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Ulises Beltrán. Asesor Técnico del Presidente de la República. Alejandro Cruz. Estuvo a cargo de la sección zona de encuestas que nexos ofreció a sus lectores en los meses previos a las elecciones del seis de julio.

En abril de 1995 las encuestas no dudaban en señalar que Jacques Chirac saldría victorioso en la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales en Francia. En vísperas de los comicios de marzo de1996 en España, el Partido Popular y su líder, José María Aznar, lucían confiados en lograr una ventaja amplia sobre el partido de Felipe González, delantera dada por prácticamente todos los sondeos previos. A la hora de las urnas, Chirac fue desplazado por el socialista Jospin y el PP español apenas superó al PSOE, resultado que limitó seriamente su capacidad de formar una coalición sólida de gobierno. Una vez más, la credibilidad de las encuestas fue puesta en entredicho, pues en países en que su uso es cosa común, la falta de tino derivó en estrategias de campaña erróneas y en consejos financieros equivocados de consultorías económicas. 

En México, las encuestas situaban correctamente al PRI a la cabeza para la elección federal del 6 de julio, y la mayoría de ellas consideraba difícil que alcanzara la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. En efecto, así sucedió y sirvió para dar la razón a los estrategas de los partidos que confiaron en ellas. Por eso, la mayoría de las agencias que levantaron encuestas alcanzaron niveles de precisión que compiten muy exitosamente con los de democracias occidentales que han tenido elecciones recientemente. Es un resultado que destaca aún más por darse en un país donde los estudios de opinión en materia electoral siempre habían sido un instrumento accesorio frecuentemente afectado por la sombra de la suspicacia.

En general, en las democracias industrializadas los márgenes de error de las encuestas son razonablemente bajos. Así, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 1995 en Francia, así como en los últimos comicios nacionales celebrados en Estados Unidos (1996), España (1996) y Gran Bretaña (1997) se registraron niveles de precisión con sólo 3 puntos de error promedio en los pronósticos de voto para las tres primeras fuerzas y el conjunto de los restantes partidos. Si sólo se considera el promedio de error para el cálculo de las dos primeras fuerzas, en los sondeos estadunidenses y británicos fue de 3 puntos, mientras en los sondeos españoles y franceses se situó en 4.1

Comparada con lo registrado en esas naciones desarrolladas, la precisión de los pronósticos en la última elección en México también resulta destacada. En la predicción para la elección federal, el conjunto de agencias que publicaron encuestas en junio (expuestas por Nexos en su número de agosto)2 tuvo un error promedio similar al observado en los países arriba mencionados: 3 puntos en el pronóstico para el PRI, PAN, PRD y el agregado de los demás partidos, así como 4 puntos para el cálculo sólo de las dos principales fuerzas. Sin embargo, el grado de exactitud logrado en México no debe servir para pasar por alto aquellos datos en los que hubo mayor discrepancia respecto del resultado oficial. Salvo una encuesta, en la elección federal se tendió a sobrestimar la fuerza del PAN, por lo que para algunos pudo resultar algo inesperado el virtual empate que se dio entre esa fuerza y el PRD en el segundo lugar. Dos agencias señalaron la posibilidad de que el PAN alcanzara al PRI (Alduncin y Asociados, CEO de la Universidad de Guadalajara) y deben de revisar seriamente lo que pasó. Por otra parte, dado el nivel de competencia que se ha alcanzado, las empresas de investigación de la opinión pública van a necesitar afinar sus instrumentos para poder captar mejor la fuerza de los partidos pequeños, así como para poder pronosticar la composición del Congreso. Claro está, no cualquiera puede levantar encuestas nacionales con un alto nivel de precisión dado lo costoso de la inversión. Por ello, debe reconocerse a las agencias que se esforzaron por levantar varias encuestas como fueron los casos de Reforma-El Norte, Consulta y CEO.

