Magia: como por arte de ciencia

“En ausencia de un profesor que me instruyera, me vi obligado a crear los principios de la ciencia que deseaba estudiar…”, confiesa en sus Memorias de 1859 Jean Eugène Robert-Houdin, considerado el padre de la magia moderna. Nos referimos, claro está, a la magia escénica: la única por la cual pagamos a sabiendas de que queremos ser engañados por lo que vemos —o creemos ver— durante el espectáculo, al ilusionismo que juega con nuestra mente, y no a los encantamientos policromos que colorean los mundos de la ficción.

No debe extrañarnos que Robert-Houdin considere una ciencia a lo que suele ser visto como un arte —más próximo a la actuación y al teatro que a la investigación y el laboratorio—, y que en su autobiografía o en libros como Secretos de la prestidigitación y la magia. O cómo convertirse en un hechicero acostumbre llamar experimentos a los trucos de su autoría. Para que haya magia en el escenario, el mago debe manipular aquello a lo que prestamos atención, junto con lo que percibimos e, inclusive, la forma en que nuestro cerebro procesa lo que está presenciando.

Este artículo está disponible sólo para suscriptores

Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.

Suscríbete

 

Suscripción Plus

Suscripción plus
(impresa y digital)

1 año por $ 799 MXN

Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío

 

Suscripción Digital

Suscripción digital

1 año por $ 399 MXN

Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales

Suscríbete

¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?

Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.