo fui una niña dócil y memoriosa, ella era tan audaz y hundida con fiereza en el presente como es ahora. La he visto transformar tanto el mundo con su puro discurrir en él que acudo a quien es cuando quiero seguir caminando.
Mientras yo evoco, ella convoca y actúa como si no fuera por su causa que las violetas florecen y el lago de nuestra infancia, a punto de desaparecer carcomido por la ciudad, se convierte en un parque rodeando una laguna viva.
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