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El hecho de que el presidente convoque a todos los sectores para lograr por consenso una política económica de Estado (PEE) implica reconocer que, durante las últimas décadas, se han aplicado proyectos sexenales de economía planificada centralmente. Esta iniciativa no estaba prevista en la campaña electoral de 1994. Tampoco surge antes de las elecciones pasadas; entonces, ¿qué motivó al ejecutivo a plantear esta propuesta de política económica?

Según la Constitución contamos ya con un proyecto económico de nación; sin embargo, su contexto es el sistema presidencialista. Los cambios mundiales en la última década y la apertura económica de nuestro país han hecho replantear el papel del Estado en la economía mexicana. La reforma que otorga mayor autonomía al Banco de México se acerca a una PEE; sin embargo, tal autonomía resulta incompleta porque la política cambiaria es determinada aún por la SHCP. Por esa misma vía vino el «error de diciembre». Si el Banco de México realmente fuese un organismo autónomo, la obsesión salinista por mantener una inflación baja a costa de un peso sobrevaluado, difícilmente se hubiera logrado. En este sentido, el salinismo nunca fue un proyecto económico de Estado.

Si el presidente quiere implantar una PEE, deberá mostrar acciones claras, y no sólo dejarla en una invitación por consenso al bloque opositor. Es como si un capitán invitara a todos a una fiesta en su barco; si el rumbo del barco se dirige a un iceberg, todos, por consenso, podríamos decidir si nos hundimos con el barco y se acabó la fiesta de la PEE, o lo contrario: si decidimos hacer que el capitán cambie el rumbo.