Niveles bajos de error pueden ser aceptables siempre y cuando impliquen también un pronóstico acertado de las posiciones finales entre los partidos. En Estados Unidos no causaron mayor problema porque siempre se acertó en señalar la delantera de Clinton, aún cuando se tendió a subestimar ligeramente la fuerza del republicano Robert Dole. En Gran Bretaña tampoco se alteró el escenario electoral final el primero de mayo pasado con el triunfo de Tony Blair, a pesar de que hubo inclinación a otorgarle una fuerza algo más arrolladora a los laboristas de la que tuvieron. Pero los británicos ya habían sido testigos en 1992 de un sonoro fracaso de los sondeos electorales cuando fallaron en anticipar la reelección del conservador John Major. Ni qué decir de los ya referidos casos de España y Francia, que resultaron en escándalos cuando se conocieron finalmente los resultados de la votación. Los márgenes de imprecisión registrados en México podrían causar lecturas equivocadas pues, como pasó en Francia y España, pueden indicar un escenario muy cerrado o una ventaja holgada. En la contienda mexicana efectivamente podían modificar las posiciones de los partidos. En cualquier caso, siempre hubo encuestas de agencias reconocidas y con amplia difusión en los medios de comunicación que apuntaron de modo bastante acertado lo que finalmente ocurrió en los comicios de diputados (Consulta, Reforma y Covarrubias).

Con razón científica, las agencias de investigación de la opinión pública frecuentemente argumentan que la imprecisión de algunos resultados es perfectamente válida porque se ubica dentro de los márgenes previstos de error estadístico, por lo cual es injusto culparlas por no haber indicado con exactitud los resultados. El problema es que esas explicaciones son frecuentemente ignoradas por una opinión pública exigente a la que, a veces, hablarle de empates técnicos no es suficiente. Tan sólo pensemos que noticieros y periódicos compiten por decir quién va a ganar, por lo que anunciar que es imposible predecir al triunfador no es una buena noticia. Pongamos el ejemplo del caso francés de 1995: las encuestas ciertamente no daban una ventaja de más de 5 puntos a Chirac en la primera vuelta, pero eso no sirvió mucho de perdón para los encuestadores frente a la ciudadanía y los medios de comunicación cuando Jospin resultó en primera posición. Por eso mismo, el buen desempeño que se tuvo en la reciente elección mexicana no debe llevar a la complacencia porque todo indica que los comicios pueden volverse sumamente cerrados a nivel nacional en el futuro próximo. Si en una elección como la del 6 de julio algunas agencias ubicaron la ventaja del PRI respecto del PAN en no más de 2 puntos cuando en realidad fue de alrededor de 12, imaginemos lo que puede ocurrir cuando las contiendas se diriman por unos cuantos puntos.

No está por demás tratar de aprender de las experiencias fallidas para evitarlas. Cuando en países como Francia y España las encuestas han dejado bastante que desear se han dado argumentos de la más diversa clase. Por ejemplo, en ocasiones se ha mencionado que las agencias ajustaron sin mucho tino los resultados de sus estudios al tratar de asignar a los indecisos o porque consideraron que las intenciones expresadas por un segmento de posibles votantes no eran tan ciertas. También se ha afirmado que hubo un cambio de última hora en las preferencias electorales de una parte de la población, por lo cual se remarca con verdad que toda encuesta sólo refleja el momento en que fue efectuada. Este razonamiento es muy convincente, excepto cuando varios sondeos son levantados al mismo tiempo, pero con resultados distintos, lo cual ocurre con suma frecuencia. Otra explicación se basa en los efectos de los niveles de participación pues algunos consideran que ciertos partidos se benefician del abstencionismo. No faltan tampoco los sesgos propios de las empresas encuestadoras (por ejemplo, en España llegó a hablarse de la inclinación de las agencias situadas en Madrid a reflejar nacionalmente lo que pasaba en esa ciudad). Finalmente, existen limitaciones económicas y operativas que también han sido apuntadas: el costo de las encuestas lleva a buscar cómo abaratarlas con riesgo de disminuir la calidad y precisión.

1 Estos cálculos fueron realizados a partir de las siguientes fuentes: comparativo de encuestas en EU (ABC News, CNN / USA Today / Gallup, Harris, NBC / Wall Street Journal, New York Times / CBS News, Pew Research Center y Reuters / Zogby, levantadas entre el 31 de octubre y el 4 de noviembre de 1996) publicado en Michael Kagay: «Experts say refinements are needed in the polls», New York Times, diciembre 15 de 1996; el sondeo de Gallup y el comparativo de encuestas españolas (El Periódico, El País, La Vanguardia, El Mundo y ABC), aparecidos en El País, 6 y 10 de marzo de 1996, respectivamente; últimas encuestas de BVA y Sofres en Francia expuestas en «The French Presidential vote: what happened?, The Public Perspective, junio / julio de 1995, p. 54; y el «poll de polls», agregado de las encuestas de MORI, ICM, NOP y Gallup en Gran Bretaña, publicado por The Economist, abril 26 de 1997.

2 Cálculo a partir de los datos señalados en «Quién fue quién en las encuestas preelectorales», Nexos 236, agosto de 1997.