Siete años después de naufragar en la costa de Florida en 1528, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y los tres últimos sobrevivientes de una expedición que inició con más de trescientos hombres, se toparon al fin con “el camino del maíz”. Habían andado más de mil kilómetros a través de Texas, Coahuila y Nuevo México, en ocasiones nutriéndose de raíces y cortezas, antes de encontrarse con los pueblos sedentarios establecidos en la parte central de Sonora donde los recibieron con maíz, frijoles y calabazas. En el maravilloso relato de sus Naufragios, Cabeza de Vaca habla de un sitio particular donde les ofrecieron adornos hechos de coral y turquesas, y nada menos que “seiscientos corazones de venado abiertos, de que ellos tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento”.
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